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Las cifras anteriores son suficientemente autoexplicativas en cuanto a los esfuerzos
necesarios. Por tanto, Bali significa un importante paso hacia delante en el consenso
internacional para la puesta en marcha de medidas de reducción de emisiones que
permitan invertir la tendencia actual y las previsiones de crecimiento.
En este contexto, la energía juega y jugará un papel esencial. Según las proyecciones
de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el escenario actual de evolución
derivaría en emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial de 42
Gigatoneladas de carbono en el año 2030 (ver figura adjunta). Dicho nivel de
emisiones comportaría a su vez un aumento global medio de la temperatura de 6ºC,
triplicando el máximo razonable establecido por el IPCC.
Para poder acanzar un nivel de emisiones que permita limitar la concentración de
gases de efecto invernadero en la atmósfera en 450 partes por millón sería necesario
reducir las emisiones hasta un máximo anual de 23 Gigatoneladas de carbono.
Las opciones tecnológicas en el ámbito de la energía se reflejan en la figura 1.,
en las cuales cabe destacarse el importante papel de la eficiencia energética, las
energías renovables y la captura y secuestro de carbono.
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FIGURA 1 |
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