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S.O.S Costas Españolas
Introducción
Problematica de las costas
Cambio climático
Propuesta del Ministerio
Desarrollo de la estrategia
 El litoral español lucha por mantener su biodiversidad a pesar de la masificación,
 la insostenibilidad, los vertidos y la mala depuración de las aguas. ¡S.O.S. !
Edición Especial diciembre 2007  


La costa española se enfrenta actualmente a un gran número de problemas, pese a constituir un activo importantísimo para la economía y al elevado valor ambiental de los ecosistemas que alberga. Dichos problemas, en su mayor parte, derivan de un modelo de desarrollo basado en la promoción intensa de la ocupación costera por construcciones e infraestructuras ligadas al turismo de “sol y playa”, una modalidad turística predominante en nuestro país.

Viviendas en construcción en
la bahía de hornillos, Murcia.
Foto: Greenpeace

Masificación

Según datos del Ministerio de Medio Ambiente, el 44% de la población española se aglomera en tan sólo el 7% del territorio que representan los municipios costeros. Esta gran concentración humana llega a triplicarse durante el verano, al elegir la costa para sus vacaciones prácticamente el 80% de los casi 60 millones de turistas que nos visitan al año.

En algunas comunidades, más del 75% de los terrenos colindantes al mar son urbanos o urbanizables, una situación especialmente dramática en el arco mediterráneo, donde un 60% de los mismos están ya construidos.

Uso insostenible de recursos

Tal afluencia de visitantes origina una enorme presión sobre recursos limitados, como el suelo, la energía o el agua. Se da la paradoja de que en buena parte del litoral mediterráneo español, en particular en Alicante, Murcia y Almería, con condiciones climáticas semiáridas, se concentra, además de buena parte del turismo de sol y playa que acude a nuestro país, la mayor parte de cultivos intensivos, con miles de hectáreas de regadío, principales consumidores de agua.

La escasez de suelo se hace palpable en numerosas promociones urbanísticas que, habiendo agotado las reservas de suelo, ofrecen ya “magníficas viviendas” en tercera o cuarta línea de playa, y que se esparcen desordenadamente cada vez más tierra adentro, ocupando usos tradicionales, como cultivos, y zonas naturales.

Infraestructuras 

A la destrucción directa de hábitats que originan las infraestructuras costeras, como carreteras, puertos comerciales, deportivos o espigones, hay que añadir la interrupción de flujos clave en el funcionamiento de los ecosistemas que éstas provocan, como el transporte y sedimentación de arenas.

La desaparición de muchos kilómetros de playas mediterráneas por la ausencia de aporte de sedimentos constituye un excelente ejemplo de tales efectos, con repercusiones muy costosas económica y ambientalmente en regeneración de las playas afectadas.

Lluvias torrenciales
sobre la costa mediterránea
Foto: Cordon Press

Desastres naturales

Otros casos ejemplifican, además de los impactos sobre el medio ambiente, los daños económicos y humanos de la falta absoluta de criterio en la urbanización de la costa, conducentes a agravar los efectos de fenómenos naturales, convirtiéndolos en verdaderas catástrofes.

Uno de ellos lo constituyen los estragos causados el pasado mes de octubre por el desbordamiento de varios ríos y ramblas alicantinos donde, según el geógrafo Enrique Moltó, del Instituto de Geografía de la Universidad de Alicante (UA), la «mala» ordenación del territorio y la suciedad acumulada en los cauces de los ríos de la Marina Alta y Baixa fueron dos factores «clave» en la gravedad de las inundaciones que se registraron en la Marina. En estas terribles inundaciones hubo que lamentar, además de cuantiosos daños materiales, la muerte de dos personas.

Los vertidos de las desaladoras

Según el informe de Greenpeace sobre la situación de nuestras costas, las plantas desaladoras son una fuente de impactos negativos. Afirman que el Ministerio de Medio Ambiente está inmerso en una carrera desbocada con el único objetivo de ofrecer agua a todos los desarrollos urbanísticos que se concentran en el litoral mediterráneo especialmente y, en tal empeño, ha olvidado hacer su trabajo principal, la protección del medio costero y marino.

Uno de los mayores impactos de las plantas desalinizadoras o desaladoras que denuncia esta ONG es el provocado por el vertido de los restos derivados del proceso de desalación, la llamada salmuera, cuyo alto contenido en sal y en compuestos químicos tiene un efecto desastroso sobre las ya de por sí amenazadas praderas de Posidonia oceánica, que tantos beneficios aportan al ecosistema mediterráneo. Entre éstos destaca el ser escogida por miles de especies de plantas y animales como lugar para reproducirse y alimentarse, absorber dióxido de carbono (CO2 ), uno de los gases responsables del cambio climático, liberar oxígeno a la atmósfera y actuar como un elemento fundamental para frenar la erosión costera.

La mala depuración de las aguas

El informe de Greenpeace también denuncia que el 75% de la contaminación presente en el mar procede de tierra. Los retrasos en los planes de saneamiento y depuración de aguas residuales en el litoral son alarmantes y todavía hay ciudades de gran tamaño, como A Coruña o Algeciras que no disponen de tratamientos adecuados para sus aguas residuales. Andalucía, Galicia y Canarias ocupan el farolillo rojo de la lucha contra la contaminación.

En total son 800 los municipios españoles que incumplen la normativa vigente sobre depuración de aguas y vertidos, lo que obliga al Gobierno español a negociar con Bruselas moratorias en la aplicación de sanciones y retiradas de expedientes por los vertidos contaminantes que arrojamos a diario al mar.

Pérdida de naturalidad y singularidad del territorio
 

Tal grado de “artificialización” de la costa por construcciones e infraestructuras de todo tipo ha originado una pérdida, en muchos casos irreparable, de ecosistemas de gran valor, como dunas, humedales costeros o praderas submarinas de Posidonia.

Pese a que actualmente el 30% de la costa española está protegida, estos espacios se encuentran cada vez más aislados entre sí por infraestructuras y construcciones, lo cual compromete muy seriamente su papel como “guardianes” de la diversidad biológica. A su vez, y como se ha comentado, los flujos de materia y energía de los cuales depende el funcionamiento de estos ecosistemas se encuentran a menudo interrumpidos o perturbados, lo cual puede conllevar la degradación absoluta de tales espacios.

El “modelo” de desarrollo imperante en la costa española ha supuesto una ocupación del primer kilómetro de costa desconocido en la Historia, con expansiones urbanas indiferenciadas que penetran cada vez más tierra adentro y que “comienzan a entrar en contradicción con las nuevas tendencias de la demanda turística, a la par que empiezan a superar la capacidad de carga del territorio”, según el Ministerio de Medio Ambiente.

Si se quiere competir con mercados turísticos en auge como los de Turquía o Croacia es necesario un cambio drástico en el modelo turístico que provea de valor añadido al producto español a través de medidas de excelencia ambiental, con especial incidencia en las construcciones y los diseños urbanos, y de promoción de la cultura y de los productos locales.

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Cristina Martín
David Rodriguez

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