| En
el interior de la tierra existe un gran almacén de energía
calorífica que, de forma natural, se transmite directamente a la
superficie terrestre a través de erupciones volcánicas,
geiseres, manantiales de agua caliente, fumarolas, etc. o, indirectamente
a través de seismos y otros fenómenos similares. Según
estudios realizados en Estados Unidos, un volúmen de 520.000 millones
de metros cúbicos de roca subterránea, a una temperatura
de varios cientos de grados, contiene tanta energía como la empleada
en todo el mundo a lo largo de un año, pero, por ahora, su aprovechamiento
como fuente de energía eléctrica tan solo supone el 0,25%
del total consumido en todo el planeta.
Esta
energía, denominada geotérmica, se libera en el proceso
de descomposición de los isótopos radiactivos presentes
en las zonas internas de la Tierra, llegando a alcanzar temperaturas superiores
a los 500ºC. Todo esto se produce principalmente en zonas tectónicas
con actividad geológica reciente, o sea, en los últimos
diez o veinte mil años, las cuales se encuentran sobre la llamada
zona de subducción donde la gran placa oceánica de la tierra
y la de la corteza colisionan y se monta una sobre la otra, por ejemplo,
todo el margen del Océano Pacífico desde los Andes hasta
Nueva Zelanda, en centros en expansión donde las placas se están
fragmentando como Islandia, los valles de África, la zona del Atlántico
medio, etc. y los denominados puntos calientes como la cadena de las Islas
Hawai.
Fue
a comienzos del siglo XX, en Larderello (Italia) cuando la ciencia fue
capaz de aprovechar por primera vez este calor desprendido por la tierra
para obtener energía eléctrica. Actualmente, tal y como
se muestra en la tabla adjunta, muchos países cuentan con centrales
geotérmicas que, de una forma u otra, aprovechan este tipo de energía,
considerada como una fuente renovable, limpia, fiable, casi ilimitada,
invulnerable a las sequías y con bajo nivel de contaminación,
convirtiéndose en una alternativa a la energía térmica
o nuclear. Básicamente, el aprovechamiento energético consiste
en la extracción de calor en forma de líquido o vapor a
elevadas temperaturas a través de pozos perforados al efecto, para
la posterior obtención de un vapor a presión que mueve un
alternador que genera una corriente eléctrica.
|
|
|
Existen tres tipos de campos geotérmicos caracterizados por la
temperatura de salida del agua; alta, media o baja. En el primer caso
existe una fuente de calor magmático a profundidades de entre 3
y 10 kilómetros a 500-600ºC y un acuífero de permeabilidad
elevada ente 300 y 2.000 metros de profundidad. De este modo se extrae
vapor entre 150 y 400ºC que se introduce directamente en las turbinas.
La
extracción de fluidos (vapor y liquido) a media temperatura (70
y 150ºC) obtiene un rendimiento menor. Precisa como intermediario
un fluido volátil que active el alternador. Estas condiciones geotérmicas
se presentan en zonas más amplias que las anteriores; por ejemplo,
en todas las cuencas sedimentarias. Por último, la considerada
baja temperatura (20 y 60ºC) genera una energía térmica
no aprovechable como fuente eléctrica, pero sí como uso
medicinal, agrícola o piscícola, calefacción urbana,
etc.
En
cualquier caso, las centrales geotérmicas obtienen rendimientos
de hasta un 12%, muy bajos en comparación con otro tipo energías,
a pesar de lo cual, resulta más económica por las características
de la fuente. Por el contrario, todavía existen problemas técnicos
que impiden mejorar estos rendimientos, como por ejemplo, la corrosión
sufrida por los materiales utilizados para el sondeo y mantenimiento del
pozo provocada por las sales arrastradas.
Por
otro lado, otro factor a favor de este tipo de energía es el escaso
impacto medioambiental en el entorno, exceptuando las emisiones gaseosas
y las líquidas. Se generan unas vertidos gaseosos a la atmósfera
de baja incidencia en el entorno formadas por gases no condensables arrastrados
por el vapor, compuestos principalmente por dióxido de carbono
y sulfuros de hidrógeno, con trazas de amoníaco, hidrógeno,
nitrógeno, metano, radón y algunas especies volátiles
como boro, arsénico y mercurio, las cuales deberán ser tratadas
antes de su vertido. La contaminación de las aguas superficiales
puede producirse por el vertido o acumulación de fluidos geotérmicos,
que contienen elementos como sodio, potasio, calcio, flúor, magnesio,
silicatos, iodatos, antimonio, estroncio, bicarbonato, boro, litio, arsénico,
sulfuro de hidrógeno, mercurio, rubidio, amoníaco, etc,
contaminantes en distinto grado en un ecosistema acuático. En algunos
casos se aplican tratamientos físico-químicos de depuración,
aunque lo habitual es la reinyección en el subsuelo.
El
mayor impacto suele ser el visual, ya que las plantas geotérmicas
se ubican en campos geotérmicos que suelen coincidir con espacios
de gran valor natural y paisajístico (geiseres, termas, etc).
Por
último y, en mucho menor grado, existe la posibilidad de disminuir
los niveles de agua subterránea, con las consiguientes pérdidas
de presión, hundimientos del terreno, compactación de formaciones
rocosas, etc. Para evitarlo es preciso controlar y mantener la presión
de las reservas de agua.
Actualmente
existen instalados en todo el mundo casi 8.500 MW de potencia, destacando
países como Estados Unidos (2.700 MW), Filipinas (2.000 MW), Japón
(1.000 MW), Italia (430 MW), Francia (330), a los que hay que sumar Nueva
Zelanda, México, Indonesia, Austria, Alemania, Grecia, Portugal,
Suecia, etc. Se estima que en el 2.005, se alcancen los 11.000 MW en todo
el mundo.
Otro
tipo de aprovechamiento energético es el térmico, empleando
la energía geotérmica como fuente calorífica para
usos en calefacción industrial, urbana, agrícola, etc. En
este sentido destacan países como Islandia, que cuenta con la mayor
red del mundo en Rekjvik, Estados Unidos, China Rusia, Japón, Francia,
etc. El sistema se basa en redes centralizadas enterradas abastecidas
por agua a 60-90 ºC que distribuyen el calor hasta los hogares mediante
tuberías aisladas e intercambiadores de calor estratégicamente
ubicados.
En
resumen, la mayoría de la superficie terrestre reposa sobre una
capa de roca líquida capaz de generar más energía
de la que el hombre precisa y, a pesar de que es una alternativa ante
las fuentes de energía convencionales, todavía es imposible
su pleno aprovechamiento, principalmente por factores técnicos.
|
|