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Edición mayo 2003 - La Primera revista on-line de medio ambiente
Vertidos de aguas de la industria del curtido
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La industria del curtido de pieles ha sido siempre considerada como una actividad sucia y contaminante, principalmente por los vertidos de aguas que conlleva y que, históricamente, han acabado en los cauces de los ríos. Por el contrario, en los últimos diez o veinte años, la aplicación de tecnologías limpias y sistemas de recuperación y reciclaje de subproductos está cambiando tanto la imagen como la realidad.

Dentro del sector del cuero y piel se incluyen tanto las empresas que dedican su actividad a la preparación y curtido de pieles, CNAE.: 19.10, como todas aquellos que utilizan productos curtidos para la obtención de sus artículos: marroquinería CNAE.: 19.20), fabricación de calzado CNAE.: 19.30), fabricación de guantes CNAE.: 19.20), etc.

El proceso del curtido empleado actualmente en la mayoría de las instalaciones consiste en someter a las pieles, recibidas en estado salado húmedo o seco, a un tratamiento de desalado, descarnado, remojado, tratado con cal, aireado, fleshing, retirada de cal, lavado y curtido químico basado en el empleo de compuestos de cromo. En todo este proceso se emplean, en uno u otro momento, sustancias como cal, carbonato sódico, cloruro sódico, sulfuro sódico, ácido sulfúrico, sulfato amónico, sulfato de cromo, grasas, alcohol, aceites y tintes, que en mayor o menor medida se incorporan a las aguas residuales, los cuales deben ser retirados antes de su vertido.

En general, los productos contaminantes que arrastra el agua residual, son sales, estiércol y tierra procedentes de pieles sucias, materia orgánica disuelta procedente de grasas, pelo, queratina, restos de carne, piel y proteínas disueltas de los animales, así como restos de productos como curtientes, sintéticos, grasa, colorantes empleados en el curtido, además de sales minerales empleadas en la conservación y curtido.

En cualquier caso, la evolución del sector en los últimos años ha desarrollado el empleo de tecnologías limpias que reducen la contaminación, ahorran agua, reciclan subproductos y mejoran la calidad final del producto.


En la actualidad, las industrias de curtido deben contar con una línea de depuración de aguas residuales, la cual está basada en tres pasos; homogeneización del caudal con dosificación de agentes coagulantes y floculantes, decantación primaria para eliminar sólidos en suspensión y una parte importante de la DQO, seguido de un tratamiento biológico con la posterior decantación secundaria, donde se retira la parte principal de contaminante; DQO y DBO5, o sea, materia orgánica disuelta o en suspensión.

En algunos casos, se completa el proceso con tratamientos terciarios de afino de la DQO final, rectificación del color o eliminación de algún producto residual.

Materias base de la industria


Después de estos tratamientos, las sales permanecen inalteradas y en concentraciones de hasta 8.000 mg/l.

Para el vertido de esta agua se han seguido diversos métodos, siendo el más empleado es el tratamiento conjunto con las aguas residuales urbanas, diluyendo su concentración hasta los límites de vertido.

Los fangos obtenidos de esta depuración, una vez deshidratados en centrífugas o filtros prensa, contienen un 60-70% de materia orgánica, entre un 3-5% de nitrógeno y prácticamente nada de potasio, todo ello sobre la materia seca. Únicamente en el caso de haber recuperado la práctica totalidad del cromo, puede utilizarse como abono agrícola, solo o mezclado con otro tipo de materia orgánica, restos vegetales, etc.

En casos de contenido elevado de cromo en los lodos, las soluciones válidas son el vertido controlado, la combustión o la fabricación de materiales de relleno mezclándolo con arcillas.

Los principales contaminantes que aparecen en estas aguas residuales son sales, materia orgánica, sulfuros, nitrógeno amoniacal o total y, cromo trivalente.

Como para cualquier otro residuo, según la Ley 10/98 de residuos, la prevención y reducción en origen son principios básicos a seguir en la gestión de residuos.

Las sales son difícilmente eliminables. Su mejor tratamiento es la prevención, empleando procesos de conservación de la piel menos contaminantes, como por ejemplo la conservación en frío o el salado por salmorrado. Por el contrario, la materia orgánica es fácilmente retirable en procesos biológicos de depuración.

El nitrógeno amoniacal o total, procedente de la solubilización de las proteínas y de la degradación del pelo. Se retira durante los procesos biológicos, pero se previene su aparición en exceso sustituyendo sales aniónicas en el proceso de desencolado por productos alternativos.

Producto acabado del cuero

Por último, la presencia de cromo, procedente de los baños de curtición, condiciona el destino final de los fangos, por lo que es conveniente reducir las cantidades empleadas para evitar excesos y recuperar los excedentes mediante decantaciones con hidróxido sódico, con la posibilidad de ser tratado posteriormente y recirculado como sal de cromo curtiente.

En cualquier caso, la adaptación de la industria a procesos limpios con reducción de vertidos contaminantes es lenta y paulatina.

Aún hoy en día surgen noticias en los periódicos acerca de casos de contaminación de aguas por este tipo de vertidos. Sirva de ejemplo, según sostiene la Comisión Pro Segura, el vertido anual de 40 Tm de cromo que la industria del curtido de Lorca vierte a distintos puntos de la cuenca o, el reciente cierre impuesto a una empresa en Valtierra (Navarra) por vertidos de aguas con concentraciones de componentes químicos y metales superiores a los máximos permitidos.

Como caso extremo destaca el distrito Indio de Dindigul, en el estado de Tamil Nadu, donde en las últimas décadas se han creado cerca de 90 curtidurías que surgieron en su día como una forma de empleo y desarrollo local. Comenzaron siendo pequeños talleres artesanales, pero al incrementarse la demanda de pieles, las curtidurías emplearon procesos de cromo curtido sin tratamientos posteriores de los vertidos. En consecuencia, en una zona afectada normalmente por sequías, se han sobreexplotado los acuíferos subterráneos, se han contaminado con sales y productos químicos los depósitos superficiales que tradicionalmente se habían empleado para la agricultura y se han salinizado los suelos. En general, se ha degradado de tal modo el entorno que apenas existe agricultura ni pesca y el agua subterránea ya no es potable, lo que parece ser origen de múltiples afecciones a la población.

En conclusión, la aplicación de tecnologías limpias, la gestión encaminada a reducir los posibles focos contaminantes y los procesos que generen la menor contaminación posible del medio y, sobre todo de las aguas, está convirtiendo a la curtiduría de pieles en una industria cada vez menos agresiva con el entorno.

Redacción Ambientum

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