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Hasta no hace muchos años, la eliminación de residuos sólidos en
la mayoría de pequeñas y medianas poblaciones se realizaba en pequeños
vertederos situados normalmente a las afueras de las mismas, donde
se vertía cualquier tipo de residuo sólido domésticos, escombros,
vegetales, etc.
Estas zonas carecían de controles sanitarios; no existía la cubrición
ordinaria de los residuos, ni controles de lixiviados, gases, aguas
superficiales, etc., siendo lugares en continua combustión, sucios,
mal olientes, con presencia de roedores y continuas rebuscas.
En
la actualidad, la tendencia de municipios de pequeño y mediano tamaño
es la de unificar esfuerzos en la gestión de RSU, formando mancomunidades
de municipios, consorcios, etc.. con el objetivo de gestionar correctamente
estos residuos, reduciendo de modo importante los costes de gestión.
Los vertederos "monomunicipales" desaparecen, construyendo centros
o plantas de transferencia y/o tratamiento, con vertederos de apoyo
sanitariamente controlados de gran capacidad.
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Vertedero
incontrolado.
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Este
tipo de vertedero incontrolado presenta importantes impactos ambientales
y sociales en los municipios: presencia de roedores y de insectos,
posibilidad de incendios forestales, degradación de suelos, contaminación
de acuíferos y aguas superficiales, emisión de gases y malos olores,
degradación del paisaje, rechazo social, etc.
Actualmente, los antiguos vertederos, considerados incontrolados,
son sellados
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y
clausurados, eliminando focos de contaminación y suciedad, aprovechándolos
posteriormente para usos de toda índole, o simplemente para su integración
paisajística.
En el año 2000, el Consejo de Ministros aprobó el Plan Nacional
de Residuos Urbanos 2000-2006, el cual permite cumplir con la Directiva
Marco de Residuos de la Unión Europea, así como desarrollar la Ley
de Residuos de 1998. Entre sus objetivos se encuentra la clausura
y sellado de los 3.700 vertederos incontrolados que existen en nuestro
país antes del 2005. Para conseguir este objetivo se estima una
inversión de más de 73.000 millones de pesetas.
El sellado de vertederos incontrolados con las debidas garantías
de control sanitario y medioambiental varía considerablemente según
las características físicas y geológicas del terreno, ubicación
del vertedero y su uso posterior. Básicamente consisten en la limpieza
y desratización del emplazamiento, sellado del vertedero, aplicación
de controles ambientales y reutilización del mismo, todo ello según
las necesidades del emplazamiento.
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