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Hace unos años diez apareció en la mayoría de las ciudades y poblaciones
importantes del país el fenómeno de la botellona durante las noches
de los fines de semana.
Comenzó esta práctica con la costumbre de reunirse a la puerta de
determinados locales y bares nocturnos de los que se extraían los
vasos a la calle. Esto, unido al alto precio de las consumiciones
en algunos locales, fomentó la aparición de botellonas en los lugares
más insospechados; plazas, descampados, jardines, aparcamientos,
etc.
Lo
que antaño surgió como una manera sencilla de entretenimiento se
ha convertido hoy en un problema social importante, de difícil solución,
sobre todo para aquel que lo padece.
La botellona la realiza un grupo de amigos comprando en cualquier
supermercado unas botellas de alguna bebida alcohólica, botellas
de refrescos y hielo. El problema surge de la acumulación de muchos
grupos de jóvenes de juerga en el mismo sitio; rápidamente aparecen
las borracheras y, con ellas los orines, vómitos, griteríos,
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Grupo
de jóvenes en botellona
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altercados,
destrozos en el mobiliario urbano, residuos por doquier, etc.
Esta situación está generando hoy en día un debate social encaminado
a su solución.
Algunos ayuntamientos que han optado por crear actividades de tipo
lúdico, deportivo y/o cultural nocturnas para mantener a la gente
ocupada fuera de las calles y lejos del alcohol, otros simplemente
lo han prohibido, aunque con escaso éxito, mientras que otros
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plantean
lugares acondicionados, botellodromos, apartados de los núcleos
residenciales, con todos los servicios necesarios presentes.
Las soluciones son variadas, pero frente a restricciones en los
horarios de los locales y la aplicación de los reglamentos municipales
en lo que respecta al abandono de residuos y orinar en la vía pública,
así como beber alcohol en la misma, la rápida movilidad de estos
grupos de jóvenes, buscando nuevas zonas de moda, multiplican el
problema.
Mientras
tanto, muchas plazas, calles, etc. de nuestras ciudades amanecen
los sábados y domingos, así como algunos días entre semana, llenos
de basura esparcida por doquier, olores a orines, vómitos repartidos
por las esquinas, etc. Frente a esta situación, los ayuntamientos,
a través de los respectivos servicios de limpieza viaria deben retirar
todos los residuos y dejar la zona en cuestión limpia en el menor
intervalo de tiempo para comenzar de nuevo la actividad diaria.
En el caso, por ejemplo, de Granada, la 'movida' nocturna cuesta
a las arcas municipales
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