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Según
la Convención Internacional sobre Vertidos de Londres celebrada
en 1.972, por contaminación marina se entiende la introducción de
desechos u otras materias en el mar, resultante directa o indirectamente
de actividades humanas, que tenga o pueda tener efectos perjudiciales
tales como causar daño a los recursos vivos y a los ecosistemas
marinos, entrañar peligros a la salud del hombre, entorpecer la
actividades marítimas, incluidas la pesca y otros usos legítimos
del mar, deteriorar la calidad del agua de mar en lo que se refiere
a su utilización y menoscabar las posibilidades de esparcimiento.
Existen diversos tipos de contaminación marina; eutrofización, pesticidas,
agentes microbiológicos, metales pesados, hidrocarburos y las actividades
pesqueras.
El fenómeno de eutrofización de las aguas consiste en un desarrollo
excesivo de la vegetación acuática debido a una acumulación de nutrientes.
Provoca proliferaciones de algas y el excesivo crecimiento de la
hierba marina,
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agotamiento
de oxígeno y producción de sulfuro de hidrógeno, tóxico para la
vida marina, durante las descomposiciones de las algas. Las consecuencias
son la degradación del medio marítimo, afectando principalmente
a la calidad de los litorales.
En el caso del mar, los nutrientes son aportados por la industria,
la agricultura y las aguas residuales, transportados por los ríos
y por depósito atmosférico. Los más importantes son el nitrógeno
y el fósforo, siendo el primero el factor limitante en ecosistemas
salados.
Los pesticidas y otros productos fitotóxicos empleados en la agricultura,
especialmente organoclorados, tienen en muchos casos, un largo periodo
de actuación durante el cual, serán arrastrados desde los vegetales
al suelo y, si no se acumulan en este, serán conducidos por las
aguas superficiales o subterráneas hasta el mar.
Estos compuestos se encuentran entre los más perjudiciales para
el medio
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ambiente,
principalmente debido a sus características y forma de actuar; se
distribuyen muy fácilmente a través del agua y el aire, son compuestos
muy persistentes pues sus efectos directos duran años, y se acumulan
en los organismos, pasando a la cadena trófica llegando incluso
al hombre.
La contaminación biológica del mar procede principalmente de los
vertidos de aguas fecales. En las aguas residuales urbanas se encuentran
hongos, bacterias y virus de origen humano, así como otro tipo de
microorganismos. En principio, la capacidad autodepuradora del agua
de mar debe eliminar cualquier tipo de microorganismo patógeno,
pero se han encontrado en sedimentos marinos determinadas bacterias
que pueden sobrevivir en este medio.
La
aplicación de la normativa de depuración de aguas residuales está
paliando los efectos de esta contaminación. A pesar de ello, todavía
existe una carga contaminante de microorganismos que son vertidos
al mar.
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