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Durante
su primera intervención en el anterior debate sobre el estado de
la Nación, el presidente del gobierno, José Mª Aznar, remarcó que
tanto el Plan Hidrológico Nacional como el de Regadíos son dos elementos
claves dentro de la política de uso racional del agua. Asimismo
explicó que "el Plan Hidrológico Nacional se perfila como un proyecto
fundamental para la vertebración del país y aseguró que el proyecto
servirá para reducir las necesidades españolas en las regiones secas,
para proteger el medio ambiente y para racionalizar el uso del agua".
Estas palabras se traducen en la importancia que tiene la correcta
gestión de un bien escaso y primordial como es el agua, en un sector
de consumo mayoritario del mismo; la agricultura. Esta gestión implicará
la coordinación de políticas agrarias, hidráulicas y medioambientales,
entre las distintas administraciones implicadas.
En general, la transformación de tierras de secano en áreas de cultivo
permite
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una
mayor versatilidad de las mismas; aumenta la producción y el tipo
de cultivos, y como consecuencia directa, la demanda de la mano
de obra y la mejora de la situación socioeconómica del sector agrícola.
Además la incertidumbre sobre la necesidad de las precipitaciones
se elimina. Por todo ello, la necesidad de gestionar el agua de
regadío de tal modo que los suministros a la agricultura queden
garantizados, sin que ello perjudique al medio ambiente, sobre todo
en lo referente a degradación de suelos y sobreexplotación de acuíferos,
además de protección de la biodiversidad, etc. Se requiere de un
sistema global de gestión de las aguas de regadío; el Plan Nacional
de Regadíos.
Este
plan pretende lograr una serie de objetivos que engloben las múltiples
facetas del mundo rural: la agricultura; la población rural, la
actividad agrícola, al recurso del agua, la coordinación político-administrativa,
y el medio ambiente.
Para darnos cuenta del aumento de la productividad agraria debido
a la
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transformación
de las tierras de secano en regadío, nos fijamos en los datos que
durante el siglo XX se han obtenido. Existen en la actualidad cuatro
millones de hectáreas de tierras de regadío, y a principio de siglo
únicamente un millón, lo cual representa cerca del 14,5% de la superficie
agraria útil. La producción agraria obtenida en este sector supone
el 55% de la producción final agrícola.
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