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Desde
siempre, en la práctica totalidad de poblaciones españolas, han
existido pequeñas explotaciones porcinas, que en la inmensa mayoría
de casos no eran explotaciones, sino un medio más de subsistencia
de cada familia, que poseía dos o tres cerdos para su propia alimentación
y comercio.
Al igual que con cualquier otro tipo de ganado, el estiércol obtenido
se empleaba como abono para las huertas y la agricultura en general.
Dejándolo madurar un tiempo considerable, mezclándolo con paja u
otro agente abultante y aireándolo convenientemente, producía un
producto final que por muchos años ha sido un fertilizante común
en todas partes.
En la actualidad la situación cambia por completo. Las pequeñas
granjas se han convertido en grandes explotaciones, donde conviven
varios cientos de animales en granjas, donde el objetivo principal
es el engorde, para consumo humano a gran escala.
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El
modo de crianza ha cambiado totalmente. El pastoreo de los animales,
en especial del conocido "cerdo ibérico", que en muchas poblaciones
de la Sierra de Huelva y parte de Extremadura pasta en libertad
en el interior de grandes fincas, aportando, durante la mayor parte
del año, sus excrementos al suelo, y de este modo a la naturaleza,
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Cerdo
ibérico en libertad.
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transformándose
de forma natural en abono para la vegetación, se ha ido sustituyendo
por el engorde en establos.
Normalmente, las granjas de cerdos cuentan con poco espacio por
individuo, pero muchas cabezas de ganado. El ganadero aporta los
alimentos, vacunas, etc. y los animales se limitan a crecer y
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Estabulado
de cerdos.
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