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Todos hemos querido alguna vez tener una mascota, ya sea un gato,
un perro, un canario... lo malo viene cuando dicha mascota es una
serpiente, un cocodrilo o incluso una tarántula o un escorpión.
El tráfico de estos animales llamados exóticos se ha convertido
en un negocio rentable y millonario para sus inversores y en una
amenaza para las especies autóctonas. Se considera como especie
exótica, a aquella que es introducida por voluntad del hombre y
no por motivos naturales.
La introducción de estas especies exóticas como el malvasía canela,
el muflón, los loros o cotorras, el pico de coral o el visón, que
podemos encontrar entre otras muchas especies invasoras, son consideradas
la mayor amenaza para la diversidad biológica después de la destrucción
del hábitat. En todo el mundo se estima que el 39% de las extinciones
conocidas de animales, producidas desde el año 1600, han sido causadas
por este fenómeno.
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El
siluro ha prosperado en nuestros ríos.
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En
España se sabe que hay alrededor de 44 especies de exóticas y que
se van reproduciendo y progresando en el medio natural. Hay unas
20 especies marinas
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introducidas, 13 de aves, 7 de mamíferos, 2 de anfibios y 2 de reptiles,
con lo que se llega hasta un 7% de las especies que habitan en el
estado.
De las 20 especies de peces, el caso más espectacular es el del
siluro. Probablemente se introdujo ilegalmente en 1974, con ejemplares
procedentes de Alemania. Se volcó un bidón de alevines en la desembocadura
del río Segre en el Ebro para usarlos de cebo en el embalse de Mequinenza.
Gracias al siluro se ha activado la economía de muchas zonas fluviales
pesqueras, pero es tan voraz que allí donde se ha implantado han
desaparecido las otras especies de peces.
Otro ejemplo igualmente grave es la introducción el cangrejo rojo
americano, una especie de escasa calidad culinaria que ha puesto
en serio peligro de extinción al cangrejo de río europeo. Su introducción
se inició hace años en las marismas de Sevilla. Favorece la
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