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Desde que Don Perignon, monje francés del siglo XVII y creador del
champán tuvo la idea, tras hacer muchas investigaciones, de utilizar
el corcho como tapón de sus vinos, este material ha sido el utilizado
para el cierre de botellas, ya que se ha demostrado que es el que
mejor preserva sus cualidades, y para ello se se vale de su naturalidad,
su ligereza, su resistencia a la compresión, su solidez, y su superficie
sin poros.
El monopolio de la producción de dicho material pertenece a las
empresas portuguesas, pero este monopolio se está poniendo en peligro
a causa de la aparición de tapones de plástico, que tienen menor
coste, mayor facilidad de manejo gracias a su elasticidad y la posibilidad
de ser reciclados, además de un tiempo de producción mucho menor
al del corcho, ya que este necesita un tiempo de cultivo de alrededor
de 20 años. Portugal, España, Argelia, Italia, Marruecos y Túnez
son los mayores productores mundiales de corcho.
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Embotellado
artesanal tradicional.
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La
aparición de tapones plásticos también sería un problema para España,
y sobretodo para la agricultura extremeña, que produce un 10% de
la totalidad del corcho mundial. Los alcornoques extremeños, quercus
suber, son de los mejores del mundo, y dan uno de los corchos de
mejor calidad según el IPROCOR, Instituto de Promoción del Corcho.
El plástico puede poner en peligro la industria del corcho, y para
evitarlo ha nacido un movimiento popular de defensa de los alcornoques.
El alcornoque pertenece a la familia de las Fagáceas. Es un árbol
de larga vida que suele alcanzar los 500 años y alcanza alturas
entre 15 y 20 metros. Es
una especie autóctona del litoral mediterráneo. Su copa es amplia,
con ramificaciones importantes, hojas perennes, pequeñas coriáceas
y con borde dentado de un hermoso color verde oscuro.
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