Centrales de gas de ciclo combinado

Al estudiar la historia de las centrales de producción de electricidad del sistema peninsular vemos que fueron construidas en sucesivas oleadas. Desde el final de la Guerra Civil se comenzó la construcción de los saltos hidroeléctricos. Luego vino la época de las plantas de fuel-oil en los 60 y principios de los 70; después la de las centrales nucleares que ocurrió en los 70 y principios de los 80 y, finalmente, la de congeneración con proyectos que se han ejecutado durante el final del siglo. Todo hace indicar que el inicio de este siglo que comenzamos está marcado por los proyectos de las centrales de gas de ciclo combinado.

Estas centrales utilizan gas natural como combustible y para generar electricidad emplean la tradicional turbina de vapor y una turbina de gas que aprovecha la energía de los gases de escape de la combustión. Con ello se consiguen rendimientos termoeléctricos del orden del 55%, muy superiores a los de las plantas convencionales.

Consiste básicamente en alimentar a una caldera de recuperacion con los gases de descarga de una turbina de gas natural.

Aparte de aprovechar la potencia generada por la turbina de gas, utilizamos los gases de escape de la turbina de gas para introducirlos en la caldera de carbón y así, mejorar el rendimiento del conjunto. Es posible su explotación con gas natural, con carbón o con el uso combinado de ambos combustibles.

El proceso de generación de energía eléctrica en una central de ciclo combinado comienza con la aspiración de aire desde el exterior siendo conducido al compresor de la turbina a gas a través de un filtro. El aire es comprimido y combinado con el combustible atomizado, gas natural, en una cámara donde se realiza la combustión. El resultado es un flujo de gases calientes que al expandirse hacen girar la turbina a gas. El generador acoplado a la turbina a gas transforma este trabajo en energía eléctrica.

Los gases de escape que salen de la turbina a gas pasan a la chimenea

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