Residuos electrónicos en la Unión Europea

Los avances técnicos, y el mercado consumista, han propiciado la existencia de multitud de aparatos electrónicos : televisores, alta fidelidad, video cámaras, etc. que, una vez finalizada su vida útil van a generar un residuo un tanto especial. El caso más apabullante es el de los ordenadores y teléfono móviles. Las grandes compañías de software crean programas que precisan de equipos más potentes, de mayor velocidad y memoria. Esto crea que, para poder "estar al día", un ordenador debe ser sustituido al cabo de unos dos o tres años. El modelo antiguo queda totalmente obsoleto y lo más probable es que acabe en el contenedor de residuos sólidos urbanos. Si la población dispone de planta de reciclaje, es posible que se aproveche la fracción férrica de sus chasis y estructura interna, pero también es posible que esta fracción lleve componentes "extraños", metales de nuevas tecnologías, componentes electrónicos de ultima generación, etc en esencia muchos materiales, poco conocidos y en muy pequeña cantidad. El resto acabará en un

vertedero. El caso de telefonía móvil es muy similar; el "boom" de los últimos años ha introducido en el mercado gran cantidad de nuevos y sofisticados aparatos y lleva a los vertederos, los antiguos y obsoletos.

Acumulación de residuos electrónicos en instalación de tratamiento.

En 1998, en toda la Unión Europea, se produjeron seis millones de toneladas de

este tipo de residuo, que tienen tendencia a aumentar al menos un 5% al año.

En Diciembre de 2000 los ministros de medio ambiente de la Unión Europea se reunieron para tratar este asunto, con el objetivo de crear una Directiva que regule su tratamiento, pero no pudieron llegar a un acuerdo respecto a una sistematica que exija y regule el reciclaje de los desechos eléctricos y electrónicos. La propuesta debe esperar ahora el análisis del Parlamento Europeo, que en estos momentos se esta analizando.

Existen ideas y propuestas acerca de exigir a los fabricantes que sustituyan las sustancias problemáticas, como el plomo, el mercurio y el cadmio. Además, los Estados miembros podrían instaurar sistemas de recogida independientes, garantizando el tratamiento, la recuperación y la eliminación adecuados de estos residuos. Su manipulación deberían financiarla los fabricantes sin cargo alguno para los consumidores.
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