Los
problemas de contaminación acústica provocados por el transporte aéreo
se han incrementado en las últimas décadas debido, por un
lado, a la aproximación de las ciudades a los aeropuertos y, por otro,
al aumento del tráfico regular de pasajeros, mercancías y vuelos chárter,
que operan de noche en muchas ocasiones. Existe además, un problema
añadido al no estar incluidos en la regulación los aviones militares,
los helicópteros, ultraligeros y los aviones supersónicos ya sean
civiles o militares.
Actualmente se producen 18 millones de vuelos al año (1.500 millones
de pasajeros), cifra que se espera duplicar en los próximos 15 años.
En España, el tráfico aéreo crece por encima del 8% anual y desde
el año 1970 se ha multiplicado por 6.
Una de las manifestaciones del crecimiento del tráfico aéreo es la
proliferación de nuevos aeropuertos por toda la geografía y la continua
ampliación de los existentes. En la actualidad hay 43 aeropuertos
gestionados por el ente público AENA y 53 aeródromos privados. |
El
ruido constituye el impacto ambiental más obvio de los aeropuertos
y es la principal causa de molestias para miles de personas que
viven en la proximidad de los aeropuertos o bajo las rutas de vuelo.
Las molestias ocasionadas a los habitantes de las ciudades cercanas
a aeropuertos se refieren fundamentalmente a la contaminación acústica,
a las emisiones de gases de combustión de los motores y, en menor
medida, a los riesgos de accidentes en zonas habitadas. Junto a
los impactos acústicos y atmosféricos se producen otros menos específicos
y que tienen como resultado molestias y alteraciones.
Como consecuencia de la ampliación del Aeropuerto de Madrid (Barajas),
basada en la construcción de una tercera pista, la Autoridad Aeroportuaria
española (AENA) ha adoptado numerosas medidas ambientales hacia
los municipios del entorno aeroportuario, entre las que figura el
Plan de Aislamiento Acústico, que incluye a más de 3.000 viviendas
situadas dentro de los límites establecidos por la denominada "huella
de ruido".
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Cierto
es que los avances tecnológicos han permitido el desarrollo de aviones
menos ruidosos, pero esto no ha implicado una reducción del ruido
en el entorno de los aeropuertos, todo lo contrario, dadas las mayores
demandas de vuelos y, por consiguiente, la necesaria ampliación
de las frecuencias de servicios de éstos, así como de la necesaria
ampliación de la flota de aeronaves.
La actividad en los aeropuertos también provoca contaminación atmosférica.
El combustible y la energía que se consumen en el funcionamiento
de
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