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Nadie regresa con vida de este extraño lago del Golfo de México

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Un extraño "lago" super salado y con altas concentraciones de metano fue descubierto en 2014 en el fondo del Golfo de México, cerca de las costas de Nueva Orleans (EE.UU.)

Nadie regresa con vida de este extraño lago del Golfo de México

Conocida también como "el jacuzzi de la desesperanza", esta piscina circular carente de oxígeno se encuentra a unos 1.000 metros por debajo de la superficie del golfo, según describe Seeker. Debido a sus características, cualquier criatura viva que entra en ella pierde la vida, principalmente cangrejos, anfípodos o peces. Estas propiedades mortíferas, llevó a la revista "Business Insider" a bautizarla como “el lago de donde nadie regresa vivo”.

Un año después de su descubrimiento, Erik Cordes, profesor de biología de la Universidad del Temple de Filadelfia (EE.UU.) examinó el "lago" de forma minuciosa desde una embarcación sumergible y describió sus hallazgos en la revista "Oceanography".

La piscina tiene unos 30 metros en circunferencia y 3,7 metros de profundidad, y sus aguas son cuatro o cinco veces más saladas que el agua de mar que la rodea. Según explica Seeker, su elevada densidad hace que permanezcan en el fondo, formando un caldero subacuático que contiene concentraciones tóxicas de metano y sulfuro de hidrógeno que no se mezclan con el agua de mar circundante.

“Fue una de las cosas más asombrosas que he visto en mi vida”, dijo Erik Cordes comentando el hallazgo. “Tú bajas al fondo del océano y ves un lago o un río que fluye. Te sientes como si no estuvieras en este mundo”.

El equipo del profesor descubrió en el "lago" bacterias, gusanos de tubo y gambas especialmente adaptadas que son los únicos organismos que pueden sobrevivir en ese ambiente hostil. Su investigación tiene gran importancia ya que, según argumenta Cordes, estos organismos podrían parecerse a las formas de vida de otros planetas del sistema solar o de exoplanetas. “Mucha gente estudia estos hábitats extremos en la Tierra como modelos de lo que podríamos descubrir cuando vayamos a otros planetas”, afirmó.



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lago mexico, curiosidades ambientales, noticias medio ambiente,

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La Actualidad del Medio Ambiente en imágenes

Transición Ecológica. Tal denominación induciría a pensar que se trata de un departamento coyuntural para cambiar el modelo energético antes de volver a echar el cierre. Nada más próximo a la realidad de la política española y nada más lejos de la realidad medioambiental. 

Porque, por un lado, el ministerio dedicado al medio ambiente ha sido como el Guadiana, que aparecía y desaparecía en función de los gustos del presidente del Gobierno de turno, como si el asunto fuera secundario, y, por otro lado, el mundo industrializado no tiene probablemente por delante una tarea más gigantesca y de largo recorrido que transformar su modelo energético. La aparente transitoriedad de su cometido es un espejismo.

El problema de España, como ocurre en otros países, es que rara vez se emprenden acciones a largo plazo. Y la dificultad está en que lograr un crecimiento sostenible necesita, para empezar, una política sostenida en el tiempo. Es un cambio profundo y trascendental imposible de acometer, además, sin grandes inversiones. China se ha convertido en pocos años en la primera potencia mundial y también en líder en energías renovables, pero para conseguirlo ha echado mano de políticas decididas y de chequera. Solo el año pasado invirtió 131.300 millones de euros en energía solar, una fuente inagotable muy abundante en España, por cierto, donde, sin embargo, no se aprovecha todo su potencial.

Una cierta hipocresía ha reinado tradicionalmente en las políticas medioambientales españolas. El país se ha sumado a casi todos los acuerdos mundiales o europeos contra el cambio climático para, a renglón seguido, ocuparse de otras cosas a la vuelta a casa. Firmó el Acuerdo de París y a los dos años ya se había convertido en uno de los cuatro países que más había aumentado sus emisiones de CO2, el gas más perjudicial para el calentamiento global.

Algunos países, como Francia o Alemania, se han tomado el desafío mucho más en serio y nos llevan unos cuantos años de ventaja. La tarea es inmensa. Porque no se trata solo de sembrar enchufes por doquier para favorecer el vehículo eléctrico o de instalar más molinos de viento. Hay que cambiar el modo de vida, hay que construir mejor para reducir el consumo de calefacciones y aires acondicionados, hay quizá que viajar menos (el transporte aéreo es un gran contaminante), reciclar mucho más y subvencionar nuevas tecnologías que ayuden a reducir emisiones y, de paso, sitúen a la industria nacional en el club de la excelencia y la innovación.

La Unión Europea acaba de adoptar el ambicioso objetivo de lograr que en 2030 el 32% de la energía provenga de renovables. Eso significa casi duplicarla en apenas 12 años. La flamante ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, se sumó al acuerdo el pasado día 11 en Estrasburgo, tras las resistencias que imponía el Gobierno de Mariano Rajoy. “España está de vuelta”, proclamó. Solo el tiempo dirá si el eslogan casa o no con el país de siempre, el que cambia de posición según la legislatura y no se toma en serio sus problemas de desertificación, sequías y dependencia energética.

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<p><strong>Resulta curioso el nombre adoptado para uno de los nuevos ministerios del Gobierno de España: para la <a href=Transición Ecológica. Tal denominación induciría a pensar que se trata de un departamento coyuntural para cambiar el modelo energético antes de volver a echar el cierre. Nada más próximo a la realidad de la política española y nada más lejos de la realidad medioambiental. 

Porque, por un lado, el ministerio dedicado al medio ambiente ha sido como el Guadiana, que aparecía y desaparecía en función de los gustos del presidente del Gobierno de turno, como si el asunto fuera secundario, y, por otro lado, el mundo industrializado no tiene probablemente por delante una tarea más gigantesca y de largo recorrido que transformar su modelo energético. La aparente transitoriedad de su cometido es un espejismo.

El problema de España, como ocurre en otros países, es que rara vez se emprenden acciones a largo plazo. Y la dificultad está en que lograr un crecimiento sostenible necesita, para empezar, una política sostenida en el tiempo. Es un cambio profundo y trascendental imposible de acometer, además, sin grandes inversiones. China se ha convertido en pocos años en la primera potencia mundial y también en líder en energías renovables, pero para conseguirlo ha echado mano de políticas decididas y de chequera. Solo el año pasado invirtió 131.300 millones de euros en energía solar, una fuente inagotable muy abundante en España, por cierto, donde, sin embargo, no se aprovecha todo su potencial.

Una cierta hipocresía ha reinado tradicionalmente en las políticas medioambientales españolas. El país se ha sumado a casi todos los acuerdos mundiales o europeos contra el cambio climático para, a renglón seguido, ocuparse de otras cosas a la vuelta a casa. Firmó el Acuerdo de París y a los dos años ya se había convertido en uno de los cuatro países que más había aumentado sus emisiones de CO2, el gas más perjudicial para el calentamiento global.

Algunos países, como Francia o Alemania, se han tomado el desafío mucho más en serio y nos llevan unos cuantos años de ventaja. La tarea es inmensa. Porque no se trata solo de sembrar enchufes por doquier para favorecer el vehículo eléctrico o de instalar más molinos de viento. Hay que cambiar el modo de vida, hay que construir mejor para reducir el consumo de calefacciones y aires acondicionados, hay quizá que viajar menos (el transporte aéreo es un gran contaminante), reciclar mucho más y subvencionar nuevas tecnologías que ayuden a reducir emisiones y, de paso, sitúen a la industria nacional en el club de la excelencia y la innovación.

La Unión Europea acaba de adoptar el ambicioso objetivo de lograr que en 2030 el 32% de la energía provenga de renovables. Eso significa casi duplicarla en apenas 12 años. La flamante ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, se sumó al acuerdo el pasado día 11 en Estrasburgo, tras las resistencias que imponía el Gobierno de Mariano Rajoy. “España está de vuelta”, proclamó. Solo el tiempo dirá si el eslogan casa o no con el país de siempre, el que cambia de posición según la legislatura y no se toma en serio sus problemas de desertificación, sequías y dependencia energética.

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Libera, la iniciativa impulsada por SEO/BirdLife en alianza con Ecoembes, ha puesto en marcha por segundo año consecutivo la campaña "Un metro cuadrado por la naturaleza", la gran limpieza colaborativa de basuraleza a nivel nacional.

Las batidas se ha desarrollado para limpiar los entornos naturales de residuos en más de 420 a nivel nacional. Asimismo, y como novedad, este año también han participado en la iniciativa hasta 11 gobiernos autonómicos y 30 empresas. 

En declaraciones a Europa Press Televisión, el portavoz de SEO/BirdLife, Miguel López, ha explicado que esta iniciativa tiene el objetivo de poner fin a una "catástrofe ambiental" que ocupa y degrada "sigilosamente" todos los espacios naturales. "Es un objetivo ambicioso pero creemos que es posible", ha dicho.

En cuanto al término basuraleza, ha explicado que lo propusieron hace unos meses para poner un "nombre claro" y que la gente entendiera que se trata de un problema que "debe empezar a ocupar un lugar en la agenda internacional". Además, ha pedido no sólo centrarse en la basura que existe en los océanos sino "ampliar el foco" y fijarse en que la basuraleza está en "todos los entornos naturales". "Es un problema que genera pérdida de biodiversidad e impacto en la flora y en la fauna. Se trata de un problema que está al nivel del calentamiento global", ha sentenciado.

Naturaleza sucia

Por otra parte, la directora de Comunicación de Ecoembes, Nieves Rey, ha explicado que si cada persona limpiara un metro cuadrado estaría "toda la superficie natural limpia". "Queremos concienciar y hacer ver que la naturaleza está sucia, pero también lanzamos un mensaje de esperanza, de que podemos hacer algo", ha reivindicado.

A la iniciativa se han sumado decenas de familias, quienes han remarcado la importancia de concienciar a la infancia sobre la necesidad de cuidar el entorno natural. "Los niños deben ser parte de la solución, acudir hoy a la iniciativa es cómo acudir a una lección de tres horas en el colegio sobre medio ambiente", ha señalado Rey. En total, más de 420 puntos de todo el país han sido liberados de basura por los #HéroesLIBERA, ciudadanos anónimos que han salido al campo para mejorar el estado de los espacios naturales.

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<p><a href=Libera, la iniciativa impulsada por SEO/BirdLife en alianza con Ecoembes, ha puesto en marcha por segundo año consecutivo la campaña "Un metro cuadrado por la naturaleza", la gran limpieza colaborativa de basuraleza a nivel nacional.

Las batidas se ha desarrollado para limpiar los entornos naturales de residuos en más de 420 a nivel nacional. Asimismo, y como novedad, este año también han participado en la iniciativa hasta 11 gobiernos autonómicos y 30 empresas. 

En declaraciones a Europa Press Televisión, el portavoz de SEO/BirdLife, Miguel López, ha explicado que esta iniciativa tiene el objetivo de poner fin a una "catástrofe ambiental" que ocupa y degrada "sigilosamente" todos los espacios naturales. "Es un objetivo ambicioso pero creemos que es posible", ha dicho.

En cuanto al término basuraleza, ha explicado que lo propusieron hace unos meses para poner un "nombre claro" y que la gente entendiera que se trata de un problema que "debe empezar a ocupar un lugar en la agenda internacional". Además, ha pedido no sólo centrarse en la basura que existe en los océanos sino "ampliar el foco" y fijarse en que la basuraleza está en "todos los entornos naturales". "Es un problema que genera pérdida de biodiversidad e impacto en la flora y en la fauna. Se trata de un problema que está al nivel del calentamiento global", ha sentenciado.

Naturaleza sucia

Por otra parte, la directora de Comunicación de Ecoembes, Nieves Rey, ha explicado que si cada persona limpiara un metro cuadrado estaría "toda la superficie natural limpia". "Queremos concienciar y hacer ver que la naturaleza está sucia, pero también lanzamos un mensaje de esperanza, de que podemos hacer algo", ha reivindicado.

A la iniciativa se han sumado decenas de familias, quienes han remarcado la importancia de concienciar a la infancia sobre la necesidad de cuidar el entorno natural. "Los niños deben ser parte de la solución, acudir hoy a la iniciativa es cómo acudir a una lección de tres horas en el colegio sobre medio ambiente", ha señalado Rey. En total, más de 420 puntos de todo el país han sido liberados de basura por los #HéroesLIBERA, ciudadanos anónimos que han salido al campo para mejorar el estado de los espacios naturales.

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Foro de las Ciudades, que se clausuró la semana pasada en Madrid, las estrategias europeas en materia de educación ambiental como eje para conseguir urbes más sostenibles.

Calleja ha señalado que “para ser sostenibles, todas las ciudades europeas deberán trabajar sobre todo en tres áreas, la calidad del aire, el ruido urbano -que es el segundo factor de estrés para los europeos- y la reducción de residuos”. En este sentido, ha aseverado que “España está todavía en cifras superiores a la media europea” y tiene “mucho trabajo por hacer” para conseguir reducir al 10% antes de 2035 los residuos municipales que van a los vertederos.

Asimismo, el responsable de Medio Ambiente de la CE ha asegurado que la tasa de reciclaje de España “también está lejos de la meta europea y en los próximos años la deberá duplicar”, un objetivo para el que “habrá que trabajar en una legislación más exigente”.

No obstante, también se ha referido a la responsabilidad de los productores, la educación y las inversiones públicas “para mejorar la recogida selectiva con soluciones inteligentes”.

En su intervención en el Foro de las Ciudades, Calleja ha hecho hincapié en la importancia de trabajar en la educación ambiental “para que toda la ciudadanía, y en especial los niños y niñas, valoren sus espacios urbanos y los entiendan como lugares de encuentro y aprendizaje”.

La tercera edición del Foro de las Ciudades ha ofrecido en el marco del Foro de Medio Ambiente y Sostenibilidad una mirada transversal al mundo de las ciudades, a su gestión innovadora y al papel que juegan todos los actores de los entornos urbanos.

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<p>Así lo ha manifestado a Efeverde el director general de Medio Ambiente de la Comisión Europea (CE), Daniel Calleja, quien ha explicado en el marco del <a href=Foro de las Ciudades, que se clausuró la semana pasada en Madrid, las estrategias europeas en materia de educación ambiental como eje para conseguir urbes más sostenibles.

Calleja ha señalado que “para ser sostenibles, todas las ciudades europeas deberán trabajar sobre todo en tres áreas, la calidad del aire, el ruido urbano -que es el segundo factor de estrés para los europeos- y la reducción de residuos”. En este sentido, ha aseverado que “España está todavía en cifras superiores a la media europea” y tiene “mucho trabajo por hacer” para conseguir reducir al 10% antes de 2035 los residuos municipales que van a los vertederos.

Asimismo, el responsable de Medio Ambiente de la CE ha asegurado que la tasa de reciclaje de España “también está lejos de la meta europea y en los próximos años la deberá duplicar”, un objetivo para el que “habrá que trabajar en una legislación más exigente”.

No obstante, también se ha referido a la responsabilidad de los productores, la educación y las inversiones públicas “para mejorar la recogida selectiva con soluciones inteligentes”.

En su intervención en el Foro de las Ciudades, Calleja ha hecho hincapié en la importancia de trabajar en la educación ambiental “para que toda la ciudadanía, y en especial los niños y niñas, valoren sus espacios urbanos y los entiendan como lugares de encuentro y aprendizaje”.

La tercera edición del Foro de las Ciudades ha ofrecido en el marco del Foro de Medio Ambiente y Sostenibilidad una mirada transversal al mundo de las ciudades, a su gestión innovadora y al papel que juegan todos los actores de los entornos urbanos.

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degradación de la tierra y hasta 143 millones podrían verse forzadas a salir de sus países antes del 2050 para poder escapar de la escasez de agua y de la pérdida de productividad debida al lento impacto del cambio climático.

Para poder hacer frente a estas amenazas, Monique Barbut, la secretaria ejecutiva de la Convención de las Naciones Unidas de lucha contra la desertificación, ha pedido a los consumidores y al sector privado que se unan a los gobiernos con el fin de salvar las tierras saludables y ha advertido que la falta de preparación para futuras sequías podría conducir a masivos trastornos sociales y políticos. Esta petición se produce en el marco de la celebración este domingo con ocasión del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación, cuya principal conmemoración se celebra este año en la ciudad de Quito, en Ecuador.

“Todo lo que producimos, y consumimos tiene una huella del suelo. Una bicicleta requiere el equivalente a 3,4 metros cuadrados de suelo para su fabricación. Se necesitan diez metros cuadrados de tierra para producir un ordenador portátil. La producción de un kilogramo de vacuno requiere 22 metros cuadrados”, pero muy pocos de nosotros pensamos en esto en el día a día “porque las pérdidas no son visibles, o por lo menos no se tienen en cuenta en los productos que consumimos” explica Barbut.

Todos somos personas con capacidad decisoria puesto que en nuestra vida cotidiana nuestras decisiones tienen sus consecuencias. Nuestras decisiones, por pequeñas que sean, transforman el mundo, por ese motivo los consumidores deben tomar decisiones que premien a los gestores de la tierra cuyas prácticas la protegen de su degradación. Barbut, que dirige la institución internacional que se ocupa de la lucha contra desertificación, la degradación de la tierra y la sequía, también alerta sobre los peligros que lleva el reducir el valor real de las tierras sanas a su valor puramente económico.

El ejemplo de Ecuador

Ecuador promueve una bioeconomía entre sus agricultores con el fin de difundir las tecnologías de gestión sostenible de la tierra, que mantienen la productividad de la tierra.

También persigue la meta de lograr la neutralidad en la degradación de las tierras de los Objetivos de Desarrollo sostenible lo que significa evitar, reducir y revertir la degradación de la tierra para garantizar que la cantidad de tierra sana que existía en el 2015 sea la misma en 2030 y se mantenga estable a partir de entonces.

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<p><strong>Más de 3 mil millones de personas están afectadas en la actualidad por la <a href=degradación de la tierra y hasta 143 millones podrían verse forzadas a salir de sus países antes del 2050 para poder escapar de la escasez de agua y de la pérdida de productividad debida al lento impacto del cambio climático.

Para poder hacer frente a estas amenazas, Monique Barbut, la secretaria ejecutiva de la Convención de las Naciones Unidas de lucha contra la desertificación, ha pedido a los consumidores y al sector privado que se unan a los gobiernos con el fin de salvar las tierras saludables y ha advertido que la falta de preparación para futuras sequías podría conducir a masivos trastornos sociales y políticos. Esta petición se produce en el marco de la celebración este domingo con ocasión del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación, cuya principal conmemoración se celebra este año en la ciudad de Quito, en Ecuador.

“Todo lo que producimos, y consumimos tiene una huella del suelo. Una bicicleta requiere el equivalente a 3,4 metros cuadrados de suelo para su fabricación. Se necesitan diez metros cuadrados de tierra para producir un ordenador portátil. La producción de un kilogramo de vacuno requiere 22 metros cuadrados”, pero muy pocos de nosotros pensamos en esto en el día a día “porque las pérdidas no son visibles, o por lo menos no se tienen en cuenta en los productos que consumimos” explica Barbut.

Todos somos personas con capacidad decisoria puesto que en nuestra vida cotidiana nuestras decisiones tienen sus consecuencias. Nuestras decisiones, por pequeñas que sean, transforman el mundo, por ese motivo los consumidores deben tomar decisiones que premien a los gestores de la tierra cuyas prácticas la protegen de su degradación. Barbut, que dirige la institución internacional que se ocupa de la lucha contra desertificación, la degradación de la tierra y la sequía, también alerta sobre los peligros que lleva el reducir el valor real de las tierras sanas a su valor puramente económico.

El ejemplo de Ecuador

Ecuador promueve una bioeconomía entre sus agricultores con el fin de difundir las tecnologías de gestión sostenible de la tierra, que mantienen la productividad de la tierra.

También persigue la meta de lograr la neutralidad en la degradación de las tierras de los Objetivos de Desarrollo sostenible lo que significa evitar, reducir y revertir la degradación de la tierra para garantizar que la cantidad de tierra sana que existía en el 2015 sea la misma en 2030 y se mantenga estable a partir de entonces.

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plástico en microfibras merced a contar con determinados aditivos, o bien las clásicas bolsas reutilizables y lavables que tienen numerosos usos. Sin embargo, la mayoría de asociaciones ecologistas parecen estar descontentas con estas alternativas y las consideran solo soluciones a medias cuando no aseguran que pueden incluso incrementar la huella ecológica. Así lo cree la propia ONU. Veamos a continuación los pros y contras de cada una de las opciones.

1. Bolsas biodegradables

Están fabricadas con materiales orgánicos y degradables como almidón de patata o de maíz, que se entremezclan con fibras o bien sintéticas degradables o bien con fibras de petróleo. En el primer caso las bolsas son bastante más ecológicas, pues se degradan en el espacio de 18 meses de manera efectiva y total, no afectando al medio acuático, que es donde van a parar la mayor parte de los plásticos que no se reciclan o se incineran.

En el segundo caso su valor ecológico, según se denuncia en la página rciclo.es, es mucho más relativo, ya que la fracción que corresponde a fibras derivadas el petróleo no se degrada en cientos de años, pero sí permite que el plástico en sí se descomponga en microplásticos, cuya presencia es en apariencia menos devastadora pero que van a parar a la cadena trófica, con sus consiguientes problemas de bioacumulación de metales pesados, ya que los derivados del petróleo son ricos en ellos.

Un problema adicional es que el fabricante no suele distinguir entre un tipo y otro y el consumidor no sabe por cuál está optando, solo que tienen una base de fécula o de maíz, etc. Los ecologías tampoco ven estas bolsas como la alternativa ideal debido a que un salto drástico a su uso supondría dedicar gran cantidad de hectáreas al monocultivo de los vegetales que les sirven de base, con el consiguiente consumo de recursos de agua, pesticidas, herbicidas, etc. Así lo explican los activistas de la página vivir sin plástico. 

2. Bolsas compostables

Son quizás la alternativa menos dañina para el medio si no tenemos en cuenta lo que supondría su uso masivo. Están casi completamente fabricadas con materiales biodegradables que además se degradan a una mayor velocidad en una planta de compostaje, pasando en su totalidad a ser compost, que sirve para abonar campos donde se podría general nuevo material vegetal para seguir el ciclo.

El problema es que no hay una política clara de las redes municipales de reciclaje para lograr que estas bolsas lleguen a las plantas de compostaje. Lo normal sería que las utilizáramos para los restos orgánicos y lanzáramos estos en el contenedor correspondiente, ya que son residuo orgánico. Pero la confusión con otras bolsas no compostables, frecuente según se denuncia por culpa de una correcta política de etiquetado, provoca que se mezclen y se estropeen partidas enteras que no llegarán a la planta de compostaje. 

3. Bolsas degradables

No se trata de bolsas biodegradables sino que son de los plásticos comúnmente usados (tereftalato de polietileno, cloruro de polivinilo, etc.) pero llevan añadidas algunas sustancias que aceleran su degradación a la luz solar, el oxígeno, etc. Se descomponen en microfibras de plástico que cuando son menores a 5 milímetros, se denominan microplásticos. En Diez preguntas sobre los microplásticos que conviene aclarar ya explicamos sus muchos inconvenientes.

Dentro de este grupo se encuentran las oxo-degradables, que cuentan con el aditivo d2W, que puede aparecer en el etiquetado, para degradarse a mayor velocidad. Muchas de las bolsas que los supermercados denominan biodegradables son realmente de este tipo de plástico que proviene de materias primas no renovables y que seguramente acabarán convirtiéndose en microplásticos.

4. Bolsas reutilizables

Son bolsas de polietileno más gruesas y sólidas, que permiten su lavado y su empleo de nuevo por una media de unas 15 a 20 veces. El problema que tienen es que una vez gastadas, al ser más gruesas contienen más polietileno y su degradabilidad es muy lenta, con lo lo único que hacen es reducir el número de plásticos pero el problema de su acumulación.

5. Bolsas de tela

Se pueden utilizar numerosas veces porque se pueden lavar a no ser que se expongan demasiado a productos muy ácidos. La idea es tirar la basura y conservar las bolsas, que se lavarán en casa. Por otro lado, al ser de algodón, se degradan -aunque no con la rapidez deseada- siempre que no contengan fibras de petróleo o bien demasiados estampados que aporten tintas con plomo, disruptores endocrinos u otros metales pesados. 

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<p>Las hay desde las fabricadas con fibras de materiales vegetales, que se degradan en apenas 18 meses y pueden entrar en la cadena trófica marina, a otras que destruyen el <a href=plástico en microfibras merced a contar con determinados aditivos, o bien las clásicas bolsas reutilizables y lavables que tienen numerosos usos. Sin embargo, la mayoría de asociaciones ecologistas parecen estar descontentas con estas alternativas y las consideran solo soluciones a medias cuando no aseguran que pueden incluso incrementar la huella ecológica. Así lo cree la propia ONU. Veamos a continuación los pros y contras de cada una de las opciones.

1. Bolsas biodegradables

Están fabricadas con materiales orgánicos y degradables como almidón de patata o de maíz, que se entremezclan con fibras o bien sintéticas degradables o bien con fibras de petróleo. En el primer caso las bolsas son bastante más ecológicas, pues se degradan en el espacio de 18 meses de manera efectiva y total, no afectando al medio acuático, que es donde van a parar la mayor parte de los plásticos que no se reciclan o se incineran.

En el segundo caso su valor ecológico, según se denuncia en la página rciclo.es, es mucho más relativo, ya que la fracción que corresponde a fibras derivadas el petróleo no se degrada en cientos de años, pero sí permite que el plástico en sí se descomponga en microplásticos, cuya presencia es en apariencia menos devastadora pero que van a parar a la cadena trófica, con sus consiguientes problemas de bioacumulación de metales pesados, ya que los derivados del petróleo son ricos en ellos.

Un problema adicional es que el fabricante no suele distinguir entre un tipo y otro y el consumidor no sabe por cuál está optando, solo que tienen una base de fécula o de maíz, etc. Los ecologías tampoco ven estas bolsas como la alternativa ideal debido a que un salto drástico a su uso supondría dedicar gran cantidad de hectáreas al monocultivo de los vegetales que les sirven de base, con el consiguiente consumo de recursos de agua, pesticidas, herbicidas, etc. Así lo explican los activistas de la página vivir sin plástico. 

2. Bolsas compostables

Son quizás la alternativa menos dañina para el medio si no tenemos en cuenta lo que supondría su uso masivo. Están casi completamente fabricadas con materiales biodegradables que además se degradan a una mayor velocidad en una planta de compostaje, pasando en su totalidad a ser compost, que sirve para abonar campos donde se podría general nuevo material vegetal para seguir el ciclo.

El problema es que no hay una política clara de las redes municipales de reciclaje para lograr que estas bolsas lleguen a las plantas de compostaje. Lo normal sería que las utilizáramos para los restos orgánicos y lanzáramos estos en el contenedor correspondiente, ya que son residuo orgánico. Pero la confusión con otras bolsas no compostables, frecuente según se denuncia por culpa de una correcta política de etiquetado, provoca que se mezclen y se estropeen partidas enteras que no llegarán a la planta de compostaje. 

3. Bolsas degradables

No se trata de bolsas biodegradables sino que son de los plásticos comúnmente usados (tereftalato de polietileno, cloruro de polivinilo, etc.) pero llevan añadidas algunas sustancias que aceleran su degradación a la luz solar, el oxígeno, etc. Se descomponen en microfibras de plástico que cuando son menores a 5 milímetros, se denominan microplásticos. En Diez preguntas sobre los microplásticos que conviene aclarar ya explicamos sus muchos inconvenientes.

Dentro de este grupo se encuentran las oxo-degradables, que cuentan con el aditivo d2W, que puede aparecer en el etiquetado, para degradarse a mayor velocidad. Muchas de las bolsas que los supermercados denominan biodegradables son realmente de este tipo de plástico que proviene de materias primas no renovables y que seguramente acabarán convirtiéndose en microplásticos.

4. Bolsas reutilizables

Son bolsas de polietileno más gruesas y sólidas, que permiten su lavado y su empleo de nuevo por una media de unas 15 a 20 veces. El problema que tienen es que una vez gastadas, al ser más gruesas contienen más polietileno y su degradabilidad es muy lenta, con lo lo único que hacen es reducir el número de plásticos pero el problema de su acumulación.

5. Bolsas de tela

Se pueden utilizar numerosas veces porque se pueden lavar a no ser que se expongan demasiado a productos muy ácidos. La idea es tirar la basura y conservar las bolsas, que se lavarán en casa. Por otro lado, al ser de algodón, se degradan -aunque no con la rapidez deseada- siempre que no contengan fibras de petróleo o bien demasiados estampados que aporten tintas con plomo, disruptores endocrinos u otros metales pesados. 

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eclipses, uno total de luna -visible desde España- y dos parciales de sol. El solsticio de verano durará 93 días y 15 horas y terminará el 23 de septiembre con el comienzo del otoño, según cálculos facilitados por el Observatorio Astronómico Nacional (OAN) que también apunta, que el 21 de junio será el día de mayor duración del año y el 27 de junio el día que anochecerá más tarde.

A lo largo de la estación, se producirá un eclipse total lunar -el 27 de julio- visible en España, el resto de Europa y en amplias zonas de África, Asia y Oceanía, mientras que los eclipses de sol, ambos parciales, se darán el 13 de julio, en el sur de Australia y en la costa antártica, y el 11 de agosto, en el norte de Europa y en el noreste de Asia. 

Durante todo el solsticio, el firmamento estará presidido por los planetas Venus y Júpiter mientras que Marte, el planeta rojo, más brillante en esta estación que en cualquier otra época del año, comenzará a ser visible al amanecer para pasar a finales de julio, a ser observado por la noche y a comienzos de agosto, al atardecer.

Por otro lado, Saturno, el sexto planeta del sistema solar y el segundo en tamaño y masa después de Júpiter, será el protagonista de la noche al principio de la estación, pasando al atardecer en el mes de julio. La primera luna llena del verano llegará el 28 de junio y las dos siguientes el 27 de julio y el 26 de agosto; las Lunas Nuevas se sucederán el 13 de julio, el 11 de agosto y el 9 de septiembre.

Lluvias de estrellas

Las lluvias de meteoros alcanzarán su máximo ritmo con las Delta Acuáridas -30 de julio- y las populares Perseidas -12 de agosto-; desde el Observatorio Astronómico destacan que estas últimas coincidirán con la fase de luna nueva lo que propiciará un cielo oscuro durante toda la noche, excelente para observar las Perseidas. En cuanto a las constelaciones, durante el estío y alrededor de la Estrella Polar, se verán a lo largo de la noche Casiopea, Cefeo, el Cisne, el Dragón y las dos Osas, y de este a oeste, se distinguirán Pegaso, el Águila, la Corona Boreal y la Cabellera de Berenice.

Entre las estrellas más brillantes y visibles en esta época del año destacarán las que constituyen el "triángulo del verano": Altair (en el Águila), Deneb (en el Cisne) y Vega (en la Lira). Por estas fechas, se da el máximo alejamiento anual (afelio) entre la Tierra y el Sol y en este año, el alejamiento máximo se dará el día 6 de julio, con una distancia de algo más de 152 millones de kilómetros, unos 5 millones de kilómetros más que a principios de enero, cuando la distancia al Sol alcanzó su mínimo.

A lo largo del siglo XXI, el verano se inicia entre los días 20 y 21 de junio (fecha oficial española) siendo su inicio más temprano el del año 2096 y el más tardío el de 2003. Las variaciones de un año a otro son debidas al modo en que la duración de la órbita de la Tierra alrededor del Sol (conocida como año trópico) encaja en la secuencia de años bisiestos del calendario.

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<p>El verano, que comenzará el próximo día 21 a las 12.07 hora peninsular, se verá realzado a lo largo de la estación por <strong>tres <a href=eclipses, uno total de luna -visible desde España- y dos parciales de sol. El solsticio de verano durará 93 días y 15 horas y terminará el 23 de septiembre con el comienzo del otoño, según cálculos facilitados por el Observatorio Astronómico Nacional (OAN) que también apunta, que el 21 de junio será el día de mayor duración del año y el 27 de junio el día que anochecerá más tarde.

A lo largo de la estación, se producirá un eclipse total lunar -el 27 de julio- visible en España, el resto de Europa y en amplias zonas de África, Asia y Oceanía, mientras que los eclipses de sol, ambos parciales, se darán el 13 de julio, en el sur de Australia y en la costa antártica, y el 11 de agosto, en el norte de Europa y en el noreste de Asia. 

Durante todo el solsticio, el firmamento estará presidido por los planetas Venus y Júpiter mientras que Marte, el planeta rojo, más brillante en esta estación que en cualquier otra época del año, comenzará a ser visible al amanecer para pasar a finales de julio, a ser observado por la noche y a comienzos de agosto, al atardecer.

Por otro lado, Saturno, el sexto planeta del sistema solar y el segundo en tamaño y masa después de Júpiter, será el protagonista de la noche al principio de la estación, pasando al atardecer en el mes de julio. La primera luna llena del verano llegará el 28 de junio y las dos siguientes el 27 de julio y el 26 de agosto; las Lunas Nuevas se sucederán el 13 de julio, el 11 de agosto y el 9 de septiembre.

Lluvias de estrellas

Las lluvias de meteoros alcanzarán su máximo ritmo con las Delta Acuáridas -30 de julio- y las populares Perseidas -12 de agosto-; desde el Observatorio Astronómico destacan que estas últimas coincidirán con la fase de luna nueva lo que propiciará un cielo oscuro durante toda la noche, excelente para observar las Perseidas. En cuanto a las constelaciones, durante el estío y alrededor de la Estrella Polar, se verán a lo largo de la noche Casiopea, Cefeo, el Cisne, el Dragón y las dos Osas, y de este a oeste, se distinguirán Pegaso, el Águila, la Corona Boreal y la Cabellera de Berenice.

Entre las estrellas más brillantes y visibles en esta época del año destacarán las que constituyen el "triángulo del verano": Altair (en el Águila), Deneb (en el Cisne) y Vega (en la Lira). Por estas fechas, se da el máximo alejamiento anual (afelio) entre la Tierra y el Sol y en este año, el alejamiento máximo se dará el día 6 de julio, con una distancia de algo más de 152 millones de kilómetros, unos 5 millones de kilómetros más que a principios de enero, cuando la distancia al Sol alcanzó su mínimo.

A lo largo del siglo XXI, el verano se inicia entre los días 20 y 21 de junio (fecha oficial española) siendo su inicio más temprano el del año 2096 y el más tardío el de 2003. Las variaciones de un año a otro son debidas al modo en que la duración de la órbita de la Tierra alrededor del Sol (conocida como año trópico) encaja en la secuencia de años bisiestos del calendario.

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residuos plásticos que escupe el ser humano a la naturaleza y que contaminan los mares. Porque hace 70 años, allá por 1950, la producción mundial de plástico no llegaba ni a los dos millones de toneladas al año. En 2016, el último ejercicio del que tiene datos la asociación PlasticsEurope, ya se produjeron 335 millones de toneladas.

El aumento año a año, década a década, ha sido constante e imparable: la barrera de los 50 millones de toneladas anuales se rebasó a mediados de los años setenta; la de los 100 millones, en 1990; la de los 300, durante esta década... Y si no se revierte el modelo actual, en 2050 estaremos rozando los 1.000 millones de toneladas de plástico anuales, según los cálculos realizados por Naciones Unidas. Hemos plastificado nuestro mundo. Estos polímeros artificiales derivados del petróleo son versátiles, resistentes y baratos. Y es literalmente imposible ya evitar el plástico en la vida cotidiana. En casi siete décadas (entre 1950 y 2015) se han producido en el mundo 8.300 millones de toneladas, según advertía un estudio publicado hace un año en la revista Science Advances.

Pero la clave para evitar el desastre no está tanto en reducir la producción de este material, sino en los residuos plásticos y en la forma en la que los tratamos. Es decir, la basura plástica que tarda décadas en desaparecer y que ahora nos encontramos en las playas o en el estómago de los cachalotes. Y en eso ha sido determinante el modelo económico lineal -producir, usar y tirar- en el que se instaló el mundo desarrollado desde los años cincuenta. Es ahí donde está el mayor problema, en la bajísima tasa de reciclaje, que, aunque se intenta elevar, sigue sin ser suficiente para paliar el deterioro del medio ambiente y muy insuficiente para transformar la economía en circular.

En ese mismo artículo de Science Advances se trazaba el recorrido que han seguido esos 8.300 millones de toneladas de plástico. Y solo 2.000 millones seguirían aún en uso en estos momentos en el mundo. El resto (6.300 millones de toneladas) son plásticos de un solo uso que mayoritariamente acabaron abandonados en la naturaleza o en vertederos. Solo un 9% del plástico habría sido reciclado. La Comisión Europea, por ejemplo, estima que cada año los eu­ropeos generan alrededor de 25 millones de toneladas de estos residuos. Y en la UE, que está en muchos casos a la cabeza de la conciencia medioambiental, menos del 30% del que se usa y desecha se recoge para ser reciclado.

España no es una excepción. Según los datos de PlasticsEurope, en 2016 se recogieron 2,3 millones de toneladas de residuos plásticos. Y el destino mayoritario (el 46%) fue el vertedero. Solo el 37% fue reciclado y el resto (17%) se incineró para producir energía. La Comisión ­Europea ha advertido en varias ocasiones a España de que necesita mejorar su tasa de reciclado y rebajar los desechos que terminan en los vertederos. Allí es donde va a parar, en el mejor de los casos, lo que no se recicla. En el peor, en la naturaleza; y especialmente en los mares. Se estima que ocho millones de toneladas de plásticos terminan en los océanos cada año. Parte acaban en el fondo, parte las ingieren los peces y parte son devueltas a las playas.

La tasa de depósito en Europa es mucho menor que la de España. De los 27,1 millones de toneladas que se recogen de estos residuos, el 27,3% de media en la UE (frente al 46% de España) acaba en un vertedero. El reciclado llega al 31,1% (algo por debajo del caso español) y la recuperación energética está en el 41,6%, muy por encima de la tasa de nuestro país.

El Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, organismo asesor de las instituciones de la UE, realizó en 2016 un completo análisis de la basura de una serie de playas europeas. Y la conclusión era rotunda: el 84% de los residuos encontrados durante el estudio en las playas eran plásticos. En este estudio también se creó un top ten de los residuos más presentes en las zonas analizadas que ha servido para elaborar la nueva estrategia que acaba de presentar la Comisión Europea. Se plantea, entre otras medidas, la supresión de plásticos de un solo uso como pajitas o cubiertos. El veto a este tipo de productos intenta romper con esa economía lineal que ha dominado el desarrollo económico de nuestra generación.

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<p><strong>Es un problema creado (sin duda alguna) por nuestra generación.</strong> Hace 70 años, simplemente, el planeta no tenía que bregar con los <a href=residuos plásticos que escupe el ser humano a la naturaleza y que contaminan los mares. Porque hace 70 años, allá por 1950, la producción mundial de plástico no llegaba ni a los dos millones de toneladas al año. En 2016, el último ejercicio del que tiene datos la asociación PlasticsEurope, ya se produjeron 335 millones de toneladas.

El aumento año a año, década a década, ha sido constante e imparable: la barrera de los 50 millones de toneladas anuales se rebasó a mediados de los años setenta; la de los 100 millones, en 1990; la de los 300, durante esta década... Y si no se revierte el modelo actual, en 2050 estaremos rozando los 1.000 millones de toneladas de plástico anuales, según los cálculos realizados por Naciones Unidas. Hemos plastificado nuestro mundo. Estos polímeros artificiales derivados del petróleo son versátiles, resistentes y baratos. Y es literalmente imposible ya evitar el plástico en la vida cotidiana. En casi siete décadas (entre 1950 y 2015) se han producido en el mundo 8.300 millones de toneladas, según advertía un estudio publicado hace un año en la revista Science Advances.

Pero la clave para evitar el desastre no está tanto en reducir la producción de este material, sino en los residuos plásticos y en la forma en la que los tratamos. Es decir, la basura plástica que tarda décadas en desaparecer y que ahora nos encontramos en las playas o en el estómago de los cachalotes. Y en eso ha sido determinante el modelo económico lineal -producir, usar y tirar- en el que se instaló el mundo desarrollado desde los años cincuenta. Es ahí donde está el mayor problema, en la bajísima tasa de reciclaje, que, aunque se intenta elevar, sigue sin ser suficiente para paliar el deterioro del medio ambiente y muy insuficiente para transformar la economía en circular.

En ese mismo artículo de Science Advances se trazaba el recorrido que han seguido esos 8.300 millones de toneladas de plástico. Y solo 2.000 millones seguirían aún en uso en estos momentos en el mundo. El resto (6.300 millones de toneladas) son plásticos de un solo uso que mayoritariamente acabaron abandonados en la naturaleza o en vertederos. Solo un 9% del plástico habría sido reciclado. La Comisión Europea, por ejemplo, estima que cada año los eu­ropeos generan alrededor de 25 millones de toneladas de estos residuos. Y en la UE, que está en muchos casos a la cabeza de la conciencia medioambiental, menos del 30% del que se usa y desecha se recoge para ser reciclado.

España no es una excepción. Según los datos de PlasticsEurope, en 2016 se recogieron 2,3 millones de toneladas de residuos plásticos. Y el destino mayoritario (el 46%) fue el vertedero. Solo el 37% fue reciclado y el resto (17%) se incineró para producir energía. La Comisión ­Europea ha advertido en varias ocasiones a España de que necesita mejorar su tasa de reciclado y rebajar los desechos que terminan en los vertederos. Allí es donde va a parar, en el mejor de los casos, lo que no se recicla. En el peor, en la naturaleza; y especialmente en los mares. Se estima que ocho millones de toneladas de plásticos terminan en los océanos cada año. Parte acaban en el fondo, parte las ingieren los peces y parte son devueltas a las playas.

La tasa de depósito en Europa es mucho menor que la de España. De los 27,1 millones de toneladas que se recogen de estos residuos, el 27,3% de media en la UE (frente al 46% de España) acaba en un vertedero. El reciclado llega al 31,1% (algo por debajo del caso español) y la recuperación energética está en el 41,6%, muy por encima de la tasa de nuestro país.

El Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, organismo asesor de las instituciones de la UE, realizó en 2016 un completo análisis de la basura de una serie de playas europeas. Y la conclusión era rotunda: el 84% de los residuos encontrados durante el estudio en las playas eran plásticos. En este estudio también se creó un top ten de los residuos más presentes en las zonas analizadas que ha servido para elaborar la nueva estrategia que acaba de presentar la Comisión Europea. Se plantea, entre otras medidas, la supresión de plásticos de un solo uso como pajitas o cubiertos. El veto a este tipo de productos intenta romper con esa economía lineal que ha dominado el desarrollo económico de nuestra generación.

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CO2 se mueve entre la atmósfera y los océanos. Los tensioactivos son compuestos orgánicos producidos por el plancton marino y las bacterias que forman una película oleosa en la superficie del agua. Publicando sus hallazgos en la revista Nature Geoscience, científicos de las universidades de Newcastle, Heriot-Watt y Exeter aseguran que los resultados tienen implicaciones importantes para predecir nuestro clima futuro.

Los océanos del mundo absorben actualmente alrededor de un cuarto de todas las emisiones antropogénicas de dióxido de carbono, lo que los convierte en el mayor sumidero de carbono a largo plazo en la Tierra. El intercambio de gases entre la atmósfera y el océano está controlado por la turbulencia en la superficie del mar, cuya principal causa son las olas generadas por el viento. Una mayor turbulencia significa un mayor intercambio de gases y, hasta ahora, era difícil calcular el efecto de los tensioactivos biológicos en este intercambio.

El Consejo de Investigación del Medio Ambiente Natural (NERC), Leverhulme Trust y el equipo financiado por la Agencia Espacial Europea desarrollaron un novedoso sistema experimental que compara directamente el "efecto surfactante" entre diferentes aguas marinas recolectadas a lo largo de cruceros oceanográficos, en tiempo real. Usando esto y las observaciones satelitales, el equipo descubrió que los surfactantes pueden reducir el intercambio de dióxido de carbono hasta en un 50%.

Eliminación de CO2 más lenta

El profesor Rob Upstill-Goddard, profesor de biogeoquímica marina en la Universidad de Newcastle, dijo: "Estos últimos resultados se basan en nuestros hallazgos previos que, contrariamente a lo que se suele pensar, los grandes enriquecimientos en la superficie del mar de los surfactantes naturales contrarrestan los efectos de los fuertes vientos". "La supresión de la absorción de dióxido de carbono a través de la cuenca oceánica debido a los surfactantes, como revela nuestro trabajo, implica una eliminación más lenta de dióxido de carbono antropogénico de la atmósfera y, por lo tanto, tiene implicaciones para predecir el clima mundial futuro".

"A medida que aumentan las temperaturas de la superficie, también lo hacen los surfactantes, por lo que este es un hallazgo tan crítico", agrega Ryan Pereira, de la Universidad Heriot-Watt en Edimburgo. "Cuanto más cálida es la superficie del océano, más surfactantes podemos esperar, y una reducción aún mayor en el intercambio de gases", matiza. "Lo que descubrimos en 13 sitios a través del océano Atlántico es que los surfactantes biológicos suprimen la tasa de intercambio de gases causada por el viento. Hicimos mediciones únicas de transferencia de gas usando un tanque especialmente diseñado que podría medir el intercambio relativo de gases impactados solo por surfactantes presentes en estos sitios", continúa el experto.

"Estos surfactantes naturales no son necesariamente visibles como una mancha de aceite o una espuma, y son incluso difíciles de identificar desde los satélites que monitorizan la superficie de nuestro océano", subraya Pereira. "Necesitamos poder medir e identificar la materia orgánica en la microcapa superficial del océano para poder estimar de manera confiable las tasas de intercambio gaseoso de gases climáticamente activos, como el dióxido de carbono y el metano", concluye el investigador.

El equipo de la Universidad de Exeter, Jamie Shutler e Ian Ashton, por su parte, añaden que "la combinación de esta nueva investigación con una gran cantidad de datos satelitales disponibles nos permite considerar el efecto de los surfactantes en el intercambio de gases en todo el océano Atlántico, ayudándonos a controlar el dióxido de carbono a escala mundial". El equipo recolectó muestras a través del océano Atlántico en 2014, durante un estudio con el programa multidisciplinar Atlantic Meridional Transect (AMT). Cada año, el crucero AMT realiza investigaciones oceanográficas biológicas, químicas y físicas entre el Reino Unido y las Islas Malvinas, Sudáfrica o Chile, una distancia de hasta 13.500 kilómetros, para estudiar la salud y la función de nuestros océanos.

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<p><strong>Una capa invisible de compuestos biológicos en la superficie del mar reduce la velocidad a la que el <a href=CO2 se mueve entre la atmósfera y los océanos. Los tensioactivos son compuestos orgánicos producidos por el plancton marino y las bacterias que forman una película oleosa en la superficie del agua. Publicando sus hallazgos en la revista Nature Geoscience, científicos de las universidades de Newcastle, Heriot-Watt y Exeter aseguran que los resultados tienen implicaciones importantes para predecir nuestro clima futuro.

Los océanos del mundo absorben actualmente alrededor de un cuarto de todas las emisiones antropogénicas de dióxido de carbono, lo que los convierte en el mayor sumidero de carbono a largo plazo en la Tierra. El intercambio de gases entre la atmósfera y el océano está controlado por la turbulencia en la superficie del mar, cuya principal causa son las olas generadas por el viento. Una mayor turbulencia significa un mayor intercambio de gases y, hasta ahora, era difícil calcular el efecto de los tensioactivos biológicos en este intercambio.

El Consejo de Investigación del Medio Ambiente Natural (NERC), Leverhulme Trust y el equipo financiado por la Agencia Espacial Europea desarrollaron un novedoso sistema experimental que compara directamente el "efecto surfactante" entre diferentes aguas marinas recolectadas a lo largo de cruceros oceanográficos, en tiempo real. Usando esto y las observaciones satelitales, el equipo descubrió que los surfactantes pueden reducir el intercambio de dióxido de carbono hasta en un 50%.

Eliminación de CO2 más lenta

El profesor Rob Upstill-Goddard, profesor de biogeoquímica marina en la Universidad de Newcastle, dijo: "Estos últimos resultados se basan en nuestros hallazgos previos que, contrariamente a lo que se suele pensar, los grandes enriquecimientos en la superficie del mar de los surfactantes naturales contrarrestan los efectos de los fuertes vientos". "La supresión de la absorción de dióxido de carbono a través de la cuenca oceánica debido a los surfactantes, como revela nuestro trabajo, implica una eliminación más lenta de dióxido de carbono antropogénico de la atmósfera y, por lo tanto, tiene implicaciones para predecir el clima mundial futuro".

"A medida que aumentan las temperaturas de la superficie, también lo hacen los surfactantes, por lo que este es un hallazgo tan crítico", agrega Ryan Pereira, de la Universidad Heriot-Watt en Edimburgo. "Cuanto más cálida es la superficie del océano, más surfactantes podemos esperar, y una reducción aún mayor en el intercambio de gases", matiza. "Lo que descubrimos en 13 sitios a través del océano Atlántico es que los surfactantes biológicos suprimen la tasa de intercambio de gases causada por el viento. Hicimos mediciones únicas de transferencia de gas usando un tanque especialmente diseñado que podría medir el intercambio relativo de gases impactados solo por surfactantes presentes en estos sitios", continúa el experto.

"Estos surfactantes naturales no son necesariamente visibles como una mancha de aceite o una espuma, y son incluso difíciles de identificar desde los satélites que monitorizan la superficie de nuestro océano", subraya Pereira. "Necesitamos poder medir e identificar la materia orgánica en la microcapa superficial del océano para poder estimar de manera confiable las tasas de intercambio gaseoso de gases climáticamente activos, como el dióxido de carbono y el metano", concluye el investigador.

El equipo de la Universidad de Exeter, Jamie Shutler e Ian Ashton, por su parte, añaden que "la combinación de esta nueva investigación con una gran cantidad de datos satelitales disponibles nos permite considerar el efecto de los surfactantes en el intercambio de gases en todo el océano Atlántico, ayudándonos a controlar el dióxido de carbono a escala mundial". El equipo recolectó muestras a través del océano Atlántico en 2014, durante un estudio con el programa multidisciplinar Atlantic Meridional Transect (AMT). Cada año, el crucero AMT realiza investigaciones oceanográficas biológicas, químicas y físicas entre el Reino Unido y las Islas Malvinas, Sudáfrica o Chile, una distancia de hasta 13.500 kilómetros, para estudiar la salud y la función de nuestros océanos.

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El Hierro, Belén Allende, cuando recuerda que el proyecto, la central hidroeólica “Gorona del Viento” se puso en funcionamiento, “como una idea audaz” de forma experimental en junio de 2014.

Amortizada el 26 de junio

“Ahora resulta fácil”, pero entonces parecía utópico embarcarnos en un proyecto de autoabastecimiento con elementos que nos son propios, como la orografía y el potencial eólico. “Tenemos una garantía de más de 300 días de viento al año” y grandes “oquedades naturales” que sirvieron -las de menor valor ambiental- para los grandes depósitos de agua para turbinar, pues era necesario incorporar los saltos de agua para los períodos de calma eólica.

Central hidroeólica

Desde 2015 la central hidroeólica vende energía a la red y “generando beneficios” explica Allende recurriendo al “cuento de la abuelita” o lo que es lo mismo, “todo lo que ganes no lo gastes sino que debes de ahorrar”, una filosofía que les ha permitido pagar la deuda en un tiempo récord. “Fue -evoca- un compromiso muy ambicioso, estamos hablando que se invirtieron 82 millones de euros y nos va a permitir que el próximo 26 de junio -en apenas 10 días-, poder contar que ya hemos pagado, que hemos amortizado el proyecto” y este año estamos repartiendo beneficios entre la ciudadanía.

Aunque parezca fácil, ha llevado su tiempo porque cuando surgió la idea hace 20 años, que estuviera liderada por una institución pública pequeña en la isla más pequeña del archipiélago, “no estaba como muy bien visto”, relata a EFEverde. “Las grandes operadoras del sector de la electricidad pesaban mucho y romper esa barrera era armarte como un quijote contra los molinos”, explica a EFEverde con vehemencia. Ahora, este año repartimos dividendos y el próximos “dividendos multiplicados, porque no tendremos que hacer frente a ningún tipo de amortización”. El cabildo cuenta con el 66% del proyecto, un 11% el Gobierno de Canarias con su instituto tecnológico y el resto a Endesa “porque era una condición que se nos puso para la gestión de esa energía”.

Movilidad eléctrica, nuevo reto

Entre los nuevos retos, la movilidad sostenible y reinvertir en la gente, Así, todos los jóvenes herreños que estén desarrollando proyectos de formación personal y profesional fuera de nuestras fronteras tendrán su movilidad pública pagada a través del proyecto Gorona del Viento, anuncia. Y es que, desde el Cabildo, no se olvidan de la población más desfavorecida, “que lo pasó muy mal con la crisis económica y la crisis sísmico volcánica” de 2012 a 2015 “que lastró nuestra sociedad y fue muy dolorosa”.

Pero el futuro, y el presente, se vislumbre eléctrico y por ello, la transición hacia un modelo de “movilidad eco” destaca en sus planes, de tal forma que al ciudadano le sea “fácil adquirir un vehículo eléctrico en compra o renting” y renovar un parque móvil de unos 8.000 vehículos. Allende desgrana también, con orgullo, las cifras ambientales: hemos evitamos en un año la emisión a la atmósfera mas de 18.000 toneladas de CO2 y dejado de quemar 6.000 toneladas de fuel “con un ahorro de más de 1,8 millones de euros que pagabamos en combustible”.

Con este bagaje, desde la Agrupación Herreña Independiente, Allende está convencida que el presente es sostenible y por ahí deben venir los futuros ingresos, avanzando en cuestiones como el ciclo del agua o los residuos. “En muchas cosas debemos volver la vista hacia cosas que hacían nuestros padres y abuelos pero con I+D, creando oportunidades de tal forma que un joven que este en la tesitura de volver a la isla o permanecer en la metrópoli, opte por quedarse en El Hierro y para eso la isla debe erigirse como faro de sostenibilidad”.

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<p>Lo explica con pasión, en una entrevista con EFEverde, la presidenta del Cabildo de <a href=El Hierro, Belén Allende, cuando recuerda que el proyecto, la central hidroeólica “Gorona del Viento” se puso en funcionamiento, “como una idea audaz” de forma experimental en junio de 2014.

Amortizada el 26 de junio

“Ahora resulta fácil”, pero entonces parecía utópico embarcarnos en un proyecto de autoabastecimiento con elementos que nos son propios, como la orografía y el potencial eólico. “Tenemos una garantía de más de 300 días de viento al año” y grandes “oquedades naturales” que sirvieron -las de menor valor ambiental- para los grandes depósitos de agua para turbinar, pues era necesario incorporar los saltos de agua para los períodos de calma eólica.

Central hidroeólica

Desde 2015 la central hidroeólica vende energía a la red y “generando beneficios” explica Allende recurriendo al “cuento de la abuelita” o lo que es lo mismo, “todo lo que ganes no lo gastes sino que debes de ahorrar”, una filosofía que les ha permitido pagar la deuda en un tiempo récord. “Fue -evoca- un compromiso muy ambicioso, estamos hablando que se invirtieron 82 millones de euros y nos va a permitir que el próximo 26 de junio -en apenas 10 días-, poder contar que ya hemos pagado, que hemos amortizado el proyecto” y este año estamos repartiendo beneficios entre la ciudadanía.

Aunque parezca fácil, ha llevado su tiempo porque cuando surgió la idea hace 20 años, que estuviera liderada por una institución pública pequeña en la isla más pequeña del archipiélago, “no estaba como muy bien visto”, relata a EFEverde. “Las grandes operadoras del sector de la electricidad pesaban mucho y romper esa barrera era armarte como un quijote contra los molinos”, explica a EFEverde con vehemencia. Ahora, este año repartimos dividendos y el próximos “dividendos multiplicados, porque no tendremos que hacer frente a ningún tipo de amortización”. El cabildo cuenta con el 66% del proyecto, un 11% el Gobierno de Canarias con su instituto tecnológico y el resto a Endesa “porque era una condición que se nos puso para la gestión de esa energía”.

Movilidad eléctrica, nuevo reto

Entre los nuevos retos, la movilidad sostenible y reinvertir en la gente, Así, todos los jóvenes herreños que estén desarrollando proyectos de formación personal y profesional fuera de nuestras fronteras tendrán su movilidad pública pagada a través del proyecto Gorona del Viento, anuncia. Y es que, desde el Cabildo, no se olvidan de la población más desfavorecida, “que lo pasó muy mal con la crisis económica y la crisis sísmico volcánica” de 2012 a 2015 “que lastró nuestra sociedad y fue muy dolorosa”.

Pero el futuro, y el presente, se vislumbre eléctrico y por ello, la transición hacia un modelo de “movilidad eco” destaca en sus planes, de tal forma que al ciudadano le sea “fácil adquirir un vehículo eléctrico en compra o renting” y renovar un parque móvil de unos 8.000 vehículos. Allende desgrana también, con orgullo, las cifras ambientales: hemos evitamos en un año la emisión a la atmósfera mas de 18.000 toneladas de CO2 y dejado de quemar 6.000 toneladas de fuel “con un ahorro de más de 1,8 millones de euros que pagabamos en combustible”.

Con este bagaje, desde la Agrupación Herreña Independiente, Allende está convencida que el presente es sostenible y por ahí deben venir los futuros ingresos, avanzando en cuestiones como el ciclo del agua o los residuos. “En muchas cosas debemos volver la vista hacia cosas que hacían nuestros padres y abuelos pero con I+D, creando oportunidades de tal forma que un joven que este en la tesitura de volver a la isla o permanecer en la metrópoli, opte por quedarse en El Hierro y para eso la isla debe erigirse como faro de sostenibilidad”.

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Universidad de Murcia (UMU).

El acuario trabaja desde hace 20 años en la cría en cautividad del caballito de mar de manera pionera a nivel mundial: la UMU ha conseguido cerrar el ciclo de diez especies, entre las que se encuentra el Hippocampus guttulatus, característico del mar Menor.

El Gobierno autonómico pretende conseguir más datos sobre la biología de las especies más singulares del Mar Menor para conocer en profundidad su estado evolutivo y garantizar su supervivencia.

La creación del reservorio se haría de forma progresiva, con una primera fase que se centraría en algunas de las especies más representativas del mar Menor. Por un lado, dos especies de peces como el caballito de mar y la aguja (con ejemplares de las tres familias presentes en la laguna; aguja de río, aguja mula y aguja de mar). Y por otro lado, dos tipos de moluscos catalogados en peligro de extinción, como la nacra y una especie de la familia de las almejas.

Los fines de esta primera fase son conseguir la correcta adaptación de los ejemplares seleccionados a los sistemas cerrados de las instalaciones de la Universidad, así como formar un grupo de reproductores inicial que pueda constituirse como base para futuras ampliaciones del banco de especies.

El objetivo último sería desarrollar un protocolo de cría en cautividad que permita poner en marcha proyectos de repoblación. "La repoblación artificial es la última opción, ya que lo ideal, como está sucediendo ahora, es que estas poblaciones se recuperen de manera natural. Sin embargo, nuestro objetivo es estar preparados ante posibles eventos puntualmente críticos con el medio natural", ha señalado el consejero de Empleo, Universidades, Empresa y Medio Ambiente, Javier Celdrán.

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<p>La Región de Murcia trabaja en la creación del <strong>"Banco de Especies Emblemáticas y de Singular Importancia del Mar Menor",</strong> un proyecto que se estudia con el Acuario de la <a href=Universidad de Murcia (UMU).

El acuario trabaja desde hace 20 años en la cría en cautividad del caballito de mar de manera pionera a nivel mundial: la UMU ha conseguido cerrar el ciclo de diez especies, entre las que se encuentra el Hippocampus guttulatus, característico del mar Menor.

El Gobierno autonómico pretende conseguir más datos sobre la biología de las especies más singulares del Mar Menor para conocer en profundidad su estado evolutivo y garantizar su supervivencia.

La creación del reservorio se haría de forma progresiva, con una primera fase que se centraría en algunas de las especies más representativas del mar Menor. Por un lado, dos especies de peces como el caballito de mar y la aguja (con ejemplares de las tres familias presentes en la laguna; aguja de río, aguja mula y aguja de mar). Y por otro lado, dos tipos de moluscos catalogados en peligro de extinción, como la nacra y una especie de la familia de las almejas.

Los fines de esta primera fase son conseguir la correcta adaptación de los ejemplares seleccionados a los sistemas cerrados de las instalaciones de la Universidad, así como formar un grupo de reproductores inicial que pueda constituirse como base para futuras ampliaciones del banco de especies.

El objetivo último sería desarrollar un protocolo de cría en cautividad que permita poner en marcha proyectos de repoblación. "La repoblación artificial es la última opción, ya que lo ideal, como está sucediendo ahora, es que estas poblaciones se recuperen de manera natural. Sin embargo, nuestro objetivo es estar preparados ante posibles eventos puntualmente críticos con el medio natural", ha señalado el consejero de Empleo, Universidades, Empresa y Medio Ambiente, Javier Celdrán.

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16/02/2017

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