Un estudio publicado en la revista Nature en el que se analizaba el genoma de los pulpos llegaba a la conclusión de que, debido a sus numerosos codificadores de proteínas y a la capacidad de su genoma de permitir que los tejidos modifiquen rápidamente proteínas para cambiar su función, son animales que podrían calificarse como alienígenas.

Además, aspectos como su gran inteligencia -tiene nueve cerebros independientes, con uno por cada tentáculo- y su capacidad para aprender y recordar, le ponen en una liga distinta a otros invertebrados.

Hace poco incluso se descubrió una “ciudad” a la que los científicos bautizaron como “Octlantis” donde existía una comunidad de una quincena de pulpos que habían construido sus propios hogares con arena y conchas.

Otra de sus fascinantes cualidades es su capacidad para cambiar de color y textura en décimas de segundo, mimetizándose así con el entorno con una sofisticación que deja a los camaleones en pañales. A modo de ejemplo, pueden llegar a adoptar la forma de un cangrejo en celo para atraer a crustáceos incautos.

Piel de los pulpos

Precisamente esta propiedad de la piel del pulpo ha sido la fuente de inspiración de un equipo de científicos e ingenieros de la Universidad de Cornell (EEUU) en colaboración con Roger Hanlon, un experto en estos cefalópodos. Ya en 2014 este mismo equipo había descrito las técnicas de camuflaje utilizadas por los cefalópodos en el Journal of Morphology. Ahora se han propuesto imitarlas.

El sistema que han desarrollado, y cuyos resultados se han publicado en la revista Science, consiste en una delgada membrana de silicona que puede adoptar formas tridimensionales complejas.

El material, que se activa neumáticamente, simula las papilas del pulpo, que son terminaciones musculares sin una estructura ósea subyacente como la lengua humana, para generar texturas.

Las papilas de los calamares, por ejemplo, pueden adoptar una docena de formas, ya sea cónicas o de trilóbulo y retraerse en unos instantes para permitir al animal nadar sin que nada le entorpezca.

Cefalópodos

“Nos llamó la atención la forma en que los cefalópodos cambiaban la textura de su piel así que nos hemos inspirado en la capacidad de sus músculos para generar tales cambios y hemos utilizado esas ideas en un método para controlar la forma de materiales elásticos y blandos”, ha declarado James Pikul, autor principal del estudio y profesor adjunto del Departamento de Ingeniería Mecánica y Mecánica Aplicada de la Universidad de Pensilvania.

“La piel sintética desarrollada por Pikul y su equipo se puede programar para que adopte diversas formas, ya sea piedras o plantas”.

La membrana desarrollada por Pikul y su equipo se puede programar para que adopte diversas formas, ya sea piedras o plantas. Un robot recubierto con esta membrana sería capaz de mimetizarse, pues, con los elementos de su entorno.

Sin embargo, el camuflaje no es su única función, ya que estos cambios de textura podrían permitir a la membrana absorber más luz y, por tanto, elevar su temperatura.

Los cefalópodos, una fuente de inspiración recurrente

Aunque esta membrana neumática es una de las tecnologías más avanzada de camuflaje hasta la fecha inspiradas en el mundo de los cefalópodos, no es la única.

En 2014 un equipo de la Universidad de Illinois liderado por el profesor John Rogers presentó un prototipo de camuflaje optoelectrónico capaz de reconocer la luz y modificar su color en función del entorno. Sin embargo, se trataba de un sistema que solo reconocía escalas de gris y de aplicaciones mucho más limitadas que el sistema propuesto por Pikul.

Fuente: I´MNOVATION #hub,



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