El Amazonas arde. Esta vasta región acumula desde finales de agosto, sobre todo en Brasil y Bolivia, decenas de miles de focos diseminados por la selva, una tragedia medioambiental que ha desatado la alarma social en todo el mundo.

Los bosques son uno de los sumideros de carbono naturales más importantes del planeta para contener el calentamiento global. Mediante la fotosíntesis, las plantas absorben CO2 de la atmósfera y devuelven oxígeno.

El área amazónica es un arma esencial para evitar que la temperatura siga aumentando. Pero no solo eso, el Amazonas alberga una riqueza sociocultural, con centenares de pueblos indígenas aislados y una cultura ancestral, cuyo legado podría perderse.

Ya se habla de que son los peores incendios en la zona desde el año 2010, según los datos ofrecidos por organismos dedicados a la observación de estos desastres naturales. Pero lo cierto es que no se trata de una situación esporádica y, ni mucho menos, nueva.

Y es que agosto es un mes propenso a los incendios forestales no solo en Europa, también en la Amazonía a pesar de ser una selva tropical con una alta humedad. Un pico anual en el calendario relacionado con la falta de lluvias de este periodo, pero sobre todo con los momentos de siembra.

No es casual

Según el Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía (IPAM), muchos de los focos en esta zona son provocados deliberadamente por personas, grupos pequeños que se benefician de la destrucción de áreas de bosque para que puedan ser destinadas a la agricultura.

La tragedia de los incendios en el Amazonas, de consecuencias globales y un grave peligro para la lucha contra el cambio climático, cuenta con un complejo componente político y económico que está pidiendo a gritos soluciones gubernamentales capaces de estrechar el cerco a este desastre ambiental.

Esa, precisamente, es otra de las cuestiones centrales del problema. El Amazonas es un bien de riqueza mundial y se han abierto nuevas preguntas acerca de quién es responsable de protegerlo, ya que los incendios son una amenaza para el equilibrio climático del planeta. Así, el Grupo de los 7 acordó proveer de un fondo de US$22 millones para combatir los incendios. Mientras, el debate continúa.

Más incendios activos en África que en el Amazonas

Pero no todo lo que se quema está en el Amazonas. Las grandes sequías y las altas temperaturas (el mes de julio de 2019 fue el más caluroso jamás registrado) son un caldo de cultivo perfecto para que los incendios forestales se produzcan y propaguen a toda velocidad. Si a eso le unimos los focos provocados intencionadamente por el ser humano, el panorama es desolador.

Actualmente, África arde más que el Amazonas. Unos 10.000 incendios están activos solo en el Congo y en Angola. Muchas veces se producen a causa de fórmulas ancestrales para gestionar el cultivo, la caza o el pastoreo, pero se calcula que un 10% de esas quemas quedan fuera de control y son las responsables del 90% de la superficie quemada.

La Unión Europea también arroja datos preocupantes, ya que ha registrado más de 1.600 incendios con superficies quemadas de más de 30 hectáreas, que es cuatro veces el promedio anual de la década anterior.

Incendios en el Ártico, una escalada sin precedentes

A pesar de lo que pueda parecer, los incendios en esta época del año también son una preocupación habitual en el Ártico a causa de factores atmosféricos como tormentas secas y el tiempo cálido, pero las temperaturas inusualmente altas y la baja humedad en el suelo han desatado este año una escalada de incendios en la zona sin precedentes.

La información que ofrece Copérnico, el programa de observación de la Tierra de la Unión Europea, es que desde julio de 2019 los incendios han estado haciendo estragos en Siberia, Alaska, Groenlandia o en el Norte de Canadá, tanto que se ha producido otro récord inquietante: el incendio forestal del Ártico más longevo jamás registrado.

El humo de los incendios forestales de Siberia se ha extendido por una superficie más grande que el área de la Unión Europea y los incendios de Alaska han liberado más del doble de la cantidad de dióxido de carbono que el estado emite anualmente por la quema de combustibles fósiles.

Incendios y cambio climático

Los incendios no son solo un desastre natural porque lo devoran todo a su paso, sino porque liberan a la atmósfera una gran cantidad de dióxido de carbono, uno de los gases de efecto invernadero responsable del calentamiento del planeta.

De hecho, según expertos, los incendios de la Amazonía podrían influir directamente en el clima de América del Sur, provocando la disminución de lluvias y, por tanto, una estación seca más intensa.

Los incendios forestales del Ártico también son muy preocupantes desde el punto de vista del cambio climático, ya que las partículas que se liberan en ellos probablemente se asentarán en el hielo oscureciéndolo, un fenómeno que provoca que la luz solar se absorba en vez de reflejada, lo que agrava el problema del calentamiento global.

En estas circunstancias, a largo plazo el objetivo comprometido por los países en el Acuerdo de París de mantener el aumento de la temperatura del planeta en un máximo de 1,5 °C con respecto a la era preindustrial podría peligrar más aún a causa de esta escalada de incendios en tantos puntos del planeta, de ahí la urgencia de que los gobiernos del mundo afronten este problema medioambiental de manera global.

Fuente: Sostenibilidad,

Artículo de referencia: https://www.sostenibilidad.com/medio-ambiente/otros-amazonas-tambien-arden/,



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