El agua en movimiento

Desde su nacimiento en la Selva Negra alemana hasta su desembocadura en la costa del Mar Negro, el agua del Danubio atraviesa montañas, valles, llanuras, innumerables poblaciones, incluidas Viena, Bratislava, Budapest y Belgrado, y diez países.

En su viaje de casi 3 000 kilómetros, el Danubio confluye con los afluentes que transportan agua de otros nueve países. Hoy en día, millones de personas de todo el continente europeo están conectadas de una u otra manera al Danubio y a sus afluentes.

Lo que sucede aguas arriba tiene repercusión, aunque no solo, aguas abajo. Está claro que los contaminantes liberados aguas arriba se transportarán aguas abajo, aunque los buques remontan la corriente también pueden facilitar la propagación de especies exóticas, como, por ejemplo, la almeja asiática, que se está desplazando hacia el oeste en el Danubio y que puede colonizar grandes zonas a menudo en detrimento de las especies nativas.

Cuando los contaminantes o las especies exóticas entran en esta masa de agua, se convierten instantáneamente en un problema compartido.

Gobernanza más allá de la masa terrestre

Las estructuras de gobernanza actuales se basan casi en su totalidad en una asignación común de la masa terrestre a los territorios. Podemos acordar normas comunes que se apliquen dentro de una zona definida y establecer organismos para hacer cumplir tales normas comunes.

Podemos pactar incluso zonas económicas en el mar y reclamar los recursos que tales zonas contengan. Ciertos buques pueden estar autorizados a faenar en esas zonas; las empresas pueden tener derecho a prospectar minerales del lecho marino. Pero, ¿qué sucede cuando los peces migran al norte o las islas flotantes de plástico acaban en sus costas?

A diferencia de las masas terrestres, el agua está en constante movimiento, sea cual fuere su forma, desde una única gota de lluvia hasta una fuerte corriente oceánica o una marejada ciclónica.

Las poblaciones de peces y los contaminantes, incluidos productos químicos invisibles como los plaguicidas y contaminantes visibles como los plásticos, no respetan las fronteras geopolíticas ni las zonas económicas definidas por acuerdos internacionales entre Estados. Al igual que el aire que respiramos, unos ríos, lagos y mares más limpios y saludables requieren un planteamiento de gobernanza más amplio basado en la cooperación regional e internacional.

Gestión de cuencas hidrográficas

Un enfoque de refuerzo de la cooperación es uno de los principios clave que subyacen tras las políticas de la UE en materia de agua. La Directiva marco sobre el agua de la UE en —uno de los pilares de la legislación sobre el agua de la UE— considera un sistema fluvial como una unidad geográfica e hidrológica única, independientemente de las fronteras administrativas y políticas.

La Directiva obliga a los Estados miembros a elaborar planes de gestión de cuenca hidrográfica. Dado que muchos de los ríos europeos cruzan fronteras nacionales, estos planes de gestión de cuenca hidrográfica se elaboran y aplican en cooperación con otros países, incluidos países europeos que no son Estados miembros de la UE.

La cooperación en torno al Danubio es una de las iniciativas más antiguas de gestión de aguas transfronterizas, pues data de finales del siglo XIX. Con el tiempo, la atención ha pasado de la navegación a cuestiones medioambientales como la contaminación y la calidad del agua.

En la actualidad, las iniciativas para garantizar el uso y la gestión sostenibles del Danubio se coordinan en torno a la Comisión Internacional para la Protección del Danubio (CIPD), que reúne a 14 Estados cooperantes (tanto Estados miembros de la UE como terceros países) y a la propia UE y cuenta con un mandato que comprende toda la cuenca hidrográfica del Danubio e incluye sus afluentes, así como los recursos hídricos subterráneos.

CIPD

La CIPD es el organismo responsable del desarrollo y la ejecución del plan de gestión de la cuenca hidrográfica del Danubio. Existen órganos de gobernanza similares para otras cuencas hidrográficas internacionales de la UE, como las del Rin y el Mosa.

La Directiva marco sobre el agua exige asimismo a las autoridades que permitan la participación pública en los procesos de toma de decisiones referidos al desarrollo y la aplicación de planes hidrológicos de cuenca.

Los Estados miembros o las autoridades de gestión de las cuencas hidrográficas pueden cumplir este requisito de participación pública de diversas maneras. Por ejemplo, la CIPD habilita la participación pública fundamentalmente a través de la participación activa de organizaciones de partes interesadas y de la consulta pública durante la fase de elaboración de los planes hidrológicos de cuenca.

Habida cuenta de sus enormes dimensiones, la gobernanza de los océanos sigue representando un problema aún más complejo.

Fuente: Agencia Europea de Medio Ambiente,

Artículo de referencia: https://www.eea.europa.eu/es/senales/senales-2018-el-agua-es-vida/articulos/gobernanza-el-agua-en-movimiento,



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