| España está a la cabeza de la energía eólica y fotovoltaica. Dos negocios que, más allá de la etiqueta de 'verdes', ya
suman una facturación de 5.000 millones de euros. El número de empresas que explotan el sol y el viento,
recursos inagotables y no contaminantes, se multiplican al calor de tan apetitoso bocado económico.

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Los molinos eólicos y paneles
solares no son una fantasía
económica. España
es ya el segundo país del mundo
en eólica y uno de los primeros
en solar fotovoltaica. Muchas de
las empresas del sector, Gamesa,
Ecotecnia, Atersa o Isofotón,
son ya multinacionales que exportan
tanto como lo que facturan
en España.
Tan fuerte es el negocio internacional
de los fabricantes españoles
que apenas sintieron el estancamiento de la demanda en 2006. “El crecimiento mundial es tan rápido”,
dice Jordi Torras, director
comercial de Ecotecnia, “que vendemos
todo lo que producimos”.
A Europa, que hasta hace poco
era casi el único continente en
apostar por la eólica, se le han unido
otras zonas como EE UU.
Entre la explosión en España y
la aceptación de sus productos fuera,
las empresas crecen a gran velocidad.
Isofoton, una de las pioneras
del sector solar, tenía unas ventas
del 27,7 millones de euros en
2000. El año pasado llegaba a
220 millones. Ecotecnia va igual
de rápido. Con 45,6 millones de ingresos
en el 2000, acabó el año pasado
con 220 millones y espera doblar
esa cifra en 2007.
Ante tal empuje las grandes
empresas, muchas ajenas a la energía,
han tomado posiciones en el
sector. Iberdrola factura cada vez
más con la eólica, igual que Hidrocantábrico
o Acciona. La constructora
de la familia Entrecanales,
por ejemplo, con presencia en todo
el abanico de las renovables, ha
pasado de 73 millones a 365 millones
en los últimos cuatro años.
La multiplicación de parques
eólicos ha beneficiado a la industria
de aerogeneradores —Gamesa,
48% del mercado; Ecotecnia,
19,8%; Vestas, 15%; GE, 10%; Acciona
Wind Power, 6,5%—, que
aprovechó el boom español para
desarrollar tecnología y crecer en
el mundo. “Tuvimos que desarrollar
la tecnología hasta extremos
impensables”, explica Torras.
El dinamismo eólico ha atraído
hacia la industria de equipos a
empresas nacidas en otros sectores
como Gamesa, que se inició en
los componentes aeronáuticos,
acabó por decantarse por la eólica
y después por la solar. Ramón
Fiestas, secretario general de la
AEE (Asociación Empresarial
Eólica), dice que estas decisiones se deben a que “la tecnología
eólica y aeronáutica tienen puntos
de contacto, entre ellos los materiales,
robustos y ligeros”.
El despegue eólico ha generado
otro importante negocio, el de
los parques eólicos, dominado (en
más de un 60%) por las eléctricas,
pero en el que conviven constructoras
y fabricantes como Gamesa.
En esta liga, el liderazgo lo tiene
Iberdrola, seguida de Hidrocantábrico,
Enerfin, Acciona y Gamesa.
Si la eólica empieza a alcanzar
fuertes dimensiones, no es menos
cierto que tendrá que acostumbrarse
a tasas más modestas en el
futuro. Los grandes crecimientos
llegarán ahora en la energía solar
fotovoltaica para conexión a la red
(fabricantes de equipos y promotores
de parques). “Empezamos la
asociación en 1997 con tres socios”,
dice Javier Anta, presidente
de ASIF, la patronal solar, “y ahora
somos más de 300”.
El auge solar, que se inició en
2004 con un decreto que garantizaba
retribuciones estables a 25
años, está disparando la facturación
de las empresas del sector, como
Atersa, fundada por tres físicos
en 1979 y que tuvo que sobrevivir
durante décadas con pequeños
equipos solares para zonas rurales
y para repetidores de Telefónica.
La expansión del sector, que exporta
también el 50% de su facturación,
está provocando la aparición
de nuevas empresas. Una de
ellas, Solaria, estudia salir a Bolsa.
De exótico a corriente
Si hace 10 años se le hubiera dicho
a un ejecutivo del sector eléctrico
que la eólica y la solar acabarían
convirtiéndose en formas
de energía corrientes se hubiera
reído. Sin embargo, ahí están en
la rampa de lanzamiento gracias
a Kioto, la necesidad de reducir
la dependencia energética y el alza del precio del crudo y el gas.
Especialmente veloz ha sido la progresión de la energía generada
por el viento. Los 1.000 MW de
potencia instalada en 1998 subían
a 11.700 MW el año pasado. De
modo que la eólica, marginal a
principios de la década, es ahora
el14%de la potencia instalada y el
9%de la producción eléctrica.Emplea, además, según Ramón Fiestas,
secretario general de la AEE, “30.000 personas, que podrán llegar
a 65.000 en 2010, si se cumplen
los planes”.Unsector que facturó
4.100 millones en 2006, entre
fabricantes de equipos y productores
de energía.
La fotovoltaica de conexión a
la red iba algo más despacio, pero
también ha cogido una velocidad
de crucero. “Basta sólo recordar”,
apunta Javier Anta, presidente de
la ASIF, “que en 1998 teníamos sólo
8,8 MW, en el 2004, 39,2, y en
2006 habremos acabado con casi
100 MW”.
Y esto es sólo el principio.
Anta afirma que en el futuro
se van a instalar una media de 100
MW de fotovoltaica por ejercicio.
Una previsión que no asombra a
ningún profesional del sector. “Si
hasta hace años”, explica Jon Albisu,
director gerente de Albiasa Solar,“la solar no tiraba es porque carecía
de instrumentos de apoyo.
Ahora que los hay están reunidas
las condiciones para su éxito. Somos
un país que reúne todas las
condiciones, entre ellas sol y terreno
en abundancia”.
De momento, el sector fotovoltaico,
con 10.500 empleos, factura
alrededor de los 850 millones de
euros al año. Cerca de 50 millones
proceden de la venta de electricidad
de origen fotovoltaica a las
eléctricas. Los otros 800 millones
son facturados por la industria de
módulos solares. El mercado internacional
pesa ya bastante en la cifra
del negocio. Si la energía fotovoltaica
se está disparando en España,
en el resto del mundo no le
va a la zaga. Según ASIF, los 42,7
MW que había instalados en 1990
en todo el mundo se multiplican
hasta los 1.460MW hoy día.

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Otra explicación para el fuerte
crecimiento es el relativo alivio
que vive la industria de células de
silicio, la materia prima con la que
se hacen las placas solares. Un alivio
bastante insuficiente. Pese a
que la producción anual de células
de silicio, de 288MW en el año
2000 se ha multiplicado por seis,
hasta los 1.745MWdel 2005 y se
prevé que alcance los 4.000 MW
en el 2010 y los 15.000 en el 2015,
sigue sin ser suficiente para responder
a una demanda explosiva.
Los especialistas achacan lo sucedido
a que se trata de un mercado
muy estrecho, controlado por
cinco o seis empresas a escala
mundial y que ha venido creciendo
por debajo de la demanda.
Una situación agravada porque
hasta hace poco la industria solar
no era tenida en cuenta por los fabricantes
de silicio, comprometidos
con el sector informático, su
mayor cliente. Esa escasez se
transmite a los fabricantes de placas,
que se ven obligados a firmar
contratos a medio plazo con los
productores de células.
Quejas
Sin los problemas de escasez de
materia prima de la solar, en la
eólica están preocupados por los
anuncios del Gobierno en 2004
de que iba a revisar las primas a la
producción de energía eólica. Una
situación que, según Fiestas, de la
AEE, “provocó una retracción en
el sector”. Todo indica que la prima
dejará de tener como referencia
la tarifa y pasará a estar marcada
por una cantidad fija, la tarifa
actual, que se actualizará cada
año con el IPC menos un punto.
El 2006, con 1.500MW de potencia
en nuevos parques, quedó
por debajo de las expectativas de
una industria con capacidad para
producir 2.500MW. Pese a que el
ajuste de primas no va a ser tan severo
como se preveía ha caído mal
en el sector. “La condición para
que la eólica siga creciendo es que
no haya sorpresas”, apunta Fiestas.
Según este dirigente, la incertidumbre
podría reducir el atractivo
del negocio y llevar a muchos
promotores a trasladar su inversión
al extranjero, algo que ya está
ocurriendo, pues hay países, como
Italia, que retribuyen la eólica un
40%más que en España. No parece,
sin embargo, que estos augurios
se vayan a cumplir. Las empresas
prevén batir todas las marcas
en 2007. |