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Alternativas limpias... y millonarias
Alternativas limpias... y millonarias
Edición Especial marzo 2007

España está a la cabeza de la energía eólica y fotovoltaica. Dos negocios que, más allá de la etiqueta de 'verdes', ya
suman una facturación de 5.000 millones de euros. El número de empresas que explotan el sol y el viento,
recursos inagotables y no contaminantes, se multiplican al calor de tan apetitoso bocado económico.

Los molinos eólicos y paneles solares no son una fantasía económica. España es ya el segundo país del mundo en eólica y uno de los primeros en solar fotovoltaica. Muchas de las empresas del sector, Gamesa, Ecotecnia, Atersa o Isofotón, son ya multinacionales que exportan tanto como lo que facturan en España.
Tan fuerte es el negocio internacional de los fabricantes españoles que apenas sintieron el estancamiento de la demanda en 2006. “El crecimiento mundial es tan rápido”, dice Jordi Torras, director comercial de Ecotecnia, “que vendemos todo lo que producimos”. A Europa, que hasta hace poco era casi el único continente en apostar por la eólica, se le han unido otras zonas como EE UU.

Entre la explosión en España y la aceptación de sus productos fuera, las empresas crecen a gran velocidad. Isofoton, una de las pioneras del sector solar, tenía unas ventas del 27,7 millones de euros en 2000. El año pasado llegaba a 220 millones. Ecotecnia va igual de rápido. Con 45,6 millones de ingresos en el 2000, acabó el año pasado con 220 millones y espera doblar esa cifra en 2007.

Ante tal empuje las grandes empresas, muchas ajenas a la energía, han tomado posiciones en el sector. Iberdrola factura cada vez más con la eólica, igual que Hidrocantábrico o Acciona. La constructora de la familia Entrecanales, por ejemplo, con presencia en todo el abanico de las renovables, ha pasado de 73 millones a 365 millones en los últimos cuatro años.

La multiplicación de parques eólicos ha beneficiado a la industria de aerogeneradores —Gamesa, 48% del mercado; Ecotecnia, 19,8%; Vestas, 15%; GE, 10%; Acciona Wind Power, 6,5%—, que aprovechó el boom español para desarrollar tecnología y crecer en el mundo. “Tuvimos que desarrollar la tecnología hasta extremos impensables”, explica Torras.
El dinamismo eólico ha atraído hacia la industria de equipos a empresas nacidas en otros sectores como Gamesa, que se inició en los componentes aeronáuticos, acabó por decantarse por la eólica y después por la solar. Ramón Fiestas, secretario general de la AEE (Asociación Empresarial Eólica), dice que estas decisiones se deben a que “la tecnología eólica y aeronáutica tienen puntos de contacto, entre ellos los materiales, robustos y ligeros”.

El despegue eólico ha generado otro importante negocio, el de los parques eólicos, dominado (en más de un 60%) por las eléctricas, pero en el que conviven constructoras y fabricantes como Gamesa. En esta liga, el liderazgo lo tiene Iberdrola, seguida de Hidrocantábrico, Enerfin, Acciona y Gamesa. Si la eólica empieza a alcanzar fuertes dimensiones, no es menos cierto que tendrá que acostumbrarse a tasas más modestas en el futuro. Los grandes crecimientos llegarán ahora en la energía solar fotovoltaica para conexión a la red (fabricantes de equipos y promotores de parques). “Empezamos la asociación en 1997 con tres socios”, dice Javier Anta, presidente de ASIF, la patronal solar, “y ahora somos más de 300”.

El auge solar, que se inició en 2004 con un decreto que garantizaba retribuciones estables a 25 años, está disparando la facturación de las empresas del sector, como Atersa, fundada por tres físicos en 1979 y que tuvo que sobrevivir durante décadas con pequeños equipos solares para zonas rurales y para repetidores de Telefónica.
La expansión del sector, que exporta también el 50% de su facturación, está provocando la aparición de nuevas empresas. Una de ellas, Solaria, estudia salir a Bolsa.

De exótico a corriente

Si hace 10 años se le hubiera dicho a un ejecutivo del sector eléctrico que la eólica y la solar acabarían convirtiéndose en formas de energía corrientes se hubiera reído. Sin embargo, ahí están en la rampa de lanzamiento gracias a Kioto, la necesidad de reducir la dependencia energética y el alza del precio del crudo y el gas.

Especialmente veloz ha sido la progresión de la energía generada por el viento. Los 1.000 MW de potencia instalada en 1998 subían a 11.700 MW el año pasado. De modo que la eólica, marginal a principios de la década, es ahora el14%de la potencia instalada y el
9%de la producción eléctrica.Emplea, además, según Ramón Fiestas, secretario general de la AEE, “30.000 personas, que podrán llegar a 65.000 en 2010, si se cumplen los planes”.Unsector que facturó 4.100 millones en 2006, entre fabricantes de equipos y productores de energía.

La fotovoltaica de conexión a la red iba algo más despacio, pero también ha cogido una velocidad de crucero. “Basta sólo recordar”, apunta Javier Anta, presidente de la ASIF, “que en 1998 teníamos sólo 8,8 MW, en el 2004, 39,2, y en 2006 habremos acabado con casi 100 MW”.
Y esto es sólo el principio. Anta afirma que en el futuro se van a instalar una media de 100 MW de fotovoltaica por ejercicio.

Una previsión que no asombra a ningún profesional del sector. “Si hasta hace años”, explica Jon Albisu, director gerente de Albiasa Solar,“la solar no tiraba es porque carecía de instrumentos de apoyo.

Ahora que los hay están reunidas las condiciones para su éxito. Somos un país que reúne todas las condiciones, entre ellas sol y terreno
en abundancia”. De momento, el sector fotovoltaico, con 10.500 empleos, factura alrededor de los 850 millones de euros al año. Cerca de 50 millones proceden de la venta de electricidad de origen fotovoltaica a las eléctricas. Los otros 800 millones son facturados por la industria de módulos solares. El mercado internacional pesa ya bastante en la cifra del negocio. Si la energía fotovoltaica se está disparando en España, en el resto del mundo no le va a la zaga. Según ASIF, los 42,7 MW que había instalados en 1990 en todo el mundo se multiplican hasta los 1.460MW hoy día.

Placa de silicio

Otra explicación para el fuerte crecimiento es el relativo alivio que vive la industria de células de silicio, la materia prima con la que se hacen las placas solares. Un alivio bastante insuficiente. Pese a que la producción anual de células de silicio, de 288MW en el año 2000 se ha multiplicado por seis, hasta los 1.745MWdel 2005 y se prevé que alcance los 4.000 MW en el 2010 y los 15.000 en el 2015, sigue sin ser suficiente para responder a una demanda explosiva.

Los especialistas achacan lo sucedido a que se trata de un mercado muy estrecho, controlado por cinco o seis empresas a escala mundial y que ha venido creciendo por debajo de la demanda.
Una situación agravada porque hasta hace poco la industria solar no era tenida en cuenta por los fabricantes de silicio, comprometidos con el sector informático, su mayor cliente. Esa escasez se transmite a los fabricantes de placas, que se ven obligados a firmar contratos a medio plazo con los productores de células.

Quejas

Sin los problemas de escasez de materia prima de la solar, en la eólica están preocupados por los anuncios del Gobierno en 2004 de que iba a revisar las primas a la producción de energía eólica. Una situación que, según Fiestas, de la AEE, “provocó una retracción en el sector”. Todo indica que la prima dejará de tener como referencia la tarifa y pasará a estar marcada por una cantidad fija, la tarifa actual, que se actualizará cada año con el IPC menos un punto.

El 2006, con 1.500MW de potencia en nuevos parques, quedó por debajo de las expectativas de una industria con capacidad para producir 2.500MW. Pese a que el ajuste de primas no va a ser tan severo como se preveía ha caído mal en el sector. “La condición para que la eólica siga creciendo es que no haya sorpresas”, apunta Fiestas.
Según este dirigente, la incertidumbre podría reducir el atractivo del negocio y llevar a muchos promotores a trasladar su inversión al extranjero, algo que ya está ocurriendo, pues hay países, como Italia, que retribuyen la eólica un 40%más que en España. No parece, sin embargo, que estos augurios se vayan a cumplir. Las empresas prevén batir todas las marcas en 2007.

 
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Fernando Barciela

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