| España registró
en 2006 54 grandes incendios forestales, el máximo de la década.
A pesar de las medidas
de prevención y de las llamativas técnicas contra incendios,
las llamas, en estos casos, no lograron ser sofocadas
a tiempo y cada uno de estos fuegos calcinaron como mínimo más
de 500 hectáreas de superficie.
El resultado fue que el año 2006 se cerró con 29 grandes
incendios forestales más que la media registrada
en los últimos diez años, según los datos provisionales
del Ministerio de Medio Ambiente.
Los incendios forestales calcinaron a su paso 148.826,9 hectáreas.
Es decir, 25.000 hectáreas más aproximadamente que
la media anual registrada desde el año 1996. Galicia fue
la peor parada. Pero a pesar de estos datos y la oleada de incendios
registrada en Galicia durante el fatídico mes de agosto,
las llamas devoraron 39.670,6 hectáreas menos que en 2005.
Pero si este dato puede parecer a primera vista positivo, lo cierto
es que fue uno de los peores años para el medio ambiente,
ya que los árboles se convirtieron en las principales víctimas
de las llamas.
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Así, durante el recién acabado año los más
de 5.000 incendios y casi 11.000 conatos (incendios menores de una hectárea)
arrasaron 69.339,7 hectáreas de superficie arbórea, 57,1
menos que en 2005, pero casi el doble que la media anual registrada en
los últimos diez años.
«Fracaso»
«Estos datos demuestran el fracaso de la política de medios
de extinción contra los incendios forestales», denunció
ayer Gabriel Leblic, asesor de la junta de decanos del Colegio de Ingenieros
de Montes de España. Pero si todos los años hay más
y mejores medios de extinción, lo cierto es que para este experto
en materia forestal la realidad es bien distinta en materia de prevención.
«Cada vez hay más medios de extinción y menos de prevención»,
destacó.
Para Leblic, la única forma de disminuir el número de
conatos e incendios que se producen sistemáticamente cada año,
así como la superficie arrasada, radica en las labores de prevención.
Pero, según Leblic, no sólo «no hay prevención»,
sino que, además, «no se respetan los principios básicos
para apagar las llamas», denunció.
«Al contar con tantos medios para extinguir los incendios -prosigue-
no se está llegando pronto por lo general al lugar del incendio.
Se confían y en vez de tardar 20 minutos, tardan 30. El resultado
es que si se llega tarde existe una mayor probabilidad de que un incendio
arrase una mayor superficie forestal y se convierta en un gran incendio».
«Desde el Colegio de Ingenieros de Montes llevamos muchos años
reclamando más inversión en prevención. Es la única
arma para reducir el número de incendios forestales, así
como para que las llamas devoren una menor superficie», concluyó.
Falta prevención
Sirva de ejemplo la oleada de incendios que asoló Galicia, donde
ardieron más de 100.000 hectáreas. En esta comunidad las
medidas preventivas sólo llegaron al 7,69 por ciento de la superficie
forestal con mayor riesgo de incendio. En el Plan de Actuación
2006 para la lucha contra incendios forestales en Galicia, la Xunta aprobó
tan sólo labores de adecuación y limpieza del monte (silvicultura
preventiva) en 3.123,97 hectáreas, a pesar de que la superficie
forestal de especial riesgo se eleva a casi 400.000.
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