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El urogallo
Edición Noviembre-Diciembre 2006

El urogallo recibe su nombre del sonido que emite durante el celo, parecido al del "uro", antepasado salvaje de los bovinos domésticos. A pesar de ser una de las especies más bellas de nuestra fauna y de estar vedada su caza desde 1979, está catalogada como una especie protegida, ya que su número de ejemplares disminuye a pasos agigantados. El último censo realizado en Asturias refleja que sólo quedan 51 machos en el Principado, frente a los 229 contabilizados en 1983. Es el proceso clásico de una extinción: crisis demográfica, reducción por los bordes de la superficie geográfica ocupada y escisión de la población en núcleos aislados. Si la tendencia actual se mantiene, los expertos vaticinan que el urogallo cantábrico se habrá extinguido antes del 2020.

Urogallo



El urogallo en peligro de extinción

Son muchas las causas que hacen que cada día esta ave, de la familia de los tetraónidos (patas de tres dedos), cuente con menos ejemplares. La principal es la caza furtiva, debida a sus elevados precios en el mercado ilegal. Pero también influyen otras, como los depredadores naturales, actividades humanas, cambio climático o la destrucción del hábitat. Y es que el urogallo precisa un entorno muy peculiar: bosques de conífera tranquilos, claros, con abundante vegetación y árboles con ramas fuertes y horizontales para dormir, así como agua potable y hormigueros. Están acostumbrados a la presencia de los humanos, observan tranquilamente cómo los esquiadores suben en las sillas de tele arrastre. En la península Ibérica habita en los bosques asturianos, leoneses y en una parte de los cántabros, aunque los dos núcleos con más población son los comprendidos entre el alto Sil (León) y Degaña, Cangas del Narcea e Ibias (Asturias) y, por otro lado, entre Riaño y Valdeón (León), Ponga y Caso (Asturias) y el valle de Liébana (Cantabria). En la actualidad, un equipo de biólogos de las tres comunidades autónomas, el Ministerio de Medio Ambiente y de las universidades de Oviedo, Cantabria y Valladolid proyectan la elaboración de un Plan del Urogallo Cantábrico.

UrogalloLa época de celo del urogallo se inicia en marzo. En los últimos 10 días de abril llega a su punto culminante y termina en el primer tercio de mayo. El urogallo vuela al atardecer hasta el árbol donde duerme y sobre una rama fuerte y horizontal, profiere gritos de reclamo durante algún tiempo. Comienza de nuevo a reclamar al amanecer. Las gallinas acuden y el urogallo salta sobre el suelo y merodea cerca del lugar de su celo profiriendo reclamos. Su territorio de celo abarca aproximadamente un círculo de diámetro entre 50 y 100 metros. Suelen encaramarse ostentosamente a la copa de algún árbol o bien a algún peñasco. En una sola mañana es capaz de "cantar" más de cien veces la tonadilla de su reclamo y cubrir a tres hembras. Las gallinas se acurrucan ante él y se dejan montar, hasta que se logra la copulación. Más tarde se retiran y preparan en hoyo del nido. En los días de mayor celo, el urogallo prolonga su ritual hasta bien entrada la tarde. La gallina pone entre 5 y 12 huevos en el hoyo del nido, en el cual se amontonan las plumas que le caen a lo largo de los 26 días de incubación. Cada día pone un huevo y los incuba tan concienzudamente que algunas han perecido al caer cualquier árbol vecino al ser talado. A pesar de todo, el urogallo fracasa mucho en la reproducción. Entre un 60 y un 80 por ciento de las madres no logra sacar adelante a su pollada, ni siquiera repitiendo la puesta. La tasa de supervivencia es de 0,56 pollos por nidada. Así es imposible que la población se mantenga. Se han propuesto varias hipótesis, compartibles entre si, para explicar este fenómeno. Una de ellas postula la existencia de deficiencias alimentarias, relacionadas con la mala calidad del hábitat y con una supuesta disminución de las poblaciones de insectos, que repercutiría en el desarrollo de los pollos. Por otro lado, durante el invierno el urogallo vive al límite de sus posibilidades, en unos bosques (hayedos, robledales, abedulares) que se quedan desnudos y aletargados, sin apenas comida ni refugio frente a las adversidades climatológicas. Además de las amenazas de animales como el jabalí, los perros salvajes y el azor.

 
 
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