| El urogallo recibe su nombre
del sonido que emite durante el celo, parecido al del "uro",
antepasado salvaje de los bovinos domésticos. A pesar de ser una
de las especies más bellas de nuestra fauna y de estar vedada su
caza desde 1979, está catalogada como una especie protegida, ya
que su número de ejemplares disminuye a pasos agigantados. El último
censo realizado en Asturias refleja que sólo quedan 51 machos en
el Principado, frente a los 229 contabilizados en 1983. Es el proceso
clásico de una extinción: crisis demográfica, reducción
por los bordes de la superficie geográfica ocupada y escisión
de la población en núcleos aislados. Si la tendencia actual
se mantiene, los expertos vaticinan que el urogallo cantábrico
se habrá extinguido antes del 2020.

El urogallo en peligro de extinción
Son muchas las causas que hacen que cada día esta ave, de la familia
de los tetraónidos (patas de tres dedos), cuente con menos ejemplares.
La principal es la caza furtiva, debida a sus elevados precios en el mercado
ilegal. Pero también influyen otras, como los depredadores naturales,
actividades humanas, cambio climático o la destrucción del
hábitat. Y es que el urogallo precisa un entorno muy peculiar:
bosques de conífera tranquilos, claros, con abundante vegetación
y árboles con ramas fuertes y horizontales para dormir, así
como agua potable y hormigueros. Están acostumbrados a la presencia
de los humanos, observan tranquilamente cómo los esquiadores suben
en las sillas de tele arrastre. En la península Ibérica
habita en los bosques asturianos, leoneses y en una parte de los cántabros,
aunque los dos núcleos con más población son los
comprendidos entre el alto Sil (León) y Degaña, Cangas del
Narcea e Ibias (Asturias) y, por otro lado, entre Riaño y Valdeón
(León), Ponga y Caso (Asturias) y el valle de Liébana (Cantabria).
En la actualidad, un equipo de biólogos de las tres comunidades
autónomas, el Ministerio de Medio Ambiente y de las universidades
de Oviedo, Cantabria y Valladolid proyectan la elaboración de un
Plan del Urogallo Cantábrico.
La
época de celo del urogallo se inicia en marzo. En los últimos
10 días de abril llega a su punto culminante y termina en el primer
tercio de mayo. El urogallo vuela al atardecer hasta el árbol donde
duerme y sobre una rama fuerte y horizontal, profiere gritos de reclamo
durante algún tiempo. Comienza de nuevo a reclamar al amanecer.
Las gallinas acuden y el urogallo salta sobre el suelo y merodea cerca
del lugar de su celo profiriendo reclamos. Su territorio de celo abarca
aproximadamente un círculo de diámetro entre 50 y 100 metros.
Suelen encaramarse ostentosamente a la copa de algún árbol
o bien a algún peñasco. En una sola mañana es capaz
de "cantar" más de cien veces la tonadilla de su reclamo
y cubrir a tres hembras. Las gallinas se acurrucan ante él y se
dejan montar, hasta que se logra la copulación. Más tarde
se retiran y preparan en hoyo del nido. En los días de mayor celo,
el urogallo prolonga su ritual hasta bien entrada la tarde. La gallina
pone entre 5 y 12 huevos en el hoyo del nido, en el cual se amontonan
las plumas que le caen a lo largo de los 26 días de incubación.
Cada día pone un huevo y los incuba tan concienzudamente que algunas
han perecido al caer cualquier árbol vecino al ser talado. A pesar
de todo, el urogallo fracasa mucho en la reproducción. Entre un
60 y un 80 por ciento de las madres no logra sacar adelante a su pollada,
ni siquiera repitiendo la puesta. La tasa de supervivencia es de 0,56
pollos por nidada. Así es imposible que la población se
mantenga. Se han propuesto varias hipótesis, compartibles entre
si, para explicar este fenómeno. Una de ellas postula la existencia
de deficiencias alimentarias, relacionadas con la mala calidad del hábitat
y con una supuesta disminución de las poblaciones de insectos,
que repercutiría en el desarrollo de los pollos. Por otro lado,
durante el invierno el urogallo vive al límite de sus posibilidades,
en unos bosques (hayedos, robledales, abedulares) que se quedan desnudos
y aletargados, sin apenas comida ni refugio frente a las adversidades
climatológicas. Además de las amenazas de animales como
el jabalí, los perros salvajes y el azor.
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