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| La caza
comercial de ballenas |
Edición
Noviembre-Diciembre 2006 |
| Más de dos millones de ballenas fueron aniquiladas entre 1929 y 1979. Con el agotamiento de una especie, los cazadores sencillamente se trasladaban a otra especie aún no explotada. En la época anterior al petróleo y el plástico, las ballenas proporcionaban materias primas muy valiosas para objetos de uso diario. Las ballenas fueron cazadas por su aceite y sus barbas. El aceite se refinaba y vendía para ser quemado en lámparas. Las barbas de ballena se utilizaban para hacer cepillos o paraguas. Luego, con el descubrimiento del petróleo, una fuente de aceite más barata, la caza terminó, pero el daño ya estaba hecho. Sin embargo, la caza revivió con la aparición de los barcos a motor con arpones explosivos. A pesar de haberse encontrado sustitutos para todos los productos de ballenas, hoy la carne de ballena se ha convertido en un plato exquisito en Japón. En 1986, la Comisión Ballenera Internacional decretó la prohibición a la caza de ballenas. Esta Comisión se creó en 1946 por catorce naciones que se dedicaban a la caza, ya que originalmente fue creada tanto para proteger a las ballenas como para mantener regulada la caza, y la misma industria tenía que imponerse restricciones para no quedarse sin recursos, debido a los agotamientos de los stocks de ballenas en todo el mundo. Sin embargo, algunos países -como Japón y Noruega- han explotado los vericuetos legales de la moratoria con la intención de continuar cazando ballenas con fines comerciales.
Desde que entró en vigor la moratoria establecida por la Comisión Ballenera Internacional en el año 1986 la población de los cetáceos más amenazados ha aumentado, a pesar de que incluso con moratoria y todo, más de 1500 ballenas son matadas anualmente por países como Islandia, Japón, Canadá, Filipinas e Indonesia, entre otros. En este momento el 37% de los votos en este organismo internacional está en manos de los países que desean eliminar la moratoria, si bien para ello necesitarán del 75% del total para erradicarla. Uno de los intereses más deseados por esos países que intentan capturar comercialmente a las ballenas está en lograr que el voto en la Comisión Ballenera Internacional sea secreto para no dejar en entredicho la decisión de los supuestos votantes a favor de la pesca. Países liderados por Japón han costeado la compra de votos por un valor superior a los 350 millones de dólares, sobre todo, a países con precariedad económica que venden su decisión por un puñado de dólares, como en el caso de la República Dominicana, Granada, Panamá y así hasta una treintena de estados, entre los que paradójicamente también podemos incluir a naciones como Mongolia o Mali que carecen de mar en el que tener ballenas. La caza de la ballena en Islandia es una tradición que se remonta
a la época vikinga, pero se detuvo radicalmente en 1989, tras la
aprobación de una moratoria internacional sobre la caza comercial
de ballenas. El país ha cumplido con la norma desde entonces, pese
a que en 1992 se retiró de la comisión. Cuando Islandia
se reenganchó en 2002, su Gobierno anunció que no cumpliría
con la moratoria después de 2006. Por ello, las autoridades islandesas
han recibido decenas de miles de cartas de protesta desde la ruptura de
la moratoria. Las críticas han venido también de dentro
del país, en especial, del sector turístico, que ve amenazada
una de sus fuentes de ingresos principales: los visitantes que viajan
a la isla para observar precisamente a sus ballenas y que dejan cada año
más de 16 millones de euros.
La carne de ballena minke es utilizada para consumo humano. Existe una larga tradición en Noruega en consumir carne de ballena y, tanto la carne como la grasa de ballena, forman parte de dietas tradicionales en otras partes del mundo. En total, existen entre 75 y 80 especies de ballenas. La ballena minke, o rorcual menor es la más pequeña de las ballenas barbudas y se encuentra en todos los océanos del mundo. La ballena minke puede alcanzar los 10 metros de longitud y tiene, aproximadamente, un ballenato por año. Se alimenta de plancton y peces. Sólo en aguas del Antártico, se estima que el número de ejemplares alcanza, al menos, los 750.000. Las ballenas minke son, a su vez, abundantes en el Atlántico norte, donde tiene lugar la caza noruega. Las estimaciones más recientes (2004) elevan el stock situado en el Atlántico central a 72.000 ejemplares y el stock del Nordeste Atlántico a 107.000 ejemplares. Durante la primavera, las ballenas minke emigran hacia el norte a lo largo de las costas noruegas hacia el Mar de Barents y el Océano Glacial Ártico para alimentarse de los abundantes bancos de peces y plancton, hasta el otoño cuando regresan al sur. Se pueden observar las ballenas minke a lo largo del litoral noruego durante todo el invierno. La caza de ballenas no es la única amenaza para estas especies.
Los océanos, o más aún, el impacto humano sobre los
océanos, han cambiado dramáticamente durante el medio siglo
transcurrido desde que las ballenas están protegidas. Entre las
amenazas ambientales conocidas para las ballenas destacan el cambio climático
global, la contaminación, la sobrepesca, el debilitamiento de la
capa de ozono, el ruido provocado por dispositivos de sónar y las
colisiones con embarcaciones. La pesca a escala industrial supone una
amenaza para la disponibilidad de alimento de las ballenas y un riesgo
físico al quedar enganchadas en las redes de pesca. Greenpeace ha mostrado su sorpresa por la decisión de Islandia
y ha recordado que el rorcual común es un mamífero que lleva
años incluido en la lista de especies en grave peligro de extinción.
La organización ecologista ve contradictorio que un país
que tiene en la observación de cetáceos una de sus principales
bazas turísticas se dedique a cazarlos. |
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