La directiva Marco del Agua (2000/60/CE) es uno de
los textos legales de protección medioambiental
más completo y ambicioso aprobados hasta la
fecha. Contempla todos los aspectos relacionados con
la gestión de las aguas con el objetivo de
lograr un uso sostenible y establece la obligación
de que todas las masas de agua alcancen el buen estado
en el horizonte temporal del 2015.
Se trata de un nuevo enfoque, por el cual se pretende
garantizar una buena calidad del agua además
de la salud de los ecosistemas acuáticos y
terrestres asociados. El proceso de implantación
es complejo. Para facilitarlo se ha creado una Estrategia
Común de implantación y 14 documentos
Guía que desarrollan las cuestiones planteadas
en la propia Directiva.
El ejercicio de Presiones e Impactos (IMPRESS) se
encuadra dentro de los informes remitidos a la Comisión
para cumplir con lo establecido en el artículo
5 donde se establece la obligación de llevar
a cabo:
- Un análisis de las características
de cada Demarcación Hidrográfica.
- Un estudio de las repercusiones de la actividad
humana en el estado de las aguas superficiales y subterráneas.
- Un análisis económico del uso del
agua.
Uno de los primeros pasos en la caracterización,
es la clasificación de las distintas categorías
de aguas en: aguas superficiales (ríos y lagos),
aguas subterráneas, aguas costeras, aguas de
transición, masas de agua artificial y masas
de agua fuertemente modificadas. Para cada una de
estas categorías, se establecen tipos homogéneos
de masas de agua superficial basados únicamente
en características naturales.
Así, las condiciones de referencia para cada
tipo de masa de agua superficial, dentro de cada categoría,
serán las condiciones de los elementos de calidad
biológicos en condiciones inalteradas. Estos
valores de referencia enfrentados a los valores obtenidos
mediante las redes de seguimiento, darán un
resultado que servirá para la clasificación
del estado ecológico de cada masa de agua.
Una de las herramientas contempladas para priorizar
la gestión de las masas de agua que prevé
la Directiva en su artículo 5, es la realización
de un estudio de la repercusión de la actividad
humana sobre el estado de éstas. Para poder
gestionar el estado, es preciso conocer las variables
que directamente o indirectamente lo alteran y cómo
lo hacen. Se trata de una primera aproximación
para conocer las masas de agua que presentan un mayor
riesgo de no cumplir el buen estado para el 2015.

El estudio ha seguido una secuencia de actuaciones
que comienza con la identificación de las presiones
generales y más significativas, sigue con la
evaluación del impacto y finaliza con la evaluación
de la probabilidad de que cada masa de agua incumple
los objetivos medioambientales establecidos en la
propia Directiva, es decir, el riesgo de no alcanzar
el buen estado.
Estas masas de agua identificadas en riesgo deberán
someterse a un programa de control adicional y un
programa de medidas para corregir el impacto y garantizar
que cumplen con los objetivos medioambientales.
Las principales presiones a las que se ven sometidas
las aguas españolas son los vertidos, tanto
de carácter puntual como difuso, las alteraciones
hidromorfológicas y las extracciones de agua
para satisfacer las demandas correspondientes a los
distintos usos.
El impacto es el resultado de una presión
sobre el estado de la masa de agua en función
de la susceptibilidad del medio, principalmente el
caudal circulante, y de los objetivos medioambientales
que debe alcanzar dicha masa de agua, es decir el
buen estado, prevenir el deterioro y cumplir los requerimientos
sobre las sustancias prioritarias. Para poder jerarquizar
los resultados de cara a los programas de seguimiento
y los programas de medidas, se han definido dos tipos
de impacto: comprobado y probable.
La información obtenida marca en, cierta medida,
las necesidades de gestión de cada masa de
agua que se pueden resumir en: