REVISTA AMBIENTUM
   
 
Edición Septiembre/Octubre 2006
 
MANUAL PRÁCTICO PARA SALVAR LOS BOSQUES
LOS INCENDIOS FORESTALES NOS QUEMAN A TODOS


 

Una vez pasada la temporada de verano, que suele ser el periodo de mayor riesgo de incendios forestales, y en donde un año más nuestros recursos forestales se han visto claramente mermados, ASEMFO, creada hace 11 años y dedicada desde entonces a la protección, mejora y desarrollo sostenible de los montes y bosques españoles, ha preparado este manual práctico para prevenir los incendios forestales y luchar activamente contra esta tragedia que cada verano se ceba sobre nuestros bosques, los más ricos en biodiversidad de la Unión Europea.

“Los incendios forestales encabezan la lista de los principales problemas medioambientales del país”. Y no es para menos, a tenor del elevado número de hectáreas arboladas quemadas. Según datos del Ministerio de Medio Ambiente, en 2005 ardieron en España casi 180.000 hectáreas de superficie forestal. Para evitar los incendios forestales, los españoles están dispuestos a admitir “medidas enérgicas para reducirlos”, con sanciones administrativas y penales. También piden “mayor inversión en conservación y mejora de la superficie forestal”. Así lo acaba de confirmar la última encuesta de la Fundación BBVA, “Conciencia y conducta medioambiental en España”.
Esta última demanda de los españoles es la misma que ASEMFO –en representación de más del 85% del sector forestal- viene haciendo desde hace más de una década: cuanta más inversión pública se realice en cuidado, protección y ampliación de nuestros bosques, más sostenible será el desarrollo de nuestro país.
Consciente de que el valor contingente de los recursos forestales españoles supera los 10.000 millones de euros anuales, ASEMFO ha elaborado este Manual práctico para salvar los bosques. Su único interés es darlo a conocer a la sociedad.

Todas las empresas de obras y servicios asociadas a ASEMFO saben que cuando arde un bosque, se produce un importante daño al medio ambiente: los animales se quedan sin hábitat o mueren y perdemos muchísimos árboles que regulan la temperatura de la zona, atraen las lluvias y protegen el terreno de la desertización. Además, un incendio forestal afecta notablemente a las economías de las localidades visitadas por el fuego, por no hablar de los daños personales.

Durante este año 2006, hasta el 20 de agosto, el fuego ha arrasado un total de 125.889,8 hectáreas de superficie forestal en el territorio nacional, de las cuales más de 87.155,2 han ardido en Galicia durante el verano. Sobre esta superficie forestal quemada y para su mejor recuperación, ASEMFO recomienda llevar a cabo un apoyo a la regeneración natural de las zonas afectadas, mediante la extracción y retirada de la madera quemada, la eliminación de otros residuos originados tras el incendio, la colocación de barreras antierosivas y el cuidado de la vegetación mediante repoblaciones y distintos tratamientos selvicolas donde la nueva vegetación lo requiera.

 

 

 
1. Materia, calor y oxígeno
 
Pero a su vez, tiene una segunda lectura, igualmente positiva. Según cálculos de la Fundación ECOTIC, la eliminación de las sustancias tóxicas permitirá, a la larga, reducir o eliminar, la tasa que hoy en día abona el consumidor cuando se adquiere un aparato nuevo. Al minimizar la presencia de sustancias tóxicas, el proceso de manipulado a la hora de desmontar los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos para reciclarlos, se simplifica, lo que permite reducir los gastos de tratamiento de los mismos. De esta reducción, a la larga, se verá beneficiado el propio consumidor. Desde el pasado 13 de agosto, y cuando se trata de los aparatos puestos en el mercado con anterioridad a esta fecha – los llamados aparatos históricos- el consumidor ha de abonar en el momento de la compra de un aparato nuevo un coste añadido en la factura que responde, precisamente, a los gastos de gestión y reciclaje cuando el aparato devenga inservible. Con la eliminación de las sustancias tóxicas de los aparatos nuevos, esta tasa poco a poco se irá reduciendo, tal como indican las aproximaciones realizadas por la Fundación ECOTIC.

A su vez, desde que entrara en vigor la mencionada Directiva el pasado mes de agosto de 2005, los productores de aparatos eléctricos y electrónicos (AEE) están obligados a diseñarlos y producirlos buscando su fácil desmontaje, y optimizando sus 3R: reparación, reutilización y reciclaje. De ahí la importancia y el impulso decidido del “eco-diseño” (en inglés: design for environment); para facilitar el proceso de reciclaje y desmontaje, de cara a minimizar costes para beneficiar al consumidor en última estancia.

Triángulo del fuego. Lo primero que debe destacarse es que la materia combustible, el calor y el oxígeno constituyen los tres lados del “triángulo del fuego”. Para extinguir un incendio forestal basta con eliminar uno de ellos: el material combustible, mediante la apertura de cortafuegos; el calor, utilizando agua; y el oxígeno, sofocando el incendio con tierra o extinguiéndolo con agua. Estas medidas pueden aplicarse con simples herramientas manuales o con un equipo perfeccionado.

Agua. La extinción de un incendio forestal tiene en el agua su mejor aliado. El agua es el mejor extintor de doble efecto, porque elimina el calor del material en combustión y sofoca el fuego. Lo mejor son las mangueras ligeras y resistentes, fáciles de manejar y capaces de soportar elevadas presiones.
Herramientas manuales. Además del agua, existen otros elementos de gran utilidad en la lucha contra las llamas en los montes y bosques. Son las herramientas manuales (pala, hacha, combinación de hacha y azada, podón y batefuegos), imprescindibles para sofocar o extinguir incendios. Necesarias en zonas inaccesibles a los equipos mecanizados, se utilizan también en el repaso y control de las zonas incendiadas una vez pasado el frente del fuego. La utilización de todos éstos requiere experiencia, porque el mal manejo aviva y extiende el fuego.

Equipos mecánicos de uso individual. Junto a las herramientas manuales, los agentes forestales utilizan en su lucha contra el fuego: la motosierra, la desbrozadora, que sirve para abrir una brecha en el material combustible, y la mochila, con un depósito de plástico de 12 a 14 litros para rociar agua o productos químicos.

Maquinaria pesada. A veces es necesario utilizar tractores, bulldozer, para abrir cortafuegos, y máquinas de movimiento de tierras, motoniveladoras.
Equipos de protección individual. Para apagar los incendios forestales, todo el personal debe vestir ropa y equipo adecuados para su seguridad personal. Todos llevarán cascos de plástico, chaquetas o camisas de manga larga y pantalones resistentes al fuego, botas. Las gafas protectoras y las mascarillas son útiles cuando hay humo denso. También los guantes protectores, excepto para manejar herramientas que requieren mayor sensibilidad de la mano. Todos estos equipos deben adecuarse a la normativa de calidad exigida.

Sistema de comunicación eficaz y seguro. Son clave para asegurar el éxito en la lucha contra los incendios. Es vital planificar las estrategias, informar sobre el curso del fuego y garantizar la seguridad. También disponer de una red de estaciones de radio con frecuencias fijas reservadas para el servicio de lucha contra los incendios y radios portátiles móviles ligeras. La topografía accidentada requiere el telecomando con estaciones de repetición. Se utilizan también sistemas GPS en los vehículos para incrementar su seguridad y mejor localización.
Es esencial contar con una organización eficaz sobre el terreno y un jefe en cada intervención. El personal estará en buenas condiciones físicas y tendrá la capacitación y la experiencia adecuadas.

Torretas fijas y personas móviles. Un recurso de enorme utilidad en la detección del fuego son las torretas fijas y personas móviles específicos, junto con el resto de trabajadores en el monte y guardería forestal. A veces se completa con la aérea.

Recursos aéreos. A veces, la gravedad de los incendios forestales y la inaccesibilidad de muchas zonas hacen también necesario el uso de la aviación. Existen varios tipos de aviones y helicópteros para la prevención, localización y extinción de los incendios. En ocasiones, para la detección se utilizan avionetas de dos plazas (piloto y observador), cuyas misiones suelen combinarse con un sistema de torres de vigilancia en tierra.
Los aviones realizan ataques directos arrojando agua y productos químicos directamente sobre el fuego y enfriando sus focos. Para los incendios mayores, son necesarios ataques indirectos, o sea, la formación de líneas que puedan contener temporalmente el avance de un incendio.

Estas operaciones se realizan con aviones grandes y mediante bombardeo de agua y bombardeo antifuego. El primero consiste en arrojar agua dulce o salada. Eficaz contra los fuegos grandes, con tal de que el agua caiga en cantidades suficientes y con la frecuencia necesaria para que cada descarga llegue antes de que haya cesado el efecto de la anterior y recomenzado el incendio. El segundo consiste en arrojar productos químicos que retrasan mucho el fuego y tienen un efecto duradero sobre el avance del incendio. Esto permite disminuir la frecuencia de las descargas.

Los aviones cisterna mayores, como el anfibio CANADAIR CL-215, hacen acopio de agua en vuelo rasante. Cargan el agua en depósitos de 5.500 litros, mientras patina en embalses, o en el mar, y luego la arroja sobre el incendio. Método muy eficaz cuando hay poca distancia entre el incendio y la fuente de abastecimiento de agua, especialmente en regiones llanas. En los grandes incendios con distancias de unos kilómetros entre fuego y agua, se precisan al menos dos aviones, y cuatro para distancias de más de 40 km.

Cooperación. La aviación por sí sola nunca conseguirá eliminar los incendios. Es imprescindible la cooperación de fuerzas de tierra, que son las que verdaderamente apagarán los incendios forestales para resistir en las líneas de fuego, apagar los restos en las zonas quemadas e impedir riesgos y gastos inútiles.
Por eso, es cada vez más importante capacitar a los retenes para lograr ese objetivo. Deberán tener un conocimiento adecuado de las operaciones de la aviación, comprender y respetar las normas y procedimientos correspondientes.

 

2. ¿Cómo se controla un incendio?

A continuación, el manual ASEMFO para salvar los bosques pasa a explicar, paso a paso, lo que hay que hacer para controlar un incendio forestal.
“La estrategia de control de incendios forestales comprende la preparación, la prevención y la extinción, cada una con sus propios componentes”, explica Giancarlo Calabri, jefe del Servicio contra Incendios Forestales del Ministerio de Agricultura y Montes de Italia.
Preparación: incluye las medidas para una vigilancia segura del riesgo de incendio, la pronta notificación de focos y la disponibilidad de recursos suficientes para suprimirlos. Significa tener una comprensión clara de las causas directas y subyacentes de los incendios forestales y disponer de políticas y procedimientos para abordarlos.

Una eficaz preparación requiere:

1. Predicción: la capacidad de prever el nivel de riesgo de incendio. Requiere conocimientos científicos para elaborar modelos de comportamiento de los incendios, la presencia de meteorólogos que pronostiquen las condiciones climáticas propicias para los incendios, la capacidad de vigilar las masas forestales y poder comunicar un medio esta información a los encargados de la lucha contra incendios.

2. Detección: mediante satélites, aeronaves, personas y torretas de vigilancia. Son fundamentales los procedimientos y métodos de notificación del lugar y características de los incendios.

3. Coordinación y comunicación: exige una estructura que coordine todos los aspectos de la gestión del fuego en un área determinada. El responsable debe tener autoridad para dirigir los esfuerzos de supresión de incendios y asignar recursos.

4. Recursos humanos y técnicos: dirigentes encargados de la lucha contra incendios, agentes forestales, bomberos entrenados y equipados disponibles inmediatamente; y el acceso a medios de transporte idóneos, recursos de agua suficientes y apoyo logístico para actividades extensas en el terreno. Capacidad de acceso a aviones cisterna o helicópteros y utilizarlos adecuadamente.

5. Vigilancia: capacidad de medir la eficacia de las actividades de preparación, prevención y supresión para controlar y luchar eficazmente contra los incendios. Hacen falta datos básicos, un sistema para la reunión de datos continua y el análisis.

La prevención implica:

1. Reducción de la inflamabilidad: gestión de los combustibles por medio de códigos de explotación forestal, quemas controladas o cambios en la vegetación.

2. Reducción del riesgo: incluye campañas de concienciación destinadas a las poblaciones rurales, instituciones, trabajadores del campo y funcionarios que pueden desempeñar una función en la prevención de los incendios.

3. Aplicación de la ley: requiere políticas y normas relacionadas con la quema. La aplicación eficaz de las leyes (nacionales y autonómicas) precisa de un sistema de vigilancia y la voluntad de política de hacerlas cumplir.

La extinción precisa:

1. Detección: la pronta detección y comunicación de información e instrucciones.

2. Fijación de prioridades: decidir cuáles son las áreas o los tipos de incendios prioritarios para las actividades de extinción.

3. Movilización: capacidad de movilizar con rapidez recursos de supresión de incendios.

4. Conocimientos: información y conocimientos prácticos para formular y aplicar medidas de supresión idóneas.


3. Decálogo verde de la prevención

Si en la vida ordinaria, la frase “más vale prevenir que curar” nos ayuda a estar atentos para evitar desgracia de todo tipo; cuánto más este refrán debe tenerse en cuenta en todo lo referente al medio natural. Por eso, en este manual no podía faltar un decálogo para evitar los incendios forestales. Son diez consejos nacidos de la dilatada experiencia de la patronal forestal. ASEMFO está convencida de que su puesta en práctica, tanto por la Administración como por los ciudadanos, cada uno en el ámbito que le corresponda, salvará de la quema muchos árboles centenarios.

1. Mayor inversión y regularidad en los trabajos selvícolas preventivos de incendios. Lo que significa que el presupuesto dedicado al sector forestal tenga un importante incremento y que se consolide en futuras anualidades. Así se dejarían de escuchar frases como "mucho hablar de medio ambiente pero los montes están sucios y no se hace ningún trabajo”, “esto se podía haber evitado”, pronunciadas por las personas afectadas por el fuego.

2. Mayor profesionalidad en la prevención y extinción de incendios forestales. Continuidad y regularidad en las labores de prevención realizadas por personal formado y con experiencia.

3. Mayor inversión y regularidad en el empleo de las tecnologías que existan en la actualidad en el mercado en materia de prevención y extinción de incendios forestales con el fin de que se puedan amortizar. Implica definir en una Mesa de Trabajo cuáles son las mejores tecnologías, en qué consisten, ventajas e inconvenientes de su utilización, idoneidad…

4. Aplicación de metodologías y sistemas de actuación que tengan un gran componente de toma de decisiones basadas en la experiencia del personal que dirige y coordina la prevención y extinción de incendios. Debería basarse fundamentalmente en el empleo de herramientas informáticas y digitales de toma de datos en tiempo real y transmisión, que permitan un análisis rápido de la toma de decisiones.

5. Fomento del pronto ataque, a través de buenos sistemas de detección, ampliación de la red de accesos a los montes, fajas cortafuegos, ubicación estratégica de los retenes y adecuación de su estructura y componentes.

6. Elaboración de planes comarcales de defensa contra incendios forestales y protocolos de actuación obligatorios para su prevención y extinción en zonas periurbanas.

7. Mayores medidas de seguridad y salud de los trabajadores forestales, formación y protección social. Sin ellos poco o nada se puede hacer

8. Fomento de la investigación, desarrollo e innovación tecnológica en materia forestal (plantas, sustratos y maquinaria) y, en particular, en el capítulo de prevención y extinción de incendios forestales. También en las técnicas de restauración (repoblación) de las masas incendiadas.

9. Medidas fiscales para el desarrollo de los biocombustibles y la bioenergética

10. Agilidad en la organización y gestión administrativa de las campañas de incendios.

4. ¿Para qué sirven los bosques?
 

ASEMFO está convencida de que la sociedad querrá y respetará los bosques cuanto mejor los conozca. Los bosques tienen tres funciones: ecológica, social y económica.

Función ecológica: regulación del ciclo del agua, mejora de la calidad de las aguas, protección de las tierras de inundaciones, avenidas y aludes, contribuyendo a mejora la calidad de este elemento; conservación o restauración de la fertilidad de los suelos, prevención o paralización de los procesos de erosión o desertificación, conservación y uso sostenible de la diversidad biológica de las propias especies forestales y de las especies de flora y fauna para que los montes constituyan su hábitat, especialmente si se trata de especies amenazadas en el ámbito nacional, europeo o internacional. Contribución a la variedad y belleza del paisaje; efecto sumidero del carbono y otros gases que generan el efecto invernadero y el cambio climático; y contribución al equilibrio del intercambio de gases atmosféricos.

Función social: facilita a la sociedad actividades recreativas, deportivas, educativas y de referencia cultural de los montes, por sí mismos y como valor de referencia al patrimonio cultural y natural de los pueblos; las actividades orientadas específicamente al fomento de la participación de las entidades locales, de los propietarios, o de los vecinos en los montes comunales y vecinales en mano común, en la gestión y rentas dinerarias de los montes procedentes de su uso para las anteriores funciones, o el fomento de las actividades de selvicultura, con objeto de crear o mantener empleo y contribuir al desarrollo rural en especial en las zonas de alta montaña y otras zonas desfavorecidas por motivos ambientales. Los montes son zonas de esparcimiento y turismo de la población, de práctica de deportes (caza, pesca, esquí, alpinismo o de aventuras), de contemplación del paisaje, especialmente en entornos naturales excepcionales, lugares de asentamiento y de trabajo de la población dedicada a la conservación del medio natural.

Función económica: aprovechamiento de los recursos naturales renovables mediante su uso ordenado racionalmente, fomentando el asociacionismo y la colaboración entre los sectores implicados en la producción, transformación, comercialización de los recursos forestales y la mejora de estos procesos para procurar la socialización del valor añadido entre las poblaciones del medio rural, mejorando la calidad de los productos y subproductos forestales. Es la función más tradicional que ve a los montes como productores de madera fundamentalmente y también otros productos como pastos, corcho, leñas, resina, setas piñones…

 

5. Cifras para no olvidar


Si es bueno para el desarrollo sostenible el que los españoles sepan cuáles son las funciones de los bosques, también lo es que conozcan los desastres provocados por los incendios a lo largo del tiempo. Así, en las últimas cuatro décadas los incendios han afectado a 6,4 millones de hectáreas; es decir, 100 millones de árboles quemados anualmente. Los datos económicos derivados son también llamativos. La cifra para este mismo período alcanza los 7.500 millones de euros: 5.133 por pérdidas ambientales y el resto por productos primarios.
Cada año desaparece el 1% de la superficie forestal de España, que son 26 millones de hectáreas. Este dato sirve para darnos cuenta de los estragos que el fuego causa en nuestro país y la prioridad que ha de tener en los presupuestos autonómicos y nacionales si queremos conservar este recurso en los años venideros y llevar así a la práctica un desarrollo sostenible.

 

6. Política contra incendios

La política contra incendios debe apostar por las labores selvícolas de prevención y la formación del ciudadano.
La prevención es la herramienta más eficaz para obtener en los años venideros unos resultados más satisfactorios. Reorientar las inversiones en protección del medio hacia la prevención nos ofrece la garantía de conservar nuestros recursos con menores partidas presupuestarias.
Es necesario llevar a cabo una selvicultura preventiva que mantenga los bosques en buen estado todo el año y, en especial, en la época de alto riesgo de incendios.
Urge destinar inversiones a estas actuaciones:
-Nuevas fajas y cortafuegos y su mantenimiento posterior.
-Reducción de la presencia de matorral en áreas próximas a zonas de paso de vehículos o maquinaria.
-Gestionar los residuos procedentes de podas y cortas en los bosques.
-Mejora de la red viaria en pos de lograr un mejor acceso a los puntos de actuación en la extinción.
-Reducir la biomasa forestal densa en puntos conflictivos para evitar una continuidad en todas las direcciones.
-Creación de nuevos puntos de agua para lograr una extinción más eficiente.

La selvicultura preventiva dificulta la propagación del fuego mediante actuaciones lineales y actuaciones en masa que crean discontinuidades y transforman los modelos de combustible. La prevención tratará de que no se inicie el incendio, mediante actuaciones sobre los agentes causantes de la ignición. Pero además, reconociendo la imposibilidad de evitar algunos incendios, la prevención deberá tratar de dificultar el desplazamiento del fuego sobre los combustibles mediante acciones previas que acondicionen la masa forestal para hacerla más resistente al avance del incendio.

La prevención es una inversión necesaria para reducir sus costes de extinción y proteger los recursos forestales con más garantías de éxito. Los recursos anticipados ante el fuego ahorran gastos futuros con resultados más positivos. No sólo económicamente. También protegiendo y mejorando el valor de los recursos naturales.
La educación de la población en la lucha contra los incendios forestales es fundamental. Casi un 60% de los incendios es intencionado, un 15% por negligencia, descuido o ignorancia de un comportamiento racional ante el fuego y un 4% por causas naturales.

 

7. Conclusión
 

La salud de nuestros bosques definirá el futuro de nuestra sociedad. No basta con contener simplemente los envites de los incendios forestales, hay que generar expectativas más ambiciosas en recuperar su buena salud.
La lucha contra los incendios forestales es el mejor ataque natural contra el cambio climático. No hay que olvidar que los bosques son un sumidero de CO2. La muerte de masa forestal, acelerada por incendios forestales, libera de nuevo a la atmósfera el exceso de carbono en forma de óxidos de carbono o metano.
Todo esto impulsa a ASEMFO a pedir a la sociedad que tome conciencia de la necesidad de proteger los bosques y de dar un uso racional de los recursos naturales para conseguir un desarrollo sostenible más justo, duradero y saludable.

 
 

Equipo técnico de ASEMFO

 
 
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