Las actividades ganaderas
dan lugar a subproductos, por ejemplo los orines y excrementos.
Estos subproductos se pueden aprovechar como abonos
o productores de metano.
En las actividades agrícolas también
aparecen subproductos como la biomasa y el bagazo de
la fabricación de la cerveza, que pueden aprovecharse
para obtener combustibles y transformarse en energía.
Si esta reutilización es rentable los residuos
pasan de ser un subproducto a tener un valor importante
Presentan los mismos problemas que los materiales clásicos
de construcción. Los que emplean hormigón,
yeso y ladrillo tienen más problemas que los
que usan barro, piedra y madera. Las tasas por vertido
sólo solucionan parcialmente el problema. Hay
materiales de corta existencia, pero que ocupan un volumen
muy elevado y que aún no se ha pensado como reutilizarlos.
Un ejemplo son los aislantes térmicos de los
almacenes frigoríficos.
Una de las principales medidas es el principio “el
que contamina paga”, lo que puede ser un buen
punto de partida. Hay que intentar concienciar a la
sociedad de la necesidad de desarrollar las actividades
anteriormente mencionadas de forma sostenible. La creación
de centros medioambientales o la inclusión de
estos temas en la enseñanza o la promoción
de la etiqueta ecológica ayudan a solucionar
estos problemas.

Desde que pensamos un producto hay que tener en cuenta
la energía necesaria para fabricar el producto,
para transportarlo o la energía que el propio
producto consume, la que necesitamos para su reutilización,
reconversión, o transformación o enterramiento
y si deberíamos aprovechar su capacidad de conversión
en energía o no antes del final en el ciclo de
su vida.
En la alimentación, uno de los temas más
interesantes que se presentan es el estudio del ciclo
de vida de los alimentos, incluyendo la tecnología
para su producción, conservación y comercialización.
Se considera fundamental la mentalización colectiva
en la solución de los temas medioambientales.
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