¿De dónde viene la biomasa?  
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Dada la variedad de biocombustibles que se pueden obtener de la biomasa para la producción de calor, electricidad o biocarburantes, existe también una gran diversidad de fuentes de las que pueden obtener las materias primas correspondientes.

 

 
 

 

Básicamente las fuentes de obtención de materias primas para biomasa pueden clasificarse en cuatro categorías. La primera, la biomasa natural que se produce espontáneamente en las tierras no cultivadas y que el hombre ha utilizado tradicionalmente para satisfacer sus necesidades calóricas. Este tipo de biomasa no parece ser la más adecuada para su aprovechamiento energético masivo ya que podría originar una rápida degradación de los ecosistemas naturales.

En segundo lugar los residuos producidos en las explotaciones agrícolas, forestales o ganaderas, así como los residuos de origen orgánico generados en las industrias y en los núcleos urbanos. La utilización de este tipo ofrece perspectivas atrayentes aunque limitadas, siendo más importante la descontaminación que se produce al eliminar estos residuos que la energía que se puede generar con su aprovechamiento. La energía de biomasa que procede de la madera, residuos agrícolas y estiércol, continúa siendo la fuente principal de energía de las zonas en desarrollo. En algunos casos también es el recurso económico más importante, como en Brasil, donde la caña de azúcar se transforma en etanol, y en la provincia de Sichuán, en China, donde se obtiene gas a partir de estiércol. Además, los países industrializados vuelven a interesarse por la leña debido al elevado precio del petróleo.

En tercer lugar los excedentes de cosechas agrícolas utilizados para transformarlos en combustibles o carburantes de automoción: debe ser un tema coyuntural y nunca pretender que se transforme en una situación crónica. Los cultivos agrícolas generadores de excedentes han estado seleccionados para fines alimenticios, por lo que los productos energéticos que se obtienen de ellos suelen resultar a un precio no competitivo con respecto a los que pretenden sustituir.

Y por último, los cultivos energéticos, realizados con la finalidad de producir biomasa transformable en combustible o carburante, son la alternativa más viable para la producción de biomasa para fines energéticos por el sector agrario, constituyendo esta actividad una nueva materia que en su día bautizamos con el nombre de agroenergética y que supone un nuevo campo para la actividad agraria.

En el caso de los cultivos energéticos es necesario mencionar otra condición adicional que consiste en la obligatoriedad de que el balance energético sea positivo, es decir, que el consumo energético de toda la actividad global de la producción de los biocombustibles sea inferior a la energía contenida de éstos. Esta condición evitaría que se fomente a través de subvenciones el desarrollo de actividades no sostenibles que hoy en día pueden englobar bajo el paraguas general de la agroenergética.

Actualmente se consideran cultivo energéticos todos aquellos cuyo fin sea el de producir materia prima para fabricación de biocombustibles. Por esta razón, cultivos que venían siendo seleccionados para usos alimentarios o industriales, pueden tener una consideración doble y se contemplan como energéticos si su producto va destinado a la producción de biocombustibles.

El Libro Blanco de la Comisión de la UE sobre Energías Renovables y diferentes planes de fomento de estas energías elaborados por otros países comunitarios, van encaminados a lograr la participación de las energías renovables en el suministro de un 12% de la energía primaria para 2010. Uno de los aspectos comunes en todos los países es la necesidad de incrementar la participación de la biomasa en la producción de energía primaria. Según las previsión de la Comisión el aporte de la biomasa debería pasar de 44,8 Mtep (en el año 95) a 135 Mtep (en 2010), lo que equivale a un aumento del 90,2 Mtep. Teniendo en cuenta estos datos, la biomasa, que debería triplicar su contribución inicial para lograr el objetivo propuesto, pasa a ser la pieza clave para el cumplimiento. Para ello la Comisión propone una estrategia basada en la distribución del 45 Mtep en cultivos energéticos, 30 Mtep en residuos agrícolas y forestales y 15 Mtep procedentes de bioenergías.

La Comisión también propone la utilización de un total de un total de 10 millones de hectáreas de tierras agrícolas de la UE para producción de cultivos energéticos. Existe además la posibilidad de utilizar para este cultivo tierras de retirada obligatoria de la PAC, siempre que exista un contrato de compra de la producción por parte de una empresa que vaya a dedicarla a fines energéticos.

 
   
   
 

Ventajas de la introducción de biomasa como fuente de energía

 
 


Actualmente se considera a la biomasa como una fuente de energía limpia. De hecho, la combustión de la biomasa produce agua y CO2, pero la cantidad emitida de este último gas forma parte de un flujo de circulación continuo entre la atmósfera y la vegetación de tal modo que esto no supone un incremento del gas causante del efecto invernadero en la atmósfera. Así mismo, no emite contaminantes sulfurados o nitrogenados, disminuye la dependencia externa del abastecimiento de combustibles y la tecnología para su aprovechamiento cuenta con un buen grado de desarrollo tecnológico para muchas aplicaciones entre otros beneficios.

En definitiva, las posibilidades de estos cultivos son amplias, aunque la falta de promoción de investigaciones en materia Agroenergética hace que la oferta de posibles cultivos para las diversas agroindustrias en cada zona sea muy limitada y esté compuesta por cultivos tradicionales.

 
   
   
   
   
   
   
   
 
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