La lista roja es un documento elaborado por la Unión
Mundial para la Naturaleza (UICN), donde están
registradas todas las extinciones de especies que
se han producido desde el año 1500, tanto animales
como vegetales, así como aquellas que se encuentran
en peligro de extinción.
En esos cinco siglos la lista ha variado bastante
y, aunque se han dado casos de exclusiones por especies
que se han conseguido recuperar o repoblar, la tónica
general es que el número vaya aumentando paulatinamente.
Cada vez es mayor el n
úmero
de especies amenazadas, y la cifra no parece que vaya
a recuperarse a corto plazo. La UICN arrojó
recientemente una serie de datos escalofriantes: el
número total de especies declaradas oficialmente
extintas asciende a 784, y se estima que unas 65 sólo
pueden encontrarse en cultivos o en cautiverio. De
las casi dos millones de especies que existen en el
planeta, la UICN sometió a estudio a más
de 40.000 y declaró en vías de extinción
a unas 15.600 de ellas hace tan sólo dos años;
en 2006 esa cifra de especies amenazadas ascendió
a 16.200. Esto incluye a uno de cada tres anfibios
y a una cuarta parte de las coníferas del mundo,
además de una de cada ocho aves y uno de cada
cuatro mamíferos.
La Lista Roja se basa en información proporcionada
por la Comisión de Supervivencia de Especies
(CSE), una red integrada por 7.000 expertos en plantas,
animales y asuntos de conservación y datos
de una serie de organizaciones asociadas. Los datos
de aves son proporcionados por BirdLife International.
En conjunto, esta red contiene la base de conocimientos
científicos más completa sobre la biología
y el estado de conservación actual de la especies.
Existen 34 focos críticos de biodiversidad
en todo el planeta, entre ellos el Mediterráneo,
hogar de más de 25.000 especies de plantas,
un 60% de las cuales no se encuentran en ninguna otra
parte del mundo.
Se
está prestando especial atención a este
paraíso natural, donde demasiados seres vivos
se encuentran abocados a la extinción a causa
del turismo masivo, la agricultura intensiva y la
especulación urbanística.
Se están estableciendo metas, como contar
con una evaluación de la diversidad biológica
mundial antes de 2008, y obviamente, intentar al menos
que deje de aumentar el número de especies
en peligro de extinción.
La Lista Roja de especies amenazadas 2006 de la UICN
revela nítidamente el continuo deterioro de
la biodiversidad del planeta y el impacto que tiene
la humanidad en la vida sobre la tierra. Ampliamente
reconocida como la evaluación con más
autoridad sobre el estado global de plantas y animales,
ésta mide con exactitud si se está avanzando
o no hacia la meta mundialmente acordada de reducir
de modo significativo el ritmo de la pérdida
de biodiversidad para el 2010.
En la lista de este año se han incluido nuevas
especies en peligro de extinción, como el oso
polar, el hipopótamo, la gacela del desierto,
el tiburón oceánico y varios peces de
agua dulce, así como diversas flores del Mediterráneo.
Igualmente, otras han visto una vía de escape
a la desaparición, como el pigargo europeo
o el buitre de la India.
En efecto, una de las principales víctimas
será el oso polar, por el cambio climático
que, cada vez más, hace mella en los polos
y
destruye
el hábitat de este plantígrado, un ecosistema
helado que podría llegar a desaparecer durante
los próximos 100 años. Un 30% de los
osos polares podrían desaparecer antes de la
primera mitad del siglo si continúa derritiéndose
el hielo y viéndose privadas por tanto sus
opciones de caza.
Los tiburones y las rayas se encuentran entre los
primeros grupos marinos evaluados sistemáticamente,
y el 20% de las 547 especies que figuran en la lista
está amenazado con la extinción. Esto
confirma las sospechas de que estas especies de crecimiento
lento son particularmente susceptibles a la pesca
excesiva y están desapareciendo en todo el
mundo a un ritmo sin precedentes. Incluso los océanos
corren el peligro de vaciarse, ya que muchos peces
acabarán desapareciendo si no cesa su pesca
masiva e incontrolada. La situación de los
peces de agua dulce tampoco es envidiable: un 56%
de las 252 especies del Mediterráneo y el 28%
de las especies de África del Este están
en peligro de extinción.
Las zonas desérticas, aparentemente alejadas
de la influencia humana, tampoco se libran de
perder su flora y fauna. Precisamente, en África,
uno de los animales más vulnerables es el hipopótamo
común, ya que su población ha descendido
en un 95%, especialmente en la República Democrática
de Congo y Zambia, debido a la caza no regulada que
busca su carne y el marfil de sus dientes. Otros animales,
como las gacelas o los antílopes, se encuentran
cerca de entrar en el apartado de especies extintas
en estado silvestre.
Como puede comprobarse, ningún rincón
del mundo se salva de ver mermado su número
de especies en estado salvaje. En la actualidad, por
lo menos 57 países usan Listas Rojas nacionales
aplicando los criterios de la UICN para definir sus
prioridades de conservación. Se han convertido
en una herramienta cada vez más poderosa para
la planificación, gestión, vigilancia
y adopción de decisiones relativas a ésta.
Se cita ampliamente en la literatura científica
como el sistema más apropiado para evaluar
el riesgo de extinción de las especies.
Desde la UICN se apuesta por esta conservación,
un método que realmente da frutos y ayuda a
muchos animales y plantas a salvarse de una desaparición
inminente en muchos casos. Este éxito demuestra
que nadie debe adoptar una actitud pasiva frente a
la pérdida de la biodiversidad tan excelente
de la que gozamos en nuestro planeta.