REVISTA AMBIENTUM
   
 
  Acuíferos: un tesoro bajo el suelo
   
 
El agua potable es un bien demasiado valioso y a su vez demasiado escaso. Hay muchos lugares en los que no disponen de este recurso, pues las sequías son cada vez más pertinaces y devastadoras. Es necesaria la búsqueda de alternativas, tanto o más que el ahorro del agua dulce, y los acuíferos son, sin duda, una fuente de vida que debe ser aprovechada.
   
 

Como cualquier otro recurso natural, no son eternos. Su sobreexplotación puede acabar con ellos antes de tiempo, por lo que es imprescindible un aprovechamiento sostenible y mesurado, a fin de evitar la desaparición de estos tesoros escondidos.

Más de mil millones de personas en todo el mundo no disponen de agua potable, y esto provoca que cada año mueran hasta tres millones y medio de ellas, sobre todo niños, por el mal estado del agua o por su falta. El reparto equitativo es un gran reto de este nuevo siglo, y mediante el agua del subsuelo puede hacerse una realidad viable.

 

 
¿QUÉ ES UN ACUÍFERO?
 

Un acuífero es una formación geológica subterránea, y en ellos se encuentra gran parte del agua de los continentes, más incluso que en los lagos, pero menos que en los glaciares. El agua ocupa los poros y grietas del suelo, que la retienen como si de una esponja se tratase, empapando los materiales permeables del subsuelo. El nivel freático puede encontrarse a distintas profundidades, desde centímetros hasta metros, por lo que varía mucho la dificultad de extracción de un acuífero a otro. Este nivel no es horizontal, como en los mares o lago, sino que se caracteriza por una serie de irregularidades, con pendientes monótonamente decrecientes desde el nivel fijo superior al nivel fijo inferior. Desde el punto de vista de su conformación se pueden distinguir los acuíferos libres y los acuíferos confinados: cuando una capa permeable está dispuesta entre dos capas impermeables forma lo que se denomina acuífero cautivo o confinado. En estas condiciones el agua está sujeta a una presión considerable. Si por cualquier circunstancia se crea una fisura en la capa impermeable, entonces el agua asciende rápidamente hasta el nivel freático para equilibrar las diferencias de presión. Por su parte, si la capa permeable no encuentra límite más que en profundidad, entonces se denomina acuífero libre.

Los acuíferos son una fuente esencial del abastecimiento urbano. En España, por ejemplo, unos doce millones de habitantes utilizan agua subterránea. Barcelona, Jaén, Alicante y Valencia son las provincias que más consumen, y por municipios destacan Castellón, que cubre al 100% su suministro a partir de aguas subterráneas, y Almería, que lo hace al 80%. Los archipiélagos canario y balear también dependen en gran medida de las aguas subterráneas, aunque cada vez menos debido a la desalación de agua de mar. Aun así, no nos encontramos a la cabeza respecto a esta práctica; en otros países europeos se utilizan y aprovechan mucho más estas reservas de agua, más protegidas que las superficiales y, por tanto, no tan susceptibles de ser contaminadas. Además, los tratamientos necesarios para su potabilización son menos costosos que los que requieren otros tipos de aguas, ya que la de los acuíferos es casi siempre dulce. Las de mejor calidad provienen de las formaciones carbonatadas.


 
PROBLEMAS Y SOLUCIONES
 

La contaminación de los acuíferos es uno de los principales problemas, pues una vez que el agua se ve alterada, resulta inservible, además de que los costes para su recuperación son demasiado elevados y poco rentables, por la complejidad técnica. Hay varias formas de que se contamine, principalmente por el incorrecto uso de los compuestos químicos agrícolas en los cultivos intensivos, el vertido de residuos urbanos e industriales y la inadecuada o inexistente gestión en los acuíferos costeros, que acaban siendo contaminados con el agua salada del mar, quedando inservibles para el consumo humano.

Además de la contaminación, la sobreexplotación es otro de los problemas principales que padecen los acuíferos. La sobreexplotación es el resultado del aumento excesivo de la extracción del agua, cada vez más demandada para usos agrícolas, urbanos e industriales, lo que produce descensos continuados del nivel de agua en el acuífero y un deterioro de su calidad. Si se sigue con esta práctica por mucho tiempo, el acuífero es difícil de recuperar, lo que ha llevado a que algunos incluso se sequen totalmente. Para que no se produzca una sobreexplotación, el bombeo medio anual de agua debe ser inferior a su recarga media anual, lo que permite además que nunca se agote. Existe, no obstante, una forma de salvar un acuífero, y es mediante su recarga. Esta técnica consiste en construir grandes balsas a través de las cuales se introduce agua en el acuífero, proveniente de embalses o ríos cercanos que estén en condiciones de prescindir de parte de su caudal. Mediante este sistema se logra recuperar los niveles óptimos y se contribuye a un mejor aprovechamiento.

El ritmo de renovación del agua subterránea es realmente lento, pues depende de las precipitaciones y la cantidad de agua arrastradas por los ríos, y su dinámica se caracteriza por su poca vivacidad, lo que ralentiza también las técnicas destinadas a su gestión. En ocasiones esta renovación se ve interrumpida por la impermeabilidad de las formaciones geológicas superiores o por causas climáticas como la aridez. Estas circunstancias provocan que sea preferible la prevención de riesgos, algo en lo que la Unión Europea está poniendo especial énfasis.

En resumen, si no se gestionan correctamente los acuíferos o abusamos de ellos estaremos renunciando a un valiosísimo recurso capaz de paliar la falta de agua dulce en el futuro, uno de los problemas que puede acabar y ya acaba con miles de especies del planeta, los humanos entre ellas.


   
 

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