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El mar Mediterráneo,
con una superficie aproximada de 2,5 millones de km2,
es el mar interior más grande del mundo, con
3.860 km de longitud. Se caracteriza, entre otras muchas
cosas, por ser un espacio prácticamente cerrado,
donde no existen grandes mareas, el oleaje es relativamente
reducido, la producción biológica es escasa
pero con una elevada biodiversidad y las aportaciones
de agua de los grandes océanos son mínimas
en comparación con su volumen. Se comunica de
forma natural con el Océano Atlántico
a través del Estrecho de Gibraltar, con el Mar
Negro a través de los estrechos del Bósforo
y de los Dardanelos y, de forma artificial y desde principios
del siglo XX, con el oceano Índico por el mar
Rojo a través del Canal de Suez. Por otro lado,
el mar Mediterráneo soporta la agresiva influencia
directa e indirecta de una población ribereña
de 150 millones de habitantes distribuidos a lo largo
de 46.000 Km de costa en una veintena de países
con diferente grado de desarrollo y cultura.
La
actividad humana, especialmente en los últimos
100 años, está acelerando a pasos agigantados
cambios en el mar Mediterráneo a nivel geológico,
biológico, biogeoquímico, etc. Los principales
factores de incidencia son el vertido de residuos industriales
(muy concentrado en algunos puntos), el vertido de aguas
residuales y, la influencia de la navegación,
principalmente del tráfico y trasiego de hidrocarburos.
Las cantidades reales de productos vertidos al mar no
se conocen exactamente, pero de forma aproximada y,
según la fuente consultada, se cifran en 650.000
las toneladas de crudo que se vierten cada año
en el Mediterráneo (30 % del total derramado
mundialmente), 80.000 toneladas de aceites minerales,
7.000 toneladas de sustancias orgánicas tóxicas,
35.000 de detergentes y varios miles de toneladas de
todo tipo de contaminantes químicos y metales
pesados.
Con toda esta situación, se plantea la cuestión
de hasta cuándo podrá seguir absorbiendo
el mar Mediterráneo todo este tipo de desechos
porque, aunque desde la orilla no lo parezca, los fondos
de muchas áreas, principalmente las cercanas
a las grandes urbes, se encuentran bastante deterioradas,
las poblaciones de flora y fauna están sufriendo
las consecuencias de cambios en su entorno y, es que,
el mar Mediterráneo no se puede considerar un
pozo sin fondo.
Se podría resumir que los grandes problemas derivados
de la contaminación en el Mediterráneo
derivan de que el 50 % del tráfico marítimo
mundial reside o atraviesa este mar (uniendo Europa,
el norte de Africa y Oriente Próximo), a lo largo
de su litoral y red fluvial existen un elevado número
de industrias químicas, energéticas y
petroquímicas, aparecen problemas de eutrofización,
sedimentación y otros muchos derivados del turismo,
la pesca, etc.
En el caso del petróleo y, en general, de los
hidrocarburos, de los cuales circula por el Mediterráneo
el 35% del comercio mundial, el vertido se produce en
situaciones de hundimientos o grandes accidentes (10
ó 15 % del total) y, el resto, en derrames de
pequeño o medio tamaño en operaciones
de carga y descarga, pequeños accidentes, roturas
de depósitos, limpieza de depósitos y
sentinas, etc. En España existen dos puntos críticos
de tráfico de estos buques; el más concurrido
es el estrecho de Gibraltar y, en segundo orden, la
franja comprendida entre Barcelona y Cartagena, donde
se estima un vertido superior a las 15.000 toneladas
de crudo. En el resto del mar Mediterráneo, destacan
negativamente las áreas cercanas a Marsella,
Génova, estrecho de Dardanelos y zonas concretas
de Libia, Argelia y Egipto.
La eutrofización de parte de la cuenca mediterránea
es consecuencia del exceso de nutrientes aportado por
las corrientes fluviales, originados mayoritariamente
por el empleo de abonos químicos, detergentes
fosfatados y por el vertido de aguas residuales no depuradas.
En la península Ibérica aparece este tipo
de contaminación en el sureste, en la franja
comprendida entre Murcia y Gibraltar y en la desembocadura
del Ebro. En el resto del Mediterráneo aparecen
áreas muy contaminadas, incapaces de digerir
este exceso de fertilizantes y, en consecuencia, con
una proliferación excesiva de determinadas algas
y una reducción alarmante de las especies menos
resistentes. Entre estas zonas destacan el norte del
mar Adriático, las costas orientales de Túnez,
la desembocadura del Nilo y del Ródano y amplias
zonas del estrecho de Dardanelos, afectado por la eutrofización
del mar Negro.
El vertido de aguas residuales al mar es la forma habitual
de deshacerse de las mismas. En principio, y especialmente
en el litoral norte y oeste, éstas deben depurarse
previamente, pero esto no ocurre siempre, y menos aún
en el litoral sur. Por ello, el exceso de nutrientes
y el aporte de sustancias de difícil metabolización
y diferente grado de toxicidad y naturaleza al mar es
considerable. En consecuencia, por un lado, el exceso
de nutrientes incide sobre el grado de eutrofización
de la zona, por otro, multitud de productos químicos
procedentes de restos de medicamentos, productos de
limpieza, biocidas, etc. actuarán de forma variada
en el entorno y la biota y, finalmente, la acumulación
de sedimentos en los fondos cercanos a los puntos de
descarga crece con el paso del tiempo y se desplaza
por acción de las corrientes. Con todo ello,
el fondo marino cambia su estructura, composición
y el equilibrio natural de la flora y fauna se rompe,
dejando paso a las especies más resistentes que,
en muchos casos, concentran los tóxicos y los
distribuyen a través de la cadena trófica.
Esta situación se produce frente a las grandes
poblaciones mediterráneas: Barcelona, Roma, Nápoles,
Argel, Atenas, Port Said, etc.
Otra grave incidencia sobre el mar detectada en diversos
estudios científicos es el aporte de contaminantes
procedentes de emisiones gaseosas que, generados tierra
adentro, se han desplazado a través de las corrientes
de aire y han terminado depositándose en la superficie
marina. En este caso no se producen grandes concentraciones,
sino grandes aportes a lo ancho y largo de todo el mar.
Para
paliar esta situación, hace treinta años,
en 1.975, 16 países ribereños y la CEE
adoptaron el Plan de Acción para el Mediterráneo
(PAM), el primer acuerdo regional bajo los auspicios
del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente
(PNUMA). Posteriormente, en 1976, se adoptó el
Convenio para la protección del mar Mediterráneo
contra la contaminación, denominado Convenio
de Barcelona y mucho más tarde, en 1.995, fue
enmendado, pasando a denominarse Convenio para la protección
del medioambiente marino y de la región costera
del Mediterráneo. Este fue completado con diversos
protocolos, conformando el marco legal del PAM, denominado
actualmente Convenio de Barcelona.
ELEMENTOS
ADICIONALES DEL CONVENIO DE BARCELONA |
ACUERDOS |
FECHA
DE ADOPCIÓN |
OBSERVACIONES |
Protocolo
sobre la protección del mar Mediterráneo,
contra la contaminación derivada de
la exploración y explotación
de la plataforma continental y el lecho marino
y de su subsuelo
|
14
de octubre de 1994 |
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|
Convenio
para la protección del medioambiente
marino y del La región costera del Mediterráneo |
10
de junio de 1995 |
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|
Protocolo
sobre las zonas especialmente protegidas y la
diversidad biológica del Mediterráneo |
10
de junio de 1995 |
Reemplaza
al Protocolo sobre las zonas especialmente protegidas,
en vigor desde 1982 |
|
Protocolo
sobre la prevención de la contaminación
en el mar Mediterráneo causada por vertidos
desde buques y aeronaves o por incineración
en la mar |
10
de junio de 1995 |
Enmienda
al Protocolo sobre la prevención de la
contaminación en el mar Mediterráneo
causada por vertidos desde buques y aeronaves,
adoptado el 16 de febrero de 1976 |
| Protocolo
sobre la protección del mar Mediterráneo
contra la contaminación de origen terrestre |
7
de marzo de 1996 |
Enmienda
al Protocolo sobre la protección del mar
Mediterráneo contra la contaminación
de origen terrestre, adoptado el 17 de mayo de
1980 |
| Protocolo
sobre la prevención de la contaminación
del mar Mediterráneo por movimientos transfronterizos
de desechos peligrosos y su eliminación |
1
de octubre de 1996 |
|
| Protocolo
sobre cooperación para prevenir la contaminación
por los buques y, en situaciones de emergencia,
combatir la contaminación del mar Mediterráneo |
25
de enero de 2002 |
Sustituye
al Protocolo sobre cooperación para combatir
la contaminación del mar Mediterráneo
por petróleo y otras sustancias dañinas
en caso de emergencia, que estaba en vigor desde
1976 |
Las obligaciones generales impuestas
a las partes contratantes por el convenio son:
• Prevenir, reducir y,
en la medida de lo posible, eliminar la contaminación
en la zona del mar Mediterráneo.
• Alcanzar los objetivos del desarrollo sostenible.
• Proteger y mejorar el medioambiente marino
y contribuir a su desarrollo sostenible.
• Gestionar de forma integrada las zonas costeras,
considerando la protección de zonas de interés
ecológico o paisajístico y la utilización
racional de los recursos naturales.
• Tomar las medidas apropiadas para cumplir
e implementar el PAM.
• Promover, dentro de los organismos internacionales
competentes, las medidas referentes a la implementación
de programas de desarrollo sostenible, protección,
conservación y rehabilitación del medioambiente
y los recursos naturales en el área del mar
Mediterráneo.
| PAÍSES
RATIFICANTES DEL CONVENIO DE BARCELONA |
| Albania |
Líbano |
| Argelia |
Malta |
| Bosnia
Herzegovina |
Mónaco |
| Croacia |
Marruecos |
| Chipre |
Serbia
y Montenegro |
| Egipto |
Eslovenia |
| Unión
Europea |
España |
| Francia |
Siria |
| Grecia |
Túnez |
| Israel |
Turquía |
| Italia |
. |
Por otro lado, en la
reciente cumbre euromediterránea celebrada en
Barcelona, donde están representados la Unión
Europea más las otras diez naciones ribereñas,
se acordó fijar la eliminación de la contaminación
en la cuenca mediterránea en 15 años,
o sea, para el año 2.020. Celebrada en Barcelona
en diciembre de 2.005, asistieron ministros y altos
responsables de medio ambiente de la UE y de los países
ribereños del Mediterráneo, entre los
que se encontraban el comisario europeo Stavros Dimas
y la ministra Cristina Narbona. Se consideró
como “una primera reunión para empezar
a trabajar” y tuvo el objeto de concretar un documento
de síntesis del trabajo que, al parecer, incluirá
objetivos sobre reducción de la contaminación
industrial, la generación de residuos municipales
y depuración de las aguas residuales.
Todas estas iniciativas son de gran
importancia para el mantenimiento del equilibrio entre
la evolución humana y la del ecosistema marino
en el Mediterráneo. La gran mayoría de
la población es consciente del daño medioambiental
que estamos generando, especialmente los países
desarrollados y, por ello, existe una sensibilización
hacia la preservación de los recursos medioambientales,
pero requiere de un respaldo de los diferentes organismos
reguladores para crear y cumplir el marco legal necesario
para ello.
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