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En
estos días en que el precio del suelo y la vivienda
se dispara y en que el mundo rural se abandona, se pone
de manifiesto la relación que existe entre los
conceptos de crecimiento económico y abundancia
y disponibilidad de recursos. El espacio, como medio
o elemento físico en el que se desarrolla la
vida y las actividades económicas, puede ser
considerado como un recurso natural. La escasez de suelo,
motivada por una oferta incapaz de satisfacer a una
demanda creciente, conduce a la carestía de la
tierra y a la búsqueda de nuevo suelo útil,
trae consigo mayores desplazamientos y provoca impactos
ambientales y sociales. Entre estos efectos cabe citar
la despoblación de las zonas rurales, que suponen
un 80% del territorio nacional; la población
residente en núcleos de menos de 5.000 habitantes
se ha reducido en un 47% según el dato del Plan
Nacional de Regadíos 1990-96 es claro
Planificación
territorial
Buscando soluciones a
este grave problema, en las últimas décadas
se viene prestando gran atención a la planificación
territorial. Tradicionalmente se ha distinguido entre
un sector primario, inamovible, y otro secundario, adaptable
a diferentes emplazamientos. A su vez, la distribución
de usos del suelo se ha propuesto bien concéntrica
o monocéntrica, propia de "economías
centralizadas", o por el contrario, dispersa o
policéntrica, propia de "economías
multirregionales". Los aspectos sociales, la especialización,
el comercio, la logística y las nuevas comunicaciones
han ido matizando estas consideraciones.
Las
actividades que tienen más interés en
ocupar áreas próximas a los mercados son
las que arrojan mayores producciones, es decir las explotaciones
más intensivas y las más sensibles a los
costes de transporte de mercancías. La localización
espacial en anillos concéntricos en torno a un
lugar central -una ciudad o mercado- no es tan simple
si pensamos que la intensidad en el uso de la tierra
y el rendimiento de los cultivos no es constante, que
la venta de la producción se hace a diferentes
precios y que la dependencia del acceso puede darse
respecto a varios puntos. El modelo espacial del "Lugar
Central", en malla regular, persigue un desarrollo
regional integrador y equilibrado, acercando economías
dispersas a los factores de producción; pero
su efectividad se supedita a la posibilidad de creación
de nuevos desarrollos territoriales.
Demanda de terreno
por sectores
Las actividades agrarias
son las que más terreno demandan, precisando
mucho movimiento para dar salida a su producción,
no así para proveerse de recursos; en consecuencia,
conceden más importancia a la situación
de los mercados que a la de los insumos. Las industrias
manufactureras buscan emplazamientos próximos
a los recursos que luego transforman; no reclaman grandes
extensiones, y a veces abastecen por sí mismas
a una zona. Por ello, no se ven muy afectadas por el
precio de la tierra, aunque sí se ven supeditadas
a la proximidad a los puntos de acopio. La vida en las
ciudades se caracteriza por el movimiento de personas,
mercancías e información; la localización
responde a las exigencias de desplazamiento, siendo
el tiempo un factor prioritario. En torno al mercado
de trabajo gira por lo general la demanda residencial,
que en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla
da lugar a una expansión desmedida.
La Ordenación
Territorial en España es una política
a mejorar. La despoblación de zonas rurales de
Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León
y Extremadura obliga a que las autoridades tomen medidas
urgentes si no queremos que el 80% de nuestro territorio
se convierta en un páramo desierto. A pesar de
ello, aún no está claro que haya un argumento
único capaz de proporcionar a las autoridades
públicas la iniciativa suficiente como para minimizar
los costes económicos -sociales y ambientales-
en sentido amplio, finalidad ésta que, al buen
entender de organizaciones como la Red Española
de Desarrollo Rural, (REDR) debería ser prioritaria
en la planificación de usos y en todo argumento
de localización o promoción de lugares
centrales.
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