Objetivo: evitar incendios y mejorar el hábitat natural de la fauna mediterránea  
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Los incendios son un grave peligro en todo el país y no sólo amenazan a la población y a los bienes patrimoniales sino también a la biodiversidad. Tras un incendio, las acciones sobre los bosques quemados se reducen a obtener un rápido provecho de la madera quemada, y allá donde no llega la mano del hombre, simplemente esperar la recuperación del entorno natural. En otros casos, se hacen repoblaciones, con mayor o menor éxito. Ante la situación ¿cuál es la mejor opción para recuperar los hábitats naturales en bosques quemados?

En agosto del 2003, un incendio forestal afectó más de 4.600 Ha del Parc Natural de Sant Llorenç del Munt y l'Obac en Catalunya. A raíz del suceso, el Equipo de Biología de la Conservación del Áliga Perdicera de la UB y la Diputación de Barcelona se plantearon la oportunidad de estudiar la influencia de las diferentes intervenciones post-incendio sobre la biodiversidad y, en especial, sobre las especies presa (conejo y perdiz) para facilitar herramientas y alternativas de gestión a las áreas incendiadas.

En el estudio entre la UB y la Diputación de Barcelona, que ahora está en fase inicial, se comparan diferentes tratamientos silvícolas post-incendio que se pueden aplicar en bosques quemados. De todas las alternativas que se están analizando, parece ser que la retirada del ramaje -que favorece la creación de áreas abiertas y el crecimiento de plantas herbáceas- tiene como consecuencia una mejora substancial de las poblaciones de flora y fauna mediterráneas. La experiencia piloto se está llevando a cabo en un área situada en la finca de la Muntada, propiedad de la Diputación de Barcelona, con la participación del Equipo de Biología de la Conservación de la UB, el colectivo de voluntarios ambientales "Amigos de los Parques Naturales" de la Diputación de Barcelona y el trabajo de los técnicos del Parc Natural de St. Llorenç de Munt.

Con la ayuda de voluntarios medioambientales, se retiran todas las ramas que hay en tierra y se acumulan en pilas y pistas de desembosque. Posteriormente, todo ese material es triturado mecánicamente. Con ello, se persigue un triple objetivo: reducir el riesgo de incendio, crear un hábitat más favorable para especies presa como el conejo y la perdiz -y rapaces mediterráneas amenazadas como el águila perdicera- y finalmente, mejorar la implicación social y la sensibilización ambiental de la problemática de la gestión de las àreas incendiadas.

Creado en el 1980, el Equipo de Biología de la Conservación-Águila Perdicera de la UB está liderado por los investigadores Joan Real y Albert Tintó del Departamento de Biología Animal, y centra su actividad científica en el estudio y conservación de esta rapaz, una de las especies más emblemáticas de la región mediterránea.

  Rosa Martínez; redactora científica (Universidad de Barcelona)
 
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