De priones, vacas locas y Homo Sapiens
 
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Todos sabemos el problema que se nos ha planteado con las mal llamadas vacas locas, pero quizás no somos capaces de entenderlo. Voy a tratar de explicarlo de forma inteligible.

Debemos empezar por saber que son los priones. Todos sabemos lo que es una vaca, un pez, un insecto, un microbio y hasta, si me apuráis, un virus. Pero y los Priones? Pues bien, los priones son una especie de bichos todavía más pequeños que los virus.

Prescindiendo de las creencias religiosas de cada uno, lo más probable, a la luz de los conocimientos actuales, es que la vida se generara de forma espontánea en la Tierra. Y posiblemente en muchos otros planetas, pero esta es otra cuestión. Hoy consideramos un ser vivo cuando es capaz de crecer de dentro hacia afuera y reproducirse.

En las condiciones ambientales de la Tierra hace algunos miles de millones de años se dieron las condiciones necesarias para que, de forma natural, se sintetizaran moléculas orgánicas, es decir, formadas por los seres que hoy consideramos vivos.

En un principio, las moléculas que se formaban en el planeta Tierra, como las que podemos sintetizar hoy en el laboratorio, no tenían vida, pero si que alcanzaban progresivamente una mayor complejidad.

El primer logro de la vida fue, probablemente, la capacidad de auto-duplicación que algunas proteínas alcanzaron, no se sabe exactamente como, (aquí pueden encajar algunos planteamientos místicos).

Estas proteínas, se alimentaban de otras, y cuando conseguían el número suficiente de átomos se dividían formando dos moléculas idénticas a la original (el proceso puede ser parecido a la polimerización, pero al revés).

Fueron desarrollándose hasta evolucionar en otros organismos (quizás virus o bacterias), ya dotados de vida, tal como la entendemos hoy, y que dieron origen a la diversidad de los organismos que han poblado este planeta.

Esto no es más que una de las muchas teorías sobre el origen de la vida, tan cierta o tan falsa como otras, pero si es cierto que aquellas proteínas, dotadas de la capacidad de auto - duplicación, formadas entonces o en otro momento, son lo que actualmente conocemos como priones.

En resumen, los priones son unos organismos no se sabe si podemos llamarlos vivos, unas proteínas, que consumen o utilizan otras proteínas para auto duplicarse o reproducirse.

Estos organismos han existido sobre la tierra desde hace millones de años, y por su peculiar forma de vida han acabado por ser parásitos, que no pueden reproducirse fuera de organismos superiores.

Al no estar propiamente vivos es muy difícil matarlos, y sobreviven a condiciones que ningún ser vivo resistiría, como por ejemplo altísimas temperaturas que destruirían cualquier ser vivo, pueden estar indefinidamente sin comer ya que, al no estar vivos, no tienen necesidad de energía para mantener su estructura, que se mantiene como cualquier producto químico. Si no tienen aporte de las proteína que necesitan para reproducirse o duplicarse, simplemente no lo hacen y esperan tiempos mejores.

En estas condiciones han sobrevivido hasta ahora, y su presencia ha pasado prácticamente desapercibida para el gran público, e incluso para la comunidad científica.

Las primeras apariciones detectadas de este bicho fueron las infecciones de cabras. Es lugar común el ser una cabra loca, estar Amás loco que una cabra, y otras locuciones por el estilo que indica que, en determinadas circunstancia una cabra enloquece sin que se sepa porque.

Hoy sabemos que unos priones son la causa del mal, que durante muchos años (al menos varios cientos) ha estado circunscrito al ganado caprino. Ya a principios de siglo se detectó una enfermedad parecida en las ovejas. No se sabe si el prión es el mismo, o una mutación del que afecta a las cabras, pero lo cierto es que la enfermedad entre las ovejas se extendió con una cierta rapidez.

Paralelamente, se detectaron humanos con enfermedades parecidas. Todas ellas tienen un mismo y, por ahora, irremediable fin: La muerte del portador.

En el caso de las vacas, no se conocía la enfermedad, lo cual no significa que no existiera, hasta hace relativamente poco tiempo.

)Como se ha llegado a la situación actual? La necesidad de alimentar una población humana en constante crecimiento llevo al aprovechamiento de los despojos animales como alimento, en forma de harinas, de otros animales, incluso los vegetarianos.

Hemos convertido nuestras ovejas y vacas en carnívoras, actuando contra natura, y para más inri, les hemos dado carne contaminada con priones. Renuncio a alargarme sobre el tema, que demuestra, una vez más la ignorancia del Homo Sapiens en lo que atañe a la Naturaleza.

La comunidad científica pensaba que el proceso a que se sometían los despojos animales para convertirlos en harinas eliminaba todo riesgo de infección. Hemos visto que estaba equivocada, y los priones pasan con gran tranquilidad las temperaturas de 130 1 C a que se debe someter la harina.

Ya hemos dicho que los priones son unas moléculas orgánicas, es decir, un producto químico, y no se destruye a 1301. De hecho, estudios recientes con una variante detectada en Norteamérica con rumiantes salvajes, indican que soportan temperaturas de más de 200 1C.

Ahora, los más sapiens entre nosotros, aquellos que escogemos para que nos gobiernen, dicen que vamos a convertir trozos de vaca en harina y que no pasa nada. La tiraremos a un vertedero y dentro de 500 años estas proteínas llamadas priones reaparecerán después de sus vacaciones.

No se trata de exterminar ninguna forma de vida o semi vida, pero sí dejar la población de priones reducida a unos valores numéricos que no representen un riesgo.

Si hemos visto que se concentran en determinadas partes de los animales a los que infectan, lo lógico sería separar estas partes (ya se hace) y destruirla mediante el fuego a temperaturas superiores a los 8001 C que garanticen la transformación de las proteínas que forman los priones en compuestos inorgánicos estables e inocuos.

Ello sólo se garantizará instalando el suficiente numero de hornos como para disponer de la suficiente capacidad de incineración, y dotando económicamente a los encargados de llevar a cabo el trabajo, sin pensar en retornos vía valorización que abran las puertas a posibles fraudes.

Una posible forma de control serían las cenizas de incineración, ricas en potasio y fósforo, que deberían ser recicladas y de esta forma se controlaría la eficacia de la incineración, y no resultaría difícil establecer ratios entre la cantidad de vacas sacrificadas y las cantidades de cenizas a disponer.

Para ello, instálese equipos de incineración en los mataderos y salas de despiece, para facilitar la eliminación de los llamados MER.

El Hombre olvida, Dios perdona, pero la Naturaleza no, y además castiga. Tengamos presente esta máxima antes de actuar de forma irresponsable.

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