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El
fenómeno sísmico, de triste actividad
en los últimos meses, es un gran desconocido
en España. Quizás sea consecuencia de
la escasa memoria histórica que tenemos y hemos
“olvidado” que en los últimos 500
años hemos sufrido al menos un terremoto destructivo
por siglo, salvo en el XX. Un dato importante es el
tsunami que arrasó la costa de Huelva y Cádiz
el primero de noviembre de 1755 como consecuencia del
terremoto de Lisboa. Evidentemente estos eventos se
repetirán, pero ¿que ocurre en zonas en
las que el hombre no ha registrado terremotos?, ¿quiere
decir que son zonas exentas de peligrosidad sísmica?,
no podemos responder a esta pregunta sin recurrir a
la geología de la zona en cuestión.
Los terremotos dejan su registro en la geología
y solo hay que ir a buscar estos registros y calcular
la edad y magnitud de los eventos pasados. Esto es posible
gracias a una rama de la geología que se encarga
del estudio de los terremotos antes delas primeras crónicas
históricas: la Paleosismología. Siempre
tenemos que tener muy presente que el origen de los
terremotos es la liberación brusca de energía
elástica en fallas y si queremos conocer el fenómeno
tendremos que tener muy claro que fallas generan o generaron
terremotos. Nunca podemos quedarnos exclusivamente con
la información que nos ofrecen los sismógrafos,
es como si al estudiar las inundaciones no estudiásemos
primero los ríos. Esta paradójica situación
es frecuente, especialmente cuando se habla de un terremoto,
pero no de la falla que lo generó. Por tanto,
tenemos que trabajar juntos geólogos y físicos
en el estudio del fenómeno sísmico, como
ocurre en otros países más avanzados en
este ámbito científico.
Uno de los registros geológicos
más interesantes es el lacustre. Estos sedimentos
son un “libro” completísimo del pasado
de una zona, en ellos podemos encontrar información
tan variada como: datos sobre el cambio climático,
la flora, la fauna, inundaciones o la sismicidad del
pasado. Por lo que, estos medios se están utilizando
como auténticos paleosismógrafos. En el
entrono de la ciudad de Hellín de encuentran
unos de los mejores afloramientos del mundo para el
estudio de la paleosismicidad en sedimentos lacustres.
Estos lagos son de hace 5,5 millones de años
(Mioceno superior) y en ellos podemos encontrar evidencias
de más de 70 terremotos importantes (10.000 años
de registro), de magnitudes superiores a 5 en la escala
de Richter. También se han identificado importantes
fallas afectando a sedimentos del Cuaternario. Los periodos
de recurrencia (cada cuanto se repite un terremoto)
calculados para este área son de 130 años
como media, espaciándose más para eventos
que podrían llegar a magnitud 8. Estos datos
han sido comparados mediante técnicas fractales
con las sismicidad actual y las fallas activas de la
zona, llegando a la conclusión de que son extrapolables
a la actualidad. Esto nos hace abrir mucho más
el catálogo sísmico de la zona, que era
inferior a 100 años. De esta manera, aportamos
datos en un intervalo temporal mayor que los ofrecidos
por los sismógrafos, completando esta información,
pareciendo grandes terremotos de los que no había
registro instrumental. Además, podemos determinar
que fallas son más activas y ver que zonas podrían
tener mayor peligrosidad y riesgo.
No debería cundir la alarma ante
este tipo de datos y si la sensatez, es de todos sabido
la actividad sísmica de la Cadena Bética,
sólo tenemos que poner los medios adecuados para
prevenir catástrofes. Con estas técnicas
podemos decir dónde se producirá y el
tamaño que tendrá un terremoto, pero la
predicción sísmica no es posible en la
actualidad, como tampoco lo es en medicina, nadie va
al médico a preguntarle cuando enfermará.
Por tanto en el estudio del pasado geológico
de una zona están las claves del futuro. De este
modo, al conocer las zonas de mayor peligrosidad y riesgo
sísmico y, si obramos en consecuencia, lo que
si podremos reducir son los efectos del sismo cuando
se produzca. Tenemos que aprender a convivir con este
tipo de fenómenos y el buen hacer de la planificación
territorial, que tenga en cuenta estos eventos, reducirá
las consecuencias de los mismos. Es el tributo que tenemos
que pagar por vivir en un planeta vivo, gracias a la
tectónica de placas tenemos atmósfera,
el día que cese esta actividad nos ocurrirá
lo que a Marte, así que, los terremotos son necesarios
para la vida en el planeta, pero no la insensatez humana.
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