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Energía

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La prioridad del certificado de eficiencia energética debe ser el ciudadano

Por José Luis López
Coordinador de proyectos en la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA)
Twitter: @jlopezfernandez

Alguna vez me he preguntado si alguien se plantearía reservar una habitación de hotel sin conocer el precio total o si se compraría un vehículo sin que le informasen del combustible utilizado o del consumo por kilómetro recorrido. Tampoco se pierde detalle de las condiciones cuando se solicita un préstamo hipotecario o de las características del nuevo Smartphone antes de adquirirlo, como es lógico por otro lado. Pero, sin embargo, durante muchos años se ha realizado, probablemente,  la que es la mayor inversión que una persona puede realizar en su  vida, la vivienda, sin conocer una característica básica; su comportamiento energético.

La Comisión Europea se dio cuenta de esto hace tiempo y se propuso que los Estados Miembros tomasen cartas en el asunto, por lo que en el año 2002 aprobó la Directiva 91/2002 relativa a la eficiencia energética de los edificios, que posteriormente sería refundida por la Directiva 31/2010, en la que instaba a los Estados miembros a establecer un procedimiento que permitiese certificar la eficiencia energética de los edificios y que velase por el derecho a la información del ciudadano.

“Se han elaborado una serie de fichas divulgativas y una guía específica donde se explican… los beneficios de una mejora de los edificios en los que habitamos”

Sin querer realizar un análisis exhaustivo de las causas,  el hecho objetivo es que hasta el mes de abril de este año 2013 el Estado español no reguló de forma completa esta cuestión. Lo ha hecho mediante la aprobación del Real Decreto 235/2013, de 5 de abril, en el que se recoge el procedimiento básico que regula la certificación de la eficiencia energética de los edificios y en el que se establece, como obligación esencial para cualquier ciudadano, que a partir del 1 de junio de 2013 todo edificio o parte de este que sea objeto de venta o alquiler disponga de un certificado de la eficiencia energética (CEE) que sea puesto a disposición del comprador o arrendatario. Además, en todo anuncio, promoción o publicidad del inmueble debe incorporarse la etiqueta de eficiencia energética, un distintivo, con un formato oficial reconocido por el Ministerio de Industria, Turismo y Energía que muestra dos indicadores esenciales para el ciudadano; las emisiones de CO2 y el consumo de energía (no renovable).

¿Qué ha supuesto la llegada de la del Certificado de Eficiencia Energética?

Depende de cada caso y de cada agente. Analicemos diferentes agentes implicados:

  • Por un lado a la Administración Estatal. Este nivel de la Administración se encargó de transponer la Directiva europea y regular los aspectos básicos de la certificación de eficiencia energética de edificios, recogidos en el RD 235/2013. También debe coordinarse con las administraciones autonómicas, que son las que tienen las competencias a la hora de establecer los procedimientos específicos para el registro y el control y vigilancia de los certificados, y reportar a los estamentos europeos el cumplimiento de las Directivas.
  • Las Administraciones Autonómicas. Son las encargadas de desarrollar el procedimiento básico estatal en su ámbito geográfico y de regular aspectos esenciales como el control del cumplimiento de la normativa y el registro de los certificados. Sin duda este nivel de la administración es el que tiene la mayor parte de las competencias y el que cuenta con la capacidad para facilitar el proceso a los ciudadanos, por ejemplo, en lo que respecta a su obligación de registrar los certificados. Las Administraciones autonómicas han tenido que hacer un sobreesfuerzo para adaptarse a la nueva normativa y sobre todo, en primer lugar, para habilitar los registros oportunos. No obstante, deberán continuar haciendo esfuerzos por establecer y/o mantener y mejorar los sistemas de control y vigilancia que permitan velar por la calidad de los certificados.
  • Los técnicos competentes o profesionales directamente vinculados a la certificación de eficiencia energética. Para ellos ha supuesto un nicho de negocio y una pequeña-gran bombona de oxigeno como desarrollo de una actividad nueva, máxime en un momento socioeconómico como el actual en el que la baja actividad, especialmente del sector de la edificación, ha perjudicado a muchos profesionales. Para ello, los técnicos han realizado cursos de formación específicos que, sin duda, han mejorado su cualificación. No obstante, la competencia y la oferta de profesionales es muy elevada y aunque en los primeros meses tras la aprobación  de la normativa la demanda de certificados es alta, para la mayor parte de profesionales la emisión de certificados sólo será un complemento de su actividad laboral.
  • Las entidades de formación específica en materia de certificación de la eficiencia energética. Tanto antes de la implantación como después de la misma, se han formalizado multitud de cursos específicos, por parte de entidades públicas y privadas, para formar específicamente a los técnicos competentes en el manejo de las dos herramientas reconocidas (por el Ministerio de Industria, Turismo y Energía) para realizar los certificados. Sin duda, el desarrollo de estos cursos ha mejorado la capacitación de los técnicos y ha dotado de impulso a los programas formativos de estas entidades.
  • Los profesionales indirectamente vinculados a la certificación de la eficiencia energética. Se trata de aquéllos agentes clave que, sin ser técnicos competentes, son, en muchas ocasiones, los primeros a los que un ciudadano acudirá para resolver sus dudas sobre la nueva normativa a la hora de poner a la venta o en alquiler un inmueble. Entre ellos se encuentran los administradores de fincas o los agentes inmobiliarios, que deben estar preparados para esta labor de información.
  • Los ciudadanos. En primera instancia estaríamos hablando de uno de los agentes más beneficiados ya que, por fin, esta nueva herramienta les dota de información sobre las viviendas que se ofertan en el mercado de alquiler o de compraventa y les permite elegir teniendo en cuenta esta característica. No obstante, no nos olvidemos,  también son ciudadanos aquellos propietarios que se ven en la obligación de obtener el certificado de eficiencia energética y que, en muchas ocasiones, están faltos de información sobre la importancia del certificado, su significado y la normativa de referencia.

“Dejar de lado al ciudadano puede ser quedarse muy corto de miras y tener una visión cortoplacista…es necesario concienciar y sobre todo contar con él”

De todos los agentes mencionados desde mi punto de vista los dos últimos son los que no han entrado entre las prioridades a la hora de facilitar la implantación de una nueva obligación, que, básicamente, a quién afecta es al ciudadano directamente. ¿Por qué no ha existido una campaña de comunicación que explique al ciudadano de dónde proviene y cuál es la finalidad de la certificación de eficiencia energética de edificios?

Se desconoce el porqué, aunque probablemente se trate más de una cuestión presupuestaria que de falta de intenciones. El hecho es que se han puesto en marcha las herramientas (la normativa, los programas informáticos, la formación de técnicos competentes, la habilitación de registros, etc.) para que el proceso de certificar un edificios por parte del técnico competente pudiera ser posible desde su entrada en vigor, pero sin embargo, se han olvidado del responsable de quién se enfrenta a una nueva obligación (y a un nuevo coste que asumir). Dejar de lado al ciudadano puede ser quedarse muy corto de miras y tener una visión cortoplacista, ya que el recorrido que puede tener la certificación de eficiencia energética no es sólo el de facilitar información al comprador o arrendatario de la vivienda (que es esencial), sino que va mucho más allá. Es la herramienta que visibiliza, al menos parcialmente, el comportamiento energético de los edificios y debe servir para priorizar actuaciones de mejora en los mismos, a diferentes escalas (vivienda, edificio o barrio). Y para llevar a cabo esas mejoras, que incrementarán la calidad de vida y la salud de las personas que habiten esos edificios y que contribuirán a minimizar el impacto que, sobre el cambio climático, se deriva del consumo energético de dichos edificios, es necesario concienciar y sobre todo contar con el ciudadano.

La respuesta de ACA ante la nueva normativa

Para evitar que el principal afectado y protagonista no quedara al margen,  desde  la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA) nos adelantamos a esta situación y propusimos en el año 2012 un proyecto que ejecutamos durante este año 2013, La certificación energética de edificios: Sensibilización y formación de actores clave para el ahorro y la eficiencia energética en el sector residencial ante el nuevo marco normativo con la colaboración de la Fundación Biodiversidad y la Fundación La Casa que Ahorra. Las actuaciones del proyecto se fundamentan en informar, sensibilizar y formar a aquellos colectivos profesionales que se han identificado como agentes clave (es decir, aquéllos a quien acude con mayor frecuencia el ciudadano para informarse) con el fin de facilitar la aplicación de la nueva normativa sobre certificación energética de edificios.

El objetivo del proyecto es promover e incentivar la adopción de medidas de eficiencia energética en el sector residencial español, que generen ahorros energéticos, minimicen las emisiones de CO2eq y  mejoren las condiciones de habitabilidad de las personas. Aunque las acciones del proyecto en primer lugar tienen como objetivo informar de todos los aspectos de la normativa (cómo se puede obtener el certificado, período de validez, registro, renovación, contenido de la etiqueta de eficiencia energética) el fin principal es poder trasmitir su utilidad como palanca o estímulo para emprender acciones que mejoren la eficiencia energética de los edificios y viviendas en los que habitan, dando a conocer los beneficios ambientales, sociales y económicos que de estas actuaciones de mejora se derivan.

Por ello, en el marco del proyecto, se han elaborado una serie de fichas divulgativas y una guía específica donde se explican todos los aspectos de la normativa y los beneficios de una mejora de los edificios en los que habitamos, de forma clara y concisa, con el fin de que sean de utilidad para los actores clave y para el ciudadano en general. De igual forma, durante el último trimestre del año se realizarán cinco jornadas formativas, en diferentes ubicaciones del territorio nacional, en las que se convocará a los actores clave y la ciudadanía en general y donde se continuará con la labor formativa del proyecto, abriendo el debate de los pros y las contras que ha supuesto la puesta en marcha de la certificación de eficiencia energética de edificios tras los primeros meses de implantación.

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