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Palo a las renovables e ignorar la eficiencia

Sergio de Otto es patrono de la Fundación Renovables
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Sergio de Otto

Este podría ser el resumen de la política energética de este Gobierno: castigo regulatorio a las energías renovables y olvido absoluto de las políticas de ahorro y eficiencia, dualidad que también valdría para calificar la actuación del anterior Gobierno en su segunda legislatura. Mientras el BOE acoge un mes sí y otro también una norma (ya sea Real Decreto-Ley, Decreto u Orden Ministerial) destinada a castigar –siempre con la excusa del déficit de tarifa que nunca se ataja– la osadía de las renovables de ocupar un lugar significativo en nuestro sistema eléctrico, brilla por su ausencia en el Diario Oficial la regulación desde el Ministerio de Industria, Turismo y Energía del mayor yacimiento energético de nuestro país: el ahorro y la eficiencia.

Al Ministro Soria y al Secretario de Estado de Energía, Álvaro Nadal, les hemos escuchado hablar con entusiasmo de las prospecciones de petróleo en Canarias, defender con uñas y dientes la continuidad de una obsoleta central nuclear, preocuparse por el rating  de las grandes eléctricas, pero apenas les hemos oído hablar de ahorro y eficiencia y, lo que es peor, no se han estrenado escribiendo en el BOE sobre la materia. No deja de llamar la atención que sí lo haya hecho y en términos muy sensatos su compañera en el Consejo de Ministros, la Ministra de Fomento Ana Pastor, en la Ley 8/2013 de Rehabilitación, Regeneración y Renovación Urbanas de 26 de junio, en cuyo  preámbulo se pueden leer cosas tan sensatas como que la vocación de esta Ley es contribuir al cumplimiento de los objetivos europeos –objetivos que Industria combate– “a través de las medidas de rehabilitación que permitirán reducir los consumos de energía, que promoverán energías limpias y que, por efecto de las medidas anteriores, reducirán las emisiones de Gases de Efecto Invernadero del sector”. Un discurso que se plasma coherentemente –aunque podría ser más ambicioso– en el articulado y en la Orden 1635/2013 de actualización del Código Técnico de Edificación dónde también se cita el objetivo de edificios de consumo casi nulo de energía, se habla de sustituir combustibles fósiles por renovables y se promueve la rehabilitación energética de edificios.

El resumen de la política energética de este Gobierno: castigo regulatorio a las energías renovables y olvido absoluto de las políticas de ahorro y eficiencia, dualidad que también valdría para calificar la actuación del anterior Gobierno en su segunda legislatura.

Ahorro, renovables, reducción de emisiones, son sin duda términos que al ministro de Industria le habrán sonado a herejía. No, aquí lo que tenemos que hacer es consumir cada vez más kilovatios, quemar más gas en nuestras calderas o en las plantas de ciclo combinado o llenar y llenar nuestros depósitos con gasóleos y gasolinas con un gran objetivo: salvar las cuentas de resultados de las grandes corporaciones. Ya lo dijo el anterior responsable del Instituto de Ahorro (Sí, ahorro) y Diversificación de la Energía: “¡Cómo vamos a hablar de ahorro estando como están las eléctricas!”. Todo un pensamiento filosófico que en pocas palabras  retrata perfectamente la política del Ministerio de Industria.

Se está despreciando el primer yacimiento energético que nos corresponde explotar ahora: el ahorro.

Lo grave es que, como señalaba anteriormente, se está despreciando el primer yacimiento energético que nos corresponde explotar ahora: el ahorro.  En este sentido cabe destacar las conclusiones de los dos estudios presentados por los profesores Lavandeira y Linares. En el segundo de ellos “Potencial económico de reducción de la demanda de energía en España”, concluyen que sumando al ahorro previsible que conllevaría la evolución tecnológica” (-26%) una actuación más “agresiva” en este ámbito de las políticas actuales (-19%) el potencial de ahorro sería del 45 por ciento respecto al consumo actual. Una reducción que se lograría con un coste negativo (es decir ahorro económico) en el 40% del potencial de reducción y con costes inferiores a la evolución estimada de los precios de los combustibles fósiles en el resto. Todo un argumento para hacer del ahorro y la eficiencia el eje central de la política energética, lo que lamentablemente está en las antípodas del pensamiento de los hermanos Nadal y de Soria.

Fundación Renovables

Sufrimos una política energética que no solo aparta de su discurso la variable medioambiental pese a constituir la energía un elemento central del principal reto para la humanidad como es el cambio climático, sino que no valora adecuadamente los condicionantes económicos que son los prioritarios para ellos, según el discurso del propio partido en el poder. Mantener sobre nuestra economía en general, y sobre la balanza comercial en particular, la losa de la factura energética con un saldo negativo de 45.000 millones de euros al año, es un auténtico suicidio a corto y, sobre todo, a medio plazo. Inexorablemente el coste  del petróleo, del gas y del carbón aumentará en los próximos años, pese al efecto que pueda tener en los mercados energéticos la burbuja del gas no convencional en los Estados Unidos, porque otros factores estratégicos, como por ejemplo la inestabilidad política y social de numerosos países productores,  van a influir decisivamente al alza.

Desde la Fundación Renovables venimos plasmando en todos nuestros documentos el convencimiento de que la salida a la crisis pasa por el cambio de modelo energético. Ese cambio, que debe ser mucho más que la necesaria sustitución de unas tecnologías por otras, arranca con el ahorro y la eficiencia,  política que debe ir acompañada del desarrollo adecuado de las energías renovables hoy castigadas injustamente. Esa es la vía y no mantener unas pautas de consumo que hoy solo se reducen por los devastadores efectos de la crisis económica pero en ningún caso por vocación de una sensata política energética como debería ser.

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