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Energía

Democratizar la eficiencia energética

En un contexto global de crisis energética, la eficiencia energética se perfila como un elemento de solución. Sin embargo, las acciones de eficiencia energética deben ir encaminadas a ayudar a aquellas personas más vulnerables ante las subidas de la luz.

Juan José del Valle es director técnico de Ecooo
jjdelvalle@ecooo.es

Un hogar que genera más energía de la que consume

Un hogar que genera más energía de la que consume.
Fuente: Ecooo

Un rol fundamental que podemos jugar aquellos que trabajamos en el sector de la energía es recordar a las personas para las que trabajamos que estamos inmersos en una crisis energética. Tras un incremento en el precio de la factura eléctrica o del litro de gasolina e esconde la escasez de los recursos energéticos de origen fósil. Cuando los gobiernos de la Unión Europea adoptan medidas como establecer la obligatoriedad de certificados de eficiencia energética para viviendas, instalar sistemas solares térmicos para calentarnos el agua o cuando vemos a futbolistas en la televisión que sustituyen sus bombillas, no lo hacen tan solo por el ahorro económico de sus ciudadanos, sino por otras razones que merece la pena analizar.

La sociedad puede demandar productos y servicios que requieran menos energía.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé que la demanda mundial de energía crecerá más de un tercio hasta el 2035 y nada menos que el 60% de dicho aumento tendrá su origen en China, la India y Oriente Medio. Esa energía habrá que sacarla de algún lado y desafortunadamente en su mayor parte no va a ser de fuentes renovables. Fruto de la pugna por los recursos, los conflictos políticos y militares irán en aumento y el precio de la electricidad, el gas y otros combustibles de origen fósil seguirá subiendo.

Como siempre, los ecosistemas y la biodiversidad se llevarán la peor parte de esta carrera por explotar fuentes de energía. El mayor ejemplo es la reciente decisión del Gobierno de Ecuador de autorizar extracciones petrolíferas en el Parque Nacional Yasuní, uno de los lugares del planeta con mayor biodiversidad. Durante años se extraerá un número de barriles de petróleo equivalente a la cantidad que se extrae en el mundo en apenas 9 días, a cambio se afectará a un patrimonio natural de incalculable valor para la humanidad.

Por otro lado, la misma AIE lanza una advertencia: si no se toman medidas para reducir las emisiones de CO2 antes de 2017, el objetivo climático de limitar el calentamiento global a 2ºC se tornará imposible. Y recuerda que la solución más viable, rápida y eficaz es el rápido despliegue de tecnologías energéticas eficientes, que limitarían a la mitad el aumento de la demanda mundial de energía y permitiría que la demanda de petróleo alcance su máximo justo antes de 2020.

Por todo ello, es necesario dotar de clara visibilidad a la eficiencia energética, aumentar la importancia que se le otorga, incorporarla en todo proceso de toma de decisiones de los gobiernos, industrias y sociedad y promoverla mediante regulaciones que incentiven su propagación y que desincentiven su no aplicación.

Cambio previsto en la generación eléctrica en el periodo 2010-2035. Fuente: World Energy Outlook 2012. AIE.

Eficiencia local que piensa en global

Si aterrizamos ahora en lo local, ¿qué podemos hacer? Primero conviene averiguar cuál es nuestra importancia real como consumidores en el estado español. Según datos del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía), nuestros hogares consumen el 25% de la demanda de energía eléctrica y el 17% de la energía final total. Es más energía final que el sector servicios (9%) y agricultura (3%) juntos, pero menos que el transporte (40%) y la industria (30%).

En el transporte es necesario reflexionar sobre nuestra movilidad. Seguro que podemos movernos de otra forma y transportar menos cosas desde lugares distantes. En la industria en cambio, la eficiencia en la fabricación de productos que ofrecen al mercado es alta y existe poco margen para mejorar. Pero sí podrían ofrecer al mercado productos diferentes pensados desde la ecoeficiencia. Cuando los consumidores elegimos ciertos materiales y no otros para construir nuestras casas, ciertos alimentos que proceden de diversos lugares, ciertos productos o servicios que requieren más energía que otros, estamos pidiéndole a la industria que fabrique esas cosas. Luego con la voluntad y los incentivos apropiados, la sociedad puede demandar productos y servicios que requieran menos energía, más duraderos, reparables, reutilizables, que generen menos residuos y se distribuyan a nivel local.

Las limitaciones del auto diagnóstico

Pensemos ahora cómo consumimos energía en nuestras casas.

Cuando tenemos un problema de salud leve, nos tratamos con nuestros remedios caseros o los que la farmacia nos facilite. Si se agrava no dudaremos en acudir al médico para que nos diagnostique y nos trate. Con los problemas energéticos que acontecen en nuestro hogar deberíamos proceder igual.

Es imprescindible un cambio del modelo energético

Podemos reducir nuestro consumo energético modificando hábitos, aprendiendo a cocinar de manera eficiente, sabiendo cuando desconectar el fuego, cómo calentar o enfriar la casa, qué electrodomésticos y focos procede sustituir y por cuáles sustituirlos. Los recursos para aprender éstos “remedios” son abundantes, publicaciones didácticas como las guías del IDAE o su curso online gratuito www.aprendecomoahorrarenergia.es son buenas herramientas. Pero merece la pena ser conscientes de los límites de estos consejos generales.

También podemos acudir a la “farmacia energética”, pedir consejo a vendedores de soluciones como tiendas de electrodomésticos o a las mismas compañías energéticas que nos venden la energía. En el primer caso, una persona que no ha pisado nuestra casa, no sabe cómo es su envolvente térmica, sus cerramientos y demás características constructivas tratará de ayudarnos como buenamente pueda. En el segundo caso, unas personas que llaman a nuestras puertas y están a sueldo de una comercializadora de gas o electricidad, se ofrecerán a aconsejarnos qué tarifa nos permite conseguir el mayor ahorro, nos pedirán una factura eléctrica que analizarán para llegar a la conclusión de que casualmente la solución pasa por contratar a la empresa que le paga.

Es importante ser conscientes de las limitaciones que tienen las soluciones anteriores, son soluciones generales y hay que saber cuándo recurrir a ellas y cuando no nos bastan. Así evitaremos la desilusión que supone esperar al ahorro prometido y no obtenerlo, malgastar los ahorros en soluciones que no son las adecuadas. Dos viviendas de la misma superficie y número de miembros pueden tener consumos energéticos muy diferentes: las viviendas unifamiliares consumen en media el doble de energía (17.012 kWh/año) que las viviendas en bloque (7.859kWh/año). Es obvio, que muchas veces se requieren soluciones de ahorro y eficiencia específicas y personalizadas.

Poco a poco se va creando una cultura de acudir a los “médicos de la energía”: los auditores energéticos. La obligatoriedad de obtener certificados de eficiencia energética para las viviendas a la venta o en alquiler se ha convertido en su mayor carta de presentación en sociedad. Ellos son la respuesta a la pregunta de “¿a quién hay que llamar cuando mi casa pierde calor o pago unas facturas del copón?” Profesionales independientes, que no tienen intereses económicos en las “medicinas” que recetan, que realizarán un diagnóstico exhaustivo y presentarán un informe con las propuestas de mejora necesarias, sus costes y los ahorros potenciales que se pueden obtener, todo ello valorado y justificado técnicamente.

Democratizar las auditorías energéticas

Precisamente las personas que más necesitan ahorrar energía, las que están en una situación de pobreza energética porque sus facturas representan más del 10% de sus ingresos, son las que tienen más dificultades económicas para contratar a un profesional que les ayude a reducir su consumo, acometer las reformas necesarias para rehabilitar energéticamente sus viviendas o adquirir los electrodomésticos de bajo consumo que necesitan. Son también las más vulnerables a los incrementos del precio de la energía.

Son los mismos profesionales de la eficiencia los que tienen que ponerse al servicio de la sociedad e idear soluciones que requieran pocos recursos y de bajo coste dirigidos justamente a este segmento de la población. Es preciso democratizar las auditorías energéticas, innovando y generando productos y servicios de alta calidad y que sean asequibles.

Al mismo tiempo las administraciones públicas tienen un papel fundamental como garantes de la equidad y la justicia social, sólo ellas pueden facilitar herramientas como créditos a bajo interés, subvenciones y ayudas fiscales que permitan acometer las inversiones necesarias, que aunque se recuperan con el ahorro obtenido, suponen un desembolso inicial que no está al alcance de muchas personas.

Es imprescindible un cambio del modelo energético para lo que se requiere un cambio en el modelo económico y en los patrones de vida actuales.

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