Ambientum - Revista Ecotimes Enero - ¿Es sostenible el golf en España?

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¿Es sostenible el golf en España?

Hace unos días publicaba en la web del área de Responsabilidad Social Corporativa de un conocido banco nacional el artículo “El (in)sostenible modelo del golf español”. Esas líneas han resultado ser muy aplaudidas por unos y criticadas por otros, claramente cada cual tiene “su verdad” o al menos la que más le conviene. Pero, ¿cómo es realmente el sector del golf en España? ¿Es sostenible o lo podría ser? ¿Es tan fiero el león como lo pintan? Una aproximación apoyada en datos contrastados ayudaría a contestar estas cuestiones.

Por Alejandro Rodríguez Nagy,
Consultor Golf Sostenible
arn@cgolfsostenible.es
@AleRguezNagy

Habitantes del hoyo 15 de
Maspalomas Golf (Gran Canaria)

Según datos de la Real Federación Española de Golf nuestro país presenta actualmente algo más de cuatrocientos (≈400) campos de golf y posee algo más de trescientas diez mil (>310.000) licencias federativas, es decir, aproximadamente el 0´7% de la población. Otros países europeos como Reino Unido e Irlanda suman cerca de un millón cuatrocientos mil jugadores (≈1.400.000, alrededor del 2´5% de la población) y unos tres mil (≈3.000) campos. Suecia posee más de medio millón de licencias (>500.000, casi el 6% de la población) y presenta unos quinientos (≈500) campos. Estos datos, contenidos en el informe Golf participation in Europe 2010del grupo de trabajo Golf Advisory Practice de KPMG, reflejan la diferencia entre países con y sin una arraigada tradición golfística. Igualmente distintas fuentes indican que sólo en el estado de Florida se pueden encontrar más de mil doscientos (>1.250) campos de golf, dando ejemplo de la presencia de este deporte en los Estados Unidos.

En estos últimos treinta años el golf ha experimentado un espectacular aumento de instalaciones y jugadores a lo largo y ancho del país. Actualmente áreas como Madrid y la Costa del Sol presentan más del 30% de licencias y el 25% de los campos, respectivamente, contribuyendo a su desarrollo y expansión. Sin embargo este desarrollo ha carecido de una planificación que permitiese que el deporte avanzara de una forma sostenible en el tiempo, es decir, que mantuviera un equilibrio entre sus condiciones ambientales, económicas y sociales. En muchos de estos proyectos primaron los intereses inmobiliarios/especulativos sobre los deportivos, generando instalaciones sobredimensionadas, de alto coste de mantenimiento, discutiblemente ubicadas, orientadas únicamente a clientes de alto poder adquisitivo o con ciertos aspectos impuestos en vez de adaptados a la realidad ambiental, económica y/o social de su entorno cercano.

El autor en el área de experimentación del
Sport Turf Research Institute (Reino Unido)

En España, en demasiadas ocasiones, se ha impuesto el golf al territorio en lugar de adaptarlo a él.

Este modelo de desarrollo ha hecho un flaco favor a un sector, a un deporte, que actualmente goza de mala prensa en nuestro país. Se ha llegado a un punto en el que en España “golf” es sinónimo de pijo, elitista, viejo rico, etc., cuando en otros países es simplemente una actividad lúdica más, practicada por personas de variados perfiles. También se ha conseguido que “golf” sea sinónimo de antiecológico, derrochador de agua, depredador de territorioy demás conceptos que dificultan su defensa, aún cuando existen estudios de diversas universidades sobre gestión de agua, biodiversidad, impacto ambiental o conservación de fauna que exponen que no esto no siempre es cierto y que en realidad podría no serlo nunca.

El golf en otras latitudes

A pesar del poco acertado enfoque de algunos proyectos de golf en nuestro país, sería factible desarrollar campos de golf de un modo sostenible.

Para desarrollar un proyecto de golf de cualquier magnitud (existen campos homologados de 9 y 18 hoyos, resorts de 54, 72 hoyos o más, campos pitch&putt, campos executive, canchas de prácticas, etc.), se necesitaría disponer de una cierta extensión de terreno apto, de un respaldo económico solvente, de sólidos estudios de viabilidad de diversa índole (muy especialmente el estudio de impacto ambiental), así como de una positiva interacción con la población local. Al parecer, todo esto suele ser mucho más viable en países anglosajones, nórdicos, centroeuropeos o asiáticos (siempre con salvedades, por supuesto) que en España. Aquí, por el contrario y en demasiadas ocasiones, se ha impuesto el golf al territorio en lugar de adaptarlo a él.

Creación de área de refugio de microfauna
en el Campo de Golf de Aranjuez (Madrid)

El golf es, fuera de nuestras fronteras, una actividad que como tantas otras, goza de aficionados y detractores, pero que al menos no es considerada nefasta. Dispone de empresas privadas especializadas en desarrollar proyectos de gestión ambiental en campos de golf, así como de grupos de estudio y trabajo como USGA Green Section, Audubon International o The Environmental Institute for Golf en USA y Royal & Ancient GCM oGolf Environment Organization en Reino Unido, cuya misión es velar por una correcta interacción entre la industria del golf y su entorno natural. Desde el año 2008 colaboro con esta última, GEO, como Accreditted Verifier & Advisor en España, donde no existe, de momento, una organización que investigue, desarrolle, optimice o gestione esta relación entre golf y medio ambiente, ni que promocione sus valores de forma efectiva.

¡El golf sostenible es posible!

A pesar del histórico y poco acertado enfoque de algunos proyectos de golf en nuestro país, sería factible, siempre que se tomasen (y mantuvieran) una serie de decisiones, el desarrollar campos de golf de un modo sostenible, es decir, equilibrado desde el triple enfoque económico, social y ambiental.

Toma de muestras de un proyecto de la
Facultad de Biología de la Universidad
Complutense en el RCG La Herrería (Madrid)

El tantas veces tratado problema del agua puede paliarse (que no resolverse) empleando una variedad cespitosa de alta tolerancia a salinidad y conductividad. En la actualidad existen en el mercado diversas denominaciones comerciales como los paspalum (Paspalum vaginatum, P. notatum y otras) y las bermudas (Cynodon dactylon, C. transvaalensis y otras), capaces de adaptarse a áreas irrigadas con agua de baja calidad, a temporadas largas de altas temperaturas y al pisoteo continuo, demostrando satisfactorios resultados.

En cuanto al denunciado exceso de requerimientos hídricos de los campos de golf, se podría señalar el artículo “Política de usos del agua en los campos de golf en España” del Dr. Espejo Marín, de la Universidad de Murcia, que indica que en 2010 las necesidades hídricas de los campos de golf del norte de España se estimaron en 1.000 metros cúbicos por hectárea y año (m³/ha/año), mientras que en la costa mediterránea y en el sur este indicador se situaba entre los 10.000 y los 13.500 m³/ha/año. Se estima que los campos de golf representan una demanda hídrica de 120 hectómetros cúbicos al año, inferior al 1% de la demanda hídrica total anual (sensiblemente inferior a las pérdidas de agua introducida en las redes de abastecimiento que en 2006 ascendieron, según el Instituto Nacional de Estadística, al 16´7% de su volumen). Se desprende que el consumo de agua de los campos de golf en España es poco significativo, aunque es cierto que la concentración de campos de golf en determinadas zonas deficitarias en recursos hídricos podría implicar problemas locales de sostenibilidad. Este déficit de agua se podría suplir con agua reciclada proveniente de EDAR con tratamiento terciario, siempre que la especie cespitosa del campo receptor la tolerase.

Toma de muestras de un proyecto de la
Facultad de Biología de la Universidad
Complutense en el RCG La Herrería (Madrid)

Respecto a estas variedades cespitosas empleadas, se debe tener presente que, al tratarse la Península Ibérica de un área de transición climática (inviernos templados, veranos secos y calurosos), se debe decidir si plantar una especie warm season (de clima cálido), una cold season (de clima frío) o una combinación de ambas. En caso de plantar una sola especie se asume que el campo presentará durante unos meses al año un aspecto lejos del óptimo (marrón, amarillento, seco…), pero más sostenible si tenemos en cuenta que la combinación de dos especies incrementa los costes de mantenimiento. El problema llega cuando quien toma las decisiones en un campo concreto apuesta por tenerlo siempre de color verde esmeralda (el Efecto Augusta) por motivos inmobiliarios en lugar de mantener su dinámica natural al estilo de los links escoceses.

Estas y otras decisiones relevantes para la sostenibilidad de un campo de golf deberían ser tomadas y gestionadas por el responsable de su mantenimiento, el greenkeeper. Estos profesionales, en ocasiones injustamente infravalorados en nuestro país, controlan importantes aspectos como el empleo de fertilizantes (las aguas depuradas contienen una cierta cantidad de nitrógeno que hacen que sea necesario emplear una combinación N-P-K sintética menor), de fitosanitarios (estrategias preventivas o paliativas, acciones de lucha integrada, etc.), de resiembras (menor cuanto mejores resultados se hayan tenido a lo largo de la temporada), etc., con el objeto de evitar problemas de eutrofización de aguas cercanas, de resistencias biológicas a enfermedades o plagas, y de incrementos de presupuestos, respectivamente, entre otras muchas actividades y responsabilidades. La sostenibilidad de un campo de golf depende en gran medida de la profesionalidad de su greenkeeper.

Por otro lado, el perfil del campo (su moldeo) y su integración paisajística deben tenerse muy en cuenta a la hora de planificar un nuevo recorrido o de restaurar uno existente. Si la zona posee un perfil abrupto el diseño debería adaptarse a él, tratando de modificar el terreno lo menos posible. Cada metro cúbico de tierra o roca desplazado influye en el coste del proyecto y en el presupuesto de mantenimiento posterior, así como en la percepción social de los habitantes locales que pueden apreciar el campo de golf como una intromisión en su paisaje. En caso de ser un área plana sería adecuado tratar de realizar los menores movimientos de tierra posible y basar los obstáculos de juego en árboles, lagos, rías, etc., pero sin crear forzados desniveles artificiales. Éstos influirían a la hora de establecer las redes de riego y de drenaje, así como las especificaciones de las estaciones de bombeo y su consumo energético, ya que a mayor trabajo desplazando agua, mayor necesidad energética y menor sostenibilidad del campo.

El autor en La Galiana Golf (Valencia)

Por último, hacer hincapié en que se debería tener muy presente la realidad social de la región en la que se encuentra un campo de golf en activo o en proyecto. El modelo de golf establecido en España actualmente debería dar un giro, si no de 180º sí al menos de 90º, y acercarse de forma efectiva a la población. Para el grueso de la población española no es viable pagar 80 ó 100 euros por un green-fee (derecho de juego) de 18 hoyos. Sin embargo sí lo sería si fuese de, por ejemplo, 30 euros. Teniendo en cuenta que se tarda más de cuatro horas en terminar un recorrido estándar, con este precio jugar al golf saldría por unos 4 euros/hora, ratio similar al de una entrada de cine. ¿Menos ingresos? Sí, está claro, pero con un cambio en el enfoque del mantenimiento del campo y una reorientación sostenible los gastos también serían menores, amén de la popularización del deporte y de su potencial “normalización” entre la sociedad.

Enfoque actual y futuro del golf en España

Actualmente se están planificando muy pocos campos de golf en nuestro país y, afortunadamente, en varios de ellos el objetivo es deportivo o social y no inmobiliario o especulativo. La concienciación de los promotores de los proyectos, unida a la profesionalidad y al compromiso de sus asesores, posiblemente posibilite una nueva forma de entender el golf sobre la piel de toro y que la población lo perciba y lo acepte. Queda mucho camino por recorrer, pero quizás el sector del golf en España haya aprendido de sus errores pasados y pueda redirigirse por una senda que le permita asegurar su continuidad.

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Los comentarios de los lectores

28/02/2013 18:58:01
A pesar de que Alejandro Rodríguez nos habla de la posibilidad de que los campos de golf sean sostenibles ciertamente no propone medidas que claramente fomenten su sostenibilidad, salvo reducir los movimientos de tierras (pero por ejemplo crear lagos o rías en zonas planas) . Otras medidas propuestas son claramente antiecológicas, como fomentar la introducción de especies o variedades exóticas. Sorprende que no se promueva la constitucción de pastizales naturales, lo que simplemente requiere pastoreo por ganado extensivo (las ovejas parecen especialmente adecuadas) o en su defecto siega periódica mientras esté verde. En el área mediterránea tal vez suponga un efecto estético poco apreciado en verano (no incompatible con la práctica del juego), lo que hablará de la voluntad real de que los campos de golf se integren realmente en el medio que les rodea.
Jorge Baonza
28/02/2013 19:59:49
Me parece poco afortunado que se plantee un deporte "Sostenible" sobre la base de las personas que lo practican, el uso de cesped artificial (compuestos del petroleo, PVC) o un cesped adaptado a zonas como la española tan seca en grandes epocas del año...el uso de varediades transgenicas no garantizan la fauna autoctona.
JOSE MARIA

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