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El medio rural: una alternativa a la vida de ciudad

Por Cayetana Recio Blitz
redaccion@ambientum.com

La apuesta por el mundo rural hoy en día no es un camino precisamente fácil. La “vuelta al campo” se perfila para muchos como una salida arriesgada a la crisis, pues el efecto que ha tenido el desempleo en los núcleos rurales no es menos acusado por el hecho de encontrarse lejos de las grandes ciudades.

Sin embargo, se plantean alternativas interesantes para todo aquel que desea cambiar su vida y lanzarse a probar suerte en el medio rural. Además, puede convertirse en una opción para aquellos que desean huir de la vida ajetreada y contaminada de los núcleos urbanos, así como una revitalización del abandonado campo.

Un ejemplo de todo esto es el caso particular de Javier Arnés, que comenzó apuntándose a un taller sobre construcción sostenible en las montañas de Totana (Murcia) y ha acabado integrándose en un modo de vida sostenible en un entorno completamente rural.

Para aquellos que desean huir de la vida ajetreada y contaminada de los núcleos urbanos.

Pero comencemos por el principio. El actual dueño de la finca decidió, hace trece años, llevar a cabo un nuevo proyecto en un momento de su vida en el que se cansó del trasiego de la vida en la ciudad: vendió su piso y compró los terrenos, que no contaban más que con dos casas en ruinas.

Tras varios años de reconstrucción, se decidió reorientar el espacio hacia la realización de talleres, que sirvieran, a su vez, para enseñar a otros.

Los talleres

Se organizan talleres, para así poder ahorrar en gastos necesarios.

El objetivo de los talleres era enseñar a construir casas de superadobe. Y a uno de ellos acudió Javier Arnés, que de esta manera acabó trabajando de forma permanente en la finca.

Javier, un joven de 26 años, llegó por casualidad. Él acudía por  15 días, pero su contrato laboral finalizaba y su incierto futuro acabó por inclinar la balanza hacia el desarrollo de otro tipo de empleo en las montañas de Totana.

Otro de los motivos que le convencieron fue el hecho de abandonar el estrés de la gran ciudad para participar en algo que pudiera hacer con sus propias manos. A ello se sumaron las ganas de aprender sobre el campo y la vida natural de una forma práctica y menos tradicional.

En un principio, el objetivo era construir un tejado de madera para una de las casas, y cubrir las paredes con adobe y cal. En la actualidad (cuentan con una casa y una caseta de superadobe), han llegado al punto de estudiar la posible autosuficiencia de las viviendas (la energía se obtiene mediante paneles solares y un sistema de baterías), aunque según el mismo Javier reconoce que “nos queda un poco de conocimiento sobre los procesos naturales para conseguirlo al 100%”.

Para llevar a cabo todas estas acciones, Javier y los demás voluntarios procuran en todo momento utilizar el mínimo de químicos, ya no solo por la naturaleza alrededor, sino también pensando en que muchos productos no son saludables para la piel y el cuerpo.

Economía, beneficios e inconvenientes

Ante la cuestión económica, Javier aclara que más que la rentabilidad, el verdadero sentido de sus acciones reside en el porqué lo hace. Asimismo, apostilla, las instalaciones de este tipo en comparación con las convencionales son “ridículamente baratas”, ya que para su construcción se emplean gran cantidad de materiales naturales con una larga vida de uso.

“Casi todo [el material] se recoge de la misma montaña o de la finca, sea caña, madera, arcilla, arena, etc. A todos estos materiales yo los considero sostenibles. El resto de materiales que utilizamos aquí son de uso común”, afirma. “No veo que sea mas caro en ningún sentido, pero sí parece que a la gente le da mas seguridad si lo puedes sacar de una bolsa y alguien le dice lo que hay dentro escrito en una etiqueta. Estamos poco acostumbrados a lo natural y a buscarnos las castañas de otros modos”, reitera.

De hecho, a partir de esta forma de construcción, se están diseñando casas de ensueño en las que se da importancia al equilibrio con el entorno natural, promoviendo con ello el turismo rural y la edificación en las afueras de las ciudades.

El mercado de este tipo de empleo verde está creciendo con rapidez

Otro de los beneficios que ofrecen las iniciativas de este tipo, en detrimento de la ganancia económica, es la tranquilidad y el ritmo más sosegado. Javier opina que este modo de vida ofrece mayor satisfacción personal, y siempre se cuenta con la posibilidad de compartir conocimientos con otras personas que deciden conocer la finca.

Javier también cree que la mayoría de la gente que decide adoptar esta filosofía acaba por dejar atrás el término “beneficio económico”, ya que la vida en estos emplazamientos se convierte en “pensar en el día a día”. “Algunos veces se vende algún limón o algo de mermelada, otras veces se recoge la comida de la huerta. A veces se organiza un taller, y así se ahorran gastos y se cubren los que son necesarios. Es vivir mas o menos en el límite de la necesidad, no tener mas de lo que necesitas y ya está”, detalla.

El casi único posible inconveniente reside en la considerable labor humana que se requiere para la construcción, que subsanan con el voluntariado. Entonces, “¿por qué no hacerlo?”, cuestiona Javier Arnés.

Poca tecnología

Javier Arnés asegura que la tecnología es “desde luego, muy útil, sobre todo en el campo”. Como los métodos para el arado o los ordenadores, siendo su función imprescindible para las distintas actividades diarias.

Con respecto a las dudas que pueden suscitar la vuelta al mundo rural, Javier explica que la vida en el campo tiene futuro para todo aquel que decide que la gran urbe no es lo suyo. “Creo que hay una posibilidad real, y que solo requiere voluntad si eso es lo que se quiere”, afirma convencido. “Nos estamos zampando el planeta, eso es seguro. Prima demasiado la mentalidad de consumo y poco la del respeto. Esperemos que eso cambie”.
Por otro lado, el mercado de este tipo vivienda está creciendo con rapidez gracias a la presencia de grupos asociados, portales de internet y la publicidad de todos ellos. En el caso concreto de la finca de Totana, existe un blog en el que intentan llevar al día los proyectos que llevan a cabo, junto con información sobre los talleres. Ellos mismos aseguran que están abiertos a nuevas ideas.

Para finalizar, es importante destacar que el futuro de este proyecto es “incierto como la vida misma, pero lleno de buenas energías y grandes (o pequeñas) posibilidades, para nuevas ideas y proyectos”, en sus propias palabras.

Por último, destaca que cuando lleguen nuevos proyectos serán bienvenidos, de momento tiene trabajo allí y está cómodo, y esos son sus retos y oportunidades.

Fuente fotos: http://www.earthbagspain.blog.com/

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http://www.ambientum.com//revista/2013/abril/medio-rural-alternativa-vida-ciudad.asp?id=1416

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