Ambientum - Revista Ecotimes Especial Verano - Balance de 40 años de desalación en España

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Balance de 40 años de desalación en España

Adrian Baltanas

Adrián Baltanás

Por Adrián Baltanás García,
Director de Asagua (Asociación Española de Empresas de Tecnologías del Agua)
redaccion@ambientum.com

Las primeras plantas desaladoras españolas se instalaron hace cuatro décadas en Lanzarote y Ceuta, por lo que parece buen momento para valorar cómo ha evolucionado este recurso desde entonces en nuestro país. La conclusión no puede ser más positiva, porque hoy el agua desalada resulta imprescindible en más de la tercera parte de las Comunidades Autónomas, y constituye un recurso plenamente incorporado a la planificación hidrológica de todas las cuencas hidrográficas con problemas importantes de escasez o sequía.

La desalación, pues, se ha convertido en un recurso estratégico para estas cuencas, competitivo con las aguas superficiales y subterráneas, y ello es así por tres razones. Por una parte, debido a la garantía total de suministro en cantidad y calidad que asegura la desalación. Por otra porque, gracias a los avances tecnológicos, los costes de producción se han reducido muy notablemente, debido a su vez a la drástica disminución de los consumos energéticos: hemos pasado de los 40 o 50 kwh que las plantas de evaporación de hace 40 años necesitaban para producir 1 m3 de agua desalada a los 3 o 3,5 que requieren las actuales plantas de ósmosis inversa. Finalmente, la desalación es competitiva con los recursos hídricos naturales porque no causa impactos ambientales significativos, a condición de que se haga una adecuada  prevención de estos riesgos.

Para dar cuenta de todo este proceso, se expondrán primero algunas magnitudes importantes del sector, para posteriormente analizar aquellas características básicas de la desalación que -ante problemas de falta de garantía del suministro, de mala calidad del recurso o de crecimiento de la demanda- deben estar presentes en un análisis comparativo con otras alternativas de recursos naturales que den respuesta a tales problemas.

Magnitudes más destacadas del sector

Desaladora Campo Dalias Almería

Las magnitudes del sector expuestas a continuación están referidas siempre al escenario en que todas las plantas que actualmente tiene en ejecución el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino entren en servicio. En gran medida, son magnitudes elaboradas a partir del inventario de plantas desaladoras hecho en 2006 por el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (CEDEX), que actualmente está revisando y ampliando dicho inventario.

España dispone de una capacidad anual de producción de unos 1.100 hm3, de los que el 70% aproximadamente corresponde a plantas de aguas de mar, y el otro 30% a plantas de agua salobres. A efectos comparativos esta capacidad equivale al 23% de todas las necesidades españolas de abastecimiento urbano, si bien una parte importante de la misma –no llega al 40%- está destinada al sector agrícola, y otra parte mucho más reducida es utilizada por el sector industrial. Con una capacidad mundial de unos 30.000 hm3  anuales,  España  se sitúa en el tercer lugar, detrás de Arabia Saudí y EEUU, seguidos de cerca por Australia y Argelia. Además, las empresas españolas se encuentran entre las mejores del mundo, y han construido -o están construyendo- plantas en el mercado exterior con una capacidad total de producción de un orden de magnitud similar a la capacidad de las plantas en España.

El número de plantas instaladas en nuestro país supera las 700, pero esta cifra es engañosa, porque muchas de ellas son muy pequeñas. Así, las plantas con una capacidad mayor de 5.000 m3/día no son más que del orden de un centenar, y sin embargo representan casi el 90% de la capacidad total.

La importancia de la desalación en estos 40 años ha crecido también dentro de la planificación hidrológica de las cuencas con problemas de escasez o sequía.

También es interesante señalar la caracterización de las plantas de iniciativa pública -llevadas a cabo fundamentalmente por el Ministerio de Medio Ambiente, y sus antecesores como Ministerio de Obras Públicas, y en menor medida por algunas Comunidades Autónomas y ayuntamientos- y de iniciativa privada. Las primeras representan el 80% de la capacidad total -del cual un 80%, a su vez, es la parte correspondiente al Ministerio-, incluyen las plantas de mayor tamaño -salvo excepciones, mayores de 5.000 m3/día-, sólo en un 18% tratan aguas salobres, y se destinan al abastecimiento urbano y al sector agrícola. Por su parte, las plantas de iniciativa privada representan el otro 20% de la capacidad total, incluyen las plantas de menor tamaño -aunque con algunas plantas de hasta 20.000 m3/día, la mayor parte no llega a 2.000, y hay muchas menores de 1.000, con mínimos inferiores a 100-, la capacidad de tratamiento para agua salobre es unas 6 veces mayor que para agua de mar, y además de los usos urbano, turístico y agrícola se destinan también a un repertorio muy amplio de actividades industriales y de refrigeración de centrales, situadas no sólo en la franja litoral sino también en otras Comunidades Autónomas del interior con problemas de calidad de agua.

El porcentaje que representan las plantas de iniciativa pública ha ido creciendo a lo largo del tiempo hasta alcanzar el actual 80%, lo que pone de manifiesto que la importancia de la desalación en estos 40 años ha crecido también dentro de la planificación hidrológica de las cuencas con problemas de escasez o sequía. Todo ello ha tenido un reflejo muy claro en el proceso de expansión territorial de la desalación pública. En las décadas de los 70 y 80 se limitó a Canarias; en los 90, la desalación pública saltó también a Baleares, y con el comienzo de siglo se ha extendido además por todo el litoral mediterráneo peninsular. En paralelo, el tamaño máximo de las plantas públicas ha crecido considerablemente, desde los 30.000 o 40.000 m3/día hasta finales de los 90 a las últimas plantas que alcanzan o superan holgadamente los 200.000, como son las de Torrevieja, Águilas y Barcelona.

Características a tener en cuenta en la planificación hidrológica

La desalación o los recursos hídricos naturales -embalses, pozos, trasvases- no pueden considerarse a priori preferibles unos a la otra, o viceversa. Para dar respuesta a cada problema concreto de cantidad o calidad, la planificación deberá hacer un riguroso estudio de alternativas, en el que las características principales que habrán de tenerse en cuenta para la desalación son las siguientes.

A) Seguridad del suministro en cantidad y calidad

Por muy sabido que sea, no puede dejar de reiterarse que la desalación proporciona una seguridad total de suministro en cantidad y calidad, incluso en las condiciones más desfavorables de escasez y sequía. En las zonas con estos problemas, y con una elevada presión de la demanda, esta garantía absoluta del servicio -que no tienen los recursos naturales- es vital para el abastecimiento urbano, el turismo o la agricultura de mayor valor añadido y compromisos ineludibles de producción con el mercado nacional o exterior. Esta seguridad tiene un coste naturalmente, pero -antes  de entrar en ese terreno- habrán de analizarse los daños tangibles e intangibles que los fallos en el suministro causan sobre una población sometida a restricciones de agua o sobre unas actividades sectoriales que son básicas para la economía de muchas comunidades autónomas.

Desaladora Escombreras Murcia

B) Costes y viabilidad económica

La tecnología -y en particular la mejora de la eficiencia energética- ha permitido una reducción permanente de los costes de producción del agua desalada. Aunque distintos  con el tamaño de la planta y las condiciones de cada emplazamiento, los costes de inversión pueden estimarse en unos 3 millones de euros por cada hm3 anual de capacidad de producción, y los costes totales de producción -incluida amortización y operación a plena capacidad- en torno a los 0,70 €/m3 para las plantas grandes y algo más para las pequeñas, de los cuales, por un lado, los costes fijos pueden oscilar alrededor del 50%, y por otro los costes energéticos -fijos y variables- se mueven en torno al 40%.

Son costes mayores que los que tradicionalmente se han considerado habituales para los recursos naturales, pero estos recursos cada vez han de buscarse a mayor distancia, y cada vez también tienen peor calidad, por lo que su coste puede ser comparable, según los casos, al de la desalación. Pero además un análisis económico riguroso no puede limitarse a los costes estrictos de producción del recurso, sino que ha de tener en cuenta desde el primer momento lo que se denomina el análisis del ciclo de  vida.   Los usuarios  de  aguas  de  peor calidad que la desalación -aunque sean sanitariamente potables- incurren en otros costes que los usuarios de agua desalada, como pueden ser el mayor consumo de agua embotellada, el mayor consumo energético de determinados electrodomésticos o la renovación más frecuente de éstos, o el mayor consumo de detergentes y otros aditivos. Es evidente por tanto que estas externalidades tienen que ser introducidas también en el análisis comparativo.

C) Carácter modular

Para hacer frente a crecimientos de la demanda o a necesidades de mayor garantía del suministro de un determinado sistema de usuarios, una desaladora puede ampliarse, o puede construirse una nueva desaladora para el mismo sistema. Este carácter modular de la desalación es mucho más flexible para dar respuesta rápida a necesidades como las indicadas, frente a una mayor rigidez de las infraestructuras hidráulicas convencionales para ajustar oferta y demanda.

D) Viabilidad ambiental

De entrada, la desalación contribuye a una gestión más sostenible ambientalmente, porque constituye un incremento neto de recursos externos al sistema de aguas superficiales y subterráneas, y por consiguiente permite reducir la sobreexplotación de ríos y acuíferos en situaciones de escasez o sequía, sin afectar a ningún sistema de recursos naturales.

La tecnología, y en particular la mejora de la eficiencia energética, ha permitido una reducción permanente de los costes de producción del agua desalada.

En efecto, del vertido al mar de la salmuera de rechazo se ha hecho en ocasiones un falso problema. Como cualquier otra infraestructura hidráulica, la desalación tiene unos impactos que han de ser prevenidos y corregidos con un diseño adecuado. Para la salmuera en concreto, la tecnología ofrece múltiples soluciones que eviten cualquier tipo de daño a las especies protegidas, con vertido superficial  o sumergido, directo o a través de emisario, sin dilución previa o con ella, que a su vez puede lograrse con agua de mar, o -utilizando  infraestructuras próximas- con  agua   residual   depurada  o   compartiendo la    refrigeración   de  una    central    térmica. Una vez  más, cada caso concreto requerirá una solución concreta dentro de toda esta panoplia de alternativas, apoyada en modelos de simulación para la difusión de la salinidad y la verificación de que no se rebasan valores que puedan afectar a la conservación de la vegetación submarina. Finalmente, el plan de seguimiento   ambiental -con una red de control permanente de la salinidad en el entorno del vertido y la zona de dilución- permitirá contrastar los valores alcanzados y, en caso necesario, adoptar en un momento dado las medidas de corrección previstas.

La otra cuestión ambiental que se ha querido destacar como impacto de la desalación es el consumo energético y su incidencia en la emisión de gases de efecto invernadero, asunto que requiere varias consideraciones para matizar su verdadero alcance. En primer lugar, todas las  etapas de gestión del ciclo del agua -captación, transporte, potabilización, distribución, depuración- consumen energía, por lo que la incidencia de la captación –sea desalación o sean recursos naturales- hay que ponderarla dentro del conjunto del ciclo. Pero es que, además, ya se ha dicho que los recursos naturales cada vez están más lejos y tienen peor calidad, y el consumo energético para disponer de ellos puede ser comparable en determinados casos con el de la desalación.

Por otra parte, también se ha comentado  que el uso de agua desalada frente a otras aguas  de peor  calidad  reduce  o  suprime  otros costes -agua envasada, renovación de electrodomésticos-, lo que a su vez implica la reducción de consumo energético en los procesos productivos que dan lugar a esos costes. En una palabra, que el ciclo de vida asociado a una planta desaladora puede consumir menos energía que el de una infraestructura hidráulica convencional, incluso en el caso  en que el consumo directo de ésta sea menor que el de la desaladora.

De cualquier forma -y puesto que el aspecto económico del consumo energético ya está integrado en el estudio comparativo de costes-, el aspecto ambiental del mismo hay que trasladarlo al propio sector energético. Es éste el que tiene que hacerse más sostenible, a través de las decisiones que su planificación adopte sobre energías fósiles, energías renovables y energía nuclear. En este sentido, la producción de energías renovables no tiene porqué asociarse directamente al emplazamiento de las plantas desaladoras, ya que las condiciones idóneas de ubicación de ambas infraestructuras responden a requerimientos de muy distinta naturaleza. Es el sistema eléctrico nacional el que ha de optimizar la participación de las renovables, y con ello la sostenibilidad ambiental del conjunto, incluido el ciclo completo del agua con todas sus infraestructuras.

Conclusiones

Desde que, hace cuatro décadas, la desalación se introdujera en España, los avances tecnológicos la han convertido en un recurso estratégico para la gestión del agua en las zonas con problemas de escasez o sequía, competitivo en esas zonas con los recursos hídricos naturales y, por tanto, incorporado plenamente a la planificación hidrológica de las Administraciones públicas. Ello es así porque la desalación proporciona una garantía total de suministro incluso en las peores situaciones de sequía, porque  sus  costes  se   han  reducido   notablemente y porque sus efectos ambientales pueden prevenirse sin que causen ningún impacto significativo.

La opción entre desalación y otras infraestructuras hidráulicas no admite apriorismos simplificadores. Tiene que dilucidarse mediante un riguroso análisis multicriterio, que comprenda los aspectos técnicos y económicos, los ambientales y los de aceptación social. En cuanto a los económicos, es particularmente importante que la evaluación de alternativas no se limite a los costes de producción del agua, sino que incluya también las externalidades que, a lo largo de todo el ciclo de vida, están vinculadas a la calidad del agua utilizada, que en el caso de la desalación está garantizada, y evita incurrir en otros costes que sí pueden generar aguas superficiales o subterráneas de peor calidad.

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Los comentarios de los lectores

29/08/2011 23:27:23
No sé porqué no cuentan que la desaladora de Ceuta lleva parada casi desde que la construyeron. Vamos, que posiblemente la pusieron en marcha para hacer la foto oficial con los políticos de turno.
Trucha
02/07/2012 12:21:14
Las desaladoras como todo, son discutibles y tienen sus ventajas e inconvenientes. Si me dices que prefieres ¿tener una desaladora aunque funcione al 16% o no tenerla? La respuesta es obvia !mejor tenerla! Pero el programa AGUA se hizo de una manera que fue un poco de revancha frente al trasvase del Ebro. En clave de política de partido el agua es un desastre. Ahora la UE nos obliga a poner en producción las desaladoras construidas con fondos públicos y de la UE. La conclusión es que no se puede realizar una planificación sería de las infraestructuras mediante políticas de partido y es imprescindible despolitizar estas decisiones...como tantas y tantas otra si queremos ser un país serio.
Javier Alvarez

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