Ambientum - Revista Ecotimes Octubre - El problema de las balsas mineras

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Las balsas mineras, ¿un pozo sin fondo?

Por Jenifer Quintanilla
redaccion@ambientum.com

problemabalsas

Los residuos de las operaciones de extracción y procesamiento de recursos minerales son uno de los mayores flujos de residuos en la Unión Europea.

Algunos de estos residuos son inertes y por lo tanto su riesgo medioambiental es la asfixia de los lechos de los ríos y el desmoronamiento de pilas en grandes cantidades. Sin embargo, otros, los generados por la industria de extracción de metales no ferrosos, contienen grandes cantidades de sustancias peligrosas, como metales pesados. Ya que tras la extracción y su posterior procesamiento se produce la generación de fluidos ácidos o alcalinos.

Por otra parte, la gestión de este tipo de  residuos es una actividad intrínsecamente peligrosa, debido al manejo de sustancias químicas residuales y los niveles elevados de metales.  Por esos en muchos casos las escombreras se depositan en balsas mineras, tanques o pozas de relave, donde se retienen mediante presas.

Esta práctica puede tener graves consecuencias ya que el colapso de estas presas seguramente tendrá graves impactos sobre el medio ambiente, y la salud humana. Claros ejemplos de ello son los accidentes de Aberfan (Gales, 1966), Stava (Italia, 1985), de Aznalcóllar (España, 1998), de Baia Mare y Baia Borsa (Rumania, 2000), y el más reciente el producido en Hungría este mes de octubre.

Hungría se tiñe de rojo

El vertido causó la muerte de cuatro personas y heridas a más de un centenar de personas

El pasado 4 de octubre de 2010 un vertido de residuos tóxicos causó la muerte de cuatro personas y heridas a más de un centenar de personas, en Hungría, después de quebrarse un dique de una represa en la que se almacenaba "barro rojo", una sustancia que se produce en la fabricación de aluminio.

Las aldeas de Kolontár, a unos 160 kilómetros al suroeste de Budapest, y Devecser quedaron gravemente afectadas por la catástrofe y más de 400 personas fueron evacuadas. En total seis localidades fueron arrasadas por el barro tóxico. Según los últimos datos, las consecuencias del desastre tardarán más de un año en limpiarse, y  dejará daños irreversibles en todos los seres vivos. Esto se debe a que este tipo de residuos convierten el agua en el que se almacenan en un líquido de PH 14, y es letal para los seres vivos, adaptados a vivir en ambientes con un PH cercano a 7.

Aznalcóllar, en la memoria

Aunque este es el último gran desastre producido por la rotura de una balsa minera, nuestro país sufrió una catástrofe mayor cuando en 1998, se produjo la rotura del muro de contención de la balsa de estériles en las minas de Aznalcóllar. Unos 6 millones de metros cúbicos de lodos y aguas ácidas con una alta concentración de metales, procedente de los procesos de flotación de la pirita, se derramaron por los cauces de los ríos Agrio y Guadiamar. El vertido tóxico anegó la ribera del Guadiamar e importantes superficies colindantes a lo largo de unos 62 Kilómetros. En total se vieron afectadas 4.634 hectáreas, en su mayor parte zonas agrícolas y pastizales, pertenecientes a nueve municipios de la provincia de Sevilla: Aznalcóllar, Olivares, Sanlúcar la Mayor, Benacazón, Huévar, Aznalcázar, Villamanrique de la Condesa, Isla Mayor y Puebla del Río.

La inversión total de la Junta de Andalucía asciende a los 167 millones de euros

Los lodos sedimentaron en los primeros 40 kilómetros del cauce con un espesor variable desde más de tres metros en la proximidades de la balsa hasta escasos centímetros en la entrada de las marismas, mientras que las aguas ácidas llegaron hasta el tramo bajo de Entremuros, quedando retenidas a las puertas del Parque Nacional de Doñana.

Desde 2002, la Junta de Andalucía inició las correspondientes acciones civiles de reembolso contra el Grupo Boliden, al que le reclama un total de 89.867.545 euros, correspondientes a los gastos asumidos por las Consejerías de Agricultura y Pesca, Medio Ambiente y Salud y que debería haber afrontado la empresa como responsable objetiva del daño.

Independientemente de los gastos reclamados a Boliden, el Gobierno central y la Junta de Andalucía han seguido actuando en esa zona y hasta el momento la inversión total de la Junta asciende a los 167 millones de euros.  Esta inversión ha supuesto que el río y su entorno estén hoy recolonizados por peces y aves y no haya indicios de afecciones en la vegetación.  Por eso, en el año 2003 se declaró el Paisaje Protegido “Corredor Verde del Guadiamar”, y un año después, se incluyó en el Inventario de Humedales de Andalucía.

¿Estos desastres se pueden evitar?

asturias

El primer problema de las balsas mineras, según Julio Barea, Responsable de la campaña de contaminación de Greenpeace España, es que se desconoce la dimensión del mismo. Según datos del 2002, procedentes del  Instituto Geológico y Minero de España (IGME) existen más de 7.000 instalaciones para depositar residuos procedentes sólo de la extracción minera.

Barea por su parte asegura que es necesario hacer un inventario no sólo de la cantidad de balsas existentes, también se debe conocer la composición exacta de sus residuos, así como elaborar planes de emergencia, de control y supervisión de ellas.

La Unión Europa intentó aprender de los errores del pasado, y por eso hace unos años, desarrolló el proyecto e-EcoRisk en el cual, Gerardo Benito, actualmente Profesor de Investigación del CSIC, fue el Responsable del Grupo 7.

El proyecto e-EcoRisk abordó el desarrollo de una red regional de gestión de información y un sistema de soporte de decisiones en casos de riesgo ambiental y emergencias, según Gerardo Benito “fue  diseñado para reducir el impacto de derrames mineros e industriales en el medio ambiente, a través de la aplicación de tecnología de telecomunicaciones”.

En concreto este sistema se desarrolló en base a casos prácticos de rotura de balsas industriales y mineras, en la que nuestro grupo participó como responsable del análisis de riesgos.  Benito destacó que “en nuestro caso analizamos 250 casos de accidentes mineros ocurridos en el mundo. Este análisis permitió determinar las principales causas de estos accidentes, sus impactos, y el papel paliativo que deben de jugar las políticas de gestión medioambiental para evitar estos accidentes”.

El proyecto e-EcoRisk abordó el desarrollo de un sistema de soporte de decisiones en casos de riesgo ambiental

Tras la investigación, “observamos que el 20% de los accidentes del mundo han ocurrido en Europa, donde teóricamente existe cierto desarrollo de la legislación ambiental. Igualmente, el 85% de las roturas de las balsas mineras ocurrieron en minas con explotaciones mineras activas, y tan sólo en un 15% se produjeron en balsas abandonadas o inactivas. Se mostró igualmente la importancia de una gestión y mantenimiento adecuado, así como el dimensionamiento de las balsas y los órganos de desagüe a las características locales de la explotación”, aseguró Gerardo Benito.

La utilidad de dicho proyecto se debe a que se desarrollaron diferentes metodologías para establecer un diagnóstico sobre el estado de riesgo de balsas mineras a nivel europeo y mundial. También, se determinaron los principales parámetros hidrológicos, geotécnicos y de explotación que pueden mejorar la seguridad de estas instalaciones, y se desarrollaron modelos hidráulicos capaces de simular los impactos en caso de derrame de lodos mineros. Además  se puso de manifiesto la necesidad de actualizar las regulaciones a nivel Europeo en relación a las características técnicas para el almacenamiento de residuos mineros en balsas. “De hecho, la Directiva 96/82/EC sobre accidentes industriales se modificó para incluir de forma específica los relacionados con balsas y presas de almacenamiento de lodos mineros” tal y como reconoce Gerardo Benito.

Evitar estos desastres es muy complicado debido a la magnitud del problema, por eso Gerardo Benito reconoce que “legislar sobre las características técnicas y ambientales de este tipo de instalaciones no es suficiente para evitar estos desastres. Se necesita que estas instalaciones estén diseñadas y mantenidas por profesionales cualificados, y consultores que ofrezcan un diagnóstico independiente a la dirección de la instalación”.

Al igual que afirmara Julio Barea, Responsable de contaminación de Greenpeace, Gerardo Benito asegura que “la clave se encuentra en realizar una inspección y diagnóstico continuado de las instalaciones. Tenemos que tener en cuenta de que este tipo de balsas se encuentra en constante cambio, ya que a medida que avanza la explotación minera aumentan su tamaño, volumen o se duplican”. Y resalta que “en definitiva, las balsas de decantación minera son instalaciones vivas donde el diseño técnico se modifica constantemente, y por tanto, se requiere un monitoreo constante de parámetros como nivel de agua embalsada, nivel piezométrico, resistencia geotécnica, o condiciones de drenaje y desagüe en caso de lluvias intensas”. Por eso, Benito reconoce que este tipo de características técnicas no pueden especificarse en las regulaciones, y únicamente una observación e inspección cualificada de las balsas permite evaluar la seguridad de este tipo de instalaciones.

La verdadera magnitud del desastre producido en Hungría todavía no es cuantificable, y es un capítulo abierto en la historia de los desastres naturales, aunque todo indica que esta catástrofe no será la última.

Fuente fotos: Greenpeace (Julio Barea)y IGME

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