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Vuelve el fantasma de las mareas negras

La explosión de una torre de perforación en el Golfo de México ha devuelto el drama de los vertidos de petróleo al primer plano de la actualidad

Por Francisco Javier Molina García
redaccion@ambientum.com

La explosión de una torre de perforación en el Golfo de México ha devuelto el drama de los vertidos de petróleo al primer plano de la actualidad. Este tipo de incidentes suponen auténticas desgracias tanto para las poblaciones afectadas, como para el medio ambiente. Y, aunque se hace lo posible por minimizar los daños, es difícil conseguirlo.

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El accidente en el Golfo de México

El pasado 20 de abril tuvo lugar uno de esos acontecimientos que hacen que la naturaleza se eche a temblar: un accidente relacionado con el petróleo. En el pozo MCB 252, situado en el Golfo de México, hacia las 22:00 horas una torre de perforación hacía explosión por causas desconocidas. A continuación el petróleo comenzaba a fluir al océano. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EEUU (NOAA) trabajaba con una estimación de 5.000 barriles diarios vertidos al océano, cantidad considerada optimista por algunos expertos como Ian McDonald de la Universidad de Florida, que la cifró en 25.000 barriles diarios. Otros expertos consideran que el escape diario oscila entre los 20.000 y los 100.000 barriles, y BP (compañía responsable del vertido) ha llegado a expresar en el Congreso de los Estados Unidos que en el peor de los casos se alcanzarían los 60.000 barriles diarios.

En las costas producen daños al impregnar las rocas, los ecosistemas y las zonas arenosas

Esta es la historia de un nuevo accidente relacionado con la extracción y traslado del “oro negro”. En esta ocasión la causa ha sido un incidente previo a la extracción, pero la baraja de posibilidades es amplia: el problema puede suceder durante el transporte del crudo en buque, durante su traslado entre éste y la plataforma o el buque y la tierra, o pueden ser pequeñas fugas en los oleoductos o en las plataformas las que derramen el combustible al medio marino.

Qué hacer tras un vertido

Cuando tiene lugar un accidente de este tipo en alta mar, surge un problema doble: si se debe a un escape, hay que detenerlo, y por otro lado está la mancha en sí y los daños que su presencia causa tanto en el agua como por su potencial desplazamiento hacia las costas. En el caso del golfo de México, para solventar el primer problema se pretendía instalar una gran campana de acero y cemento que contuviera las fugas, mientras se realizaba otra perforación en el pozo que atajara definitivamente el vertido, pero el intento resultó fallido por problemas de congelación. El 16 de mayo se consiguió empezar a recoger el escape de crudo al lograr conectar el tubo del que emanaba a una tubería que lo lleva a un barco situado en la superficie; pero mientras continúa sin hacerse efectivo el sellado definitivo de la fuga. El próximo intento para conseguirlo consistirá en verter lodos pesados y cementos, técnica denominada top kill, aunque no se tiene demasiada confianza en este nuevo envite.

En lo referente a la segunda cuestión, la mancha, se trata de un asunto muy complejo, por sus efectos sobre el océano y sobre las costas, en caso de llegue a alcanzarlas dirigida por las corrientes y los vientos. Por ello, se llevan a cabo medidas como:

  • Inyección de dispersantes: su objetivo es romper el crudo en pequeños fragmentos para diluir sus efectos dañinos y facilitar la labor de las bacterias que digieren los hidrocarburos. Pero en muchas ocasiones los grupos ecologistas critican estas sustancias por potenciales daños medioambientales: las bacterias que degradan el crudo necesitan oxígeno, que deben capturar del agua, para su labor, reduciéndose así un elemento clave para la vida y la riqueza del medio marino.
  • Contención y recogida del combustible: se rodea la mancha y mediante procesos físicos se separa el petróleo del agua y se procede a almacenarlo.
  • Incendios controlados para eliminar el crudo del agua. El problema es la gran cantidad de humo espeso que se genera.
  • Barreras de contención para intentar controlar su expansión hacia las costas.
  • Limpieza de las costas: en la medida de lo posible, recoger el petróleo con cuidado de no mezclarlo con la arena.
  • Limpieza de los animales: curiosamente, es habitual el uso de lavavajillas domésticos como el Fairy para realizar esta tarea, por su capacidad para optimizar la limpieza de grasa siendo a la vez suave.
Consecuencias

Las repercusiones socioeconómicas de este tipo de catástrofes suelen ser de gran magnitud, debido a las restricciones de utilización de los recursos afectados: la pesca, la caza, o el uso recreativo de las playas. En las costas producen daños al impregnar las rocas, los ecosistemas y las zonas arenosas, de manera que resulta difícil su eliminación total.

En el medio marino, una mancha de crudo limita la entrada de luz al agua, impide la respiración a los animales que necesitan salir a la superficie, y los contaminantes tienden a ser absorbidos por las especies (bioacumulación).

En el caso del golfo de México, algunas fuentes cifran en 400 las especies en peligro por la marea negra, el Departamento de Fauna y Pesca de Louisiana (LDWF) las sitúa en 600. Entre ellas se encuentran la tortuga marina, el pelícano marrón o el atún rojo. Asimismo, la gran actividad pesquera de la zona es una de las grandes perjudicadas. Además de constituir una de las mayores reservas de marisco del globo, contiene mejillones, ostras y muchos tipos de peces. Hay que añadir que el vertido ha alcanzado ya el delta del río Mississippi (en el Estado de Louisiana), una zona muy frágil porque no hay una línea de costa que limpiar, las aguas son muy intrincadas.

La mejor forma de evitarlos sería reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles

Algunos analistas consideran que la industria pesquera de Louisiana podría afrontar pérdidas por valor de 2.500 millones de dólares, mientras que Florida podría perder 3.000 millones de dólares del sector turístico.

Una larga lista de accidentes

El suceso del golfo de México se une a la lista de desastres, donde figuran el accidente del buque Exxon Valdez en Alaska en 1989 (42.000 toneladas de crudo vertidas), el del Prestige en Galicia en 2002 (77.000 toneladas), o el del buque Torrey Canyon en Inglaterra en 1967 (120.000 toneladas; la primera marea negra registrada). Desgraciadamente, no se puede descartar que se repitan, dado que nuestra ingente necesidad de petróleo hace que se tenga que buscar en aguas cada vez más profundas y lugares más inaccesibles, que conllevan un mayor riesgo de accidentes. La mejor forma de evitarlos sería reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles; hasta entonces tendremos que cruzar los dedos para que estas catástrofes no se reproduzcan de nuevo.

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