El último estudio realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el pasado mes de marzo refleja, entre otras cosas, que los españoles no consideramos que los problemas medioambientales tengan gran relevancia en nuestra vida diaria, situándolos entre los 10 que menos nos preocupan en la actualidad. Sin embargo, esta categoría podría escalar posiciones si los ciudadanos conociéramos realmente la gravedad del problema.
Por Ángela Bellota
redaccion@ambientum.com

Foto: ©stock.xchng.com
La atmósfera es la capa de gases que envuelve la Tierra y evita que el aire salga de ésta creando así un inmenso océano de aire. Distribuye o concentra las sustancias contaminantes según factores como el viento, la lluvia, las inversiones térmicas o la turbulencia.
Esta enorme capa de gases es indispensable para la vida debido fundamentalmente a la función protectora de la radiación solar. Además, si no existiera la atmósfera la temperatura del planeta sería de 22ºC bajo cero. Aproximadamente ¾ partes de éste es nitrógeno y ¼ parte es oxígeno, y estos dos gases son totalmente necesarios para mantener la vida en el planeta. También tiene en su composición otro tipo de gases como el argón, y el dióxido de carbono, CO2, que están presentes en cantidades pequeñas.
El oxígeno (O2) es el componente responsable de los procesos de oxidación y es el que hace que las combustiones sean posibles. También la respiración de los seres vivos, animales y plantas, es una forma de oxidación y es posible gracias a la contribución de este elemento.
Si no existiera la atmósfera la temperatura del planeta sería de 22ºC bajo cero
El dióxido de carbono (CO2) está presente en la atmósfera en una proporción muy pequeña, alrededor de un 0,03%; pero tiene un papel muy importante en el balance de radiación del sistema sol-tierra-atmósfera porque colabora al calentamiento de la tierra en el proceso "efecto invernadero". Contribuye de una manera decisiva al mantenimiento de la vida al formar parte del proceso de la fotosíntesis.
Otros componentes son el monóxido de carbono (CO), producto de combustiones incompletas, el metano, gran parte del cual es de origen biológico, el amoniaco, el ozono y el dióxido de nitrógeno. Además de estos componentes hay que considerar la presencia de elementos originados por la actividad humana o de los seres vivos, partículas, polen, bacterias, polvo, humos, gases diversos, sales y algunas más en proporciones mucho más pequeñas.
También hay en la atmósfera una pequeña proporción de vapor de agua y una serie de partículas en suspensión: partículas inorgánicas, pequeños organismos o restos de ellos, cloruro sódico (NaCl) proveniente del mar, etc.
Mucho antes de que el ser humano pisara la Tierra, el planeta ya contaba con una serie de factores que ponían en peligro su propia existencia, entre los cuales las erupciones volcánicas, los terremotos y los incendios forestales ocupaban un lugar destacado debido a su capacidad para generar ciertas sustancias que alteran la composición innata del aire, perjudicando a su vez a todos los animales y a sus ecosistemas.
El medio ambiente también se deteriora, provocando notables daños en la vegetación y en el reino animal
La aparición del hombre incrementó esta agresión, alimentándola con las consecuencias medioambientales que lleva consigo el desarrollo tecnológico e industrial, y sumando a los efectos negativos de las primitivas fuentes naturales los producidos por los modernos automóviles o los sistemas de calefacción. Todo ello ha dado lugar desde la Primera Revolución Industrial a un fenómeno altamente nocivo para nuestro entorno: la contaminación atmosférica; contaminación causada por la inclusión en la envoltura gaseosa que rodea la Tierra -la atmósfera, en cualquiera de sus capas: troposfera, estratosfera, mesosfera o termosfera- de sustancias o formas de energía perjudiciales para nuestro medio ambiente.

Foto: www.carm.es
Las consecuencias derivadas de la ocupación del aire por partículas de azufre, nitrógeno, carbono, halógenos u otras sustancias son una tremenda amenaza para la salud del hombre y de la naturaleza en general.
Millones de personas sienten cada día como su salud se deteriora, respirando gases corrosivos que pueden conllevar a molestias respiratorias e, incluso, aumentar la probabilidad de padecer cáncer, provocar olores desagradables y afectar a los cultivos que más tarde se convertirán en nuestros alimentos. Los habitantes que más sufren los efectos de la mala calidad del aire son aquéllos que se encuentran en las grandes ciudades, pues el tráfico, la industria y la calefacción son mucho mayores en estos núcleos urbanos que en los pueblos pequeños.
Pero no somos los humanos los únicos que nos vemos afectados por los efectos de la contaminación, sino que el medio ambiente también se deteriora, provocando notables daños en la vegetación y en el reino animal.
El clima de la zona puede verse modificado como consecuencia del llamado efecto invernadero, al que contribuyen las emisiones de estos gases, que pueden además ser el motivo del descenso de ozono en la atmósfera, un filtro absolutamente necesario para que altos niveles de rayos ultravioleta no consigan alcanzar la superficie de la Tierra.
Otro de los fenómenos más temidos derivados de la contaminación atmosférica es la lluvia ácida, que se traduce en un descenso de partículas de agua impregnadas de óxidos contaminantes y que, en forma de precipitación se funde con nuestros suelos y aguas, introduciendo en ellos una serie de modificaciones químicas que posteriormente tendrán sus repercusiones sobre los ecosistemas.
Los contaminantes considerados para el índice de calidad del aire son: SO2,NO2,CO, O3 y PM10. (Los números, menos el 10, van en subíndice)
El grado de contaminación atmosférica se mide a través del índice de calidad del aire, que es competencia de cada Comunidad Autónoma dentro de su territorio correspondiente, debiendo éstas informar periódicamente sobre este índice.
El índice de calidad del aire es un valor adimensional, calculado a partir de información procedente de las directivas vigentes relacionadas con los distintos contaminantes atmosféricos. La base del índice la constituyen las Directivas Europeas mas recientes. Se han considerado los contaminantes para los cuales, por su importancia y efectos, se han establecido niveles de concentración que hay que respetar, y se han utilizado los niveles establecidos a la hora de determinar los distintos grados de contaminación. Los contaminantes que definen este índice son el dióxido de azufre (SO2), el dióxido de nitrógeno (NO2), el monóxido de carbono (CO), el ozono (O3) y partículas de polvo en suspensión (PM10).

Foto: www.navarra.es
Una de las zonas con mayor nivel de contaminación el pasado año fue la Comunidad de Madrid, con unos valores muy por encima de los legales. Hay que recordar que en 2009 no debía superarse, por ejemplo, el valor límite anual de 42 μg/m3 de dióxido de nitrógeno; sin embargo, según un informe realizado por el Departamento de Calidad del Aire del Ayuntamiento de Madrid, la capital llegó a alcanzar los 54 μg/m3.
En el otro extremo se encuentran regiones como Extremadura o Cantabria, con unos valores de calidad ambiental excelentes que no sobrepasaron ni una vez los límites establecidos, tal y como afirman informes realizados por la asociación Ecologistas en Acción.
En 2010 la cantidad de dióxido de nitrógeno permitida para proteger la salud humana se ha reducido a 40 μg/m3, lo que supone un reto para las grandes comunidades como Madrid si quieren situarse entre las que mejor respetan los límites de contaminación establecidos, una meta que la ciudad puede conseguir si las instituciones, las empresas y todos los ciudadanos colaboramos reduciendo las emisiones de gases contaminantes.
Aunque muchas de las causas que en los últimos tiempos se achacan a la contaminación atmosférica
son de origen antropogénico, también ésta puede deberse a causas naturales.
Un ejemplo
lo encontramos estos días en la erupción del volcán Eyjafjalla, en Islandia,
que ha provocado
una gran nube de cenizas afectando a toda Europa.
>>Entérate de la última hora del volcán Eyjafjalla en Ecotimes<<