
Las minas de Saelices el Chico, en Salamanca. /
Salamanca24horas.com
Por Cecilio Santiago,
colaborador de Ambientum.com
redaccion@ambientum.com
Desde mi más absoluta ignorancia como posicionamiento preliminar, asisto a la reapertura del debate nuclear –sin saber bien dónde se está llevando a cabo. Parece que algunas de las motivaciones están en la búsqueda de mayor independencia energética o la producción de mayor cantidad (¿o es que no hay ninguna relación entre el desarrollo del coche eléctrico y la necesidad de producir más electricidad?), etc… aunque no es esto lo que me ocupa, exactamente.
“El modelo energético nuclear me resulta poco apeteciblemente similar al petrolero. Yo me pregunto sobre qué es necesario que ocurra para obtener el coltán”
Mi pregunta va dirigida hacia el modelo energético nuclear, que me resulta poco apeteciblemente similar al petrolero. La cuestión es sencilla y, puede que debido a la ignorancia que advertía, apunta a la desaparecida cuestión de la extracción del uranio. Nos repiten hasta la saciedad que las centrales son altamente seguras (¿Ascó?), que un desastre como el de Chernóbil (o similares) es irrepetible, etc. Pero no estoy preguntando si tiene o no tiene efectos secundarios un repetidor de señal en el tejado de mi casa: yo pregunto sobre qué es necesario que ocurra para obtener el coltán.
Pues con la nuclear me ocurre igual.
“Para obtener un kilo de uranio habría que “remover” unas 33 toneladas de rocas (elevándose el número aún más si el cálculo se refiere solamente al isótopo útil, el 235): la producción de escombros y alteración física del ecosistema se me antoja bastante más que sensible”
¿Qué ocurre con la extracción del uranio? ¿No forma parte del modelo nuclear, al margen de las centrales? El ejemplo que, a bote pronto (y como ejemplo más simple), me viene a la cabeza es el vertido al río Águeda por la rotura de un dique en la mina de Saelices (Salamanca) en 2007.
Otro es que, así por encima, para obtener un kilo de uranio habría que “remover” unas treinta y tres toneladas de rocas (elevándose el número aún más si el cálculo se refiere solamente al isótopo útil, el 235): por lo que la producción de escombros y alteración física del ecosistema se me antoja bastante más que sensible. En Kazajstán la dispersión de polvo en el repositorio de colas de minerales de uranio de Aktau continúa siendo un problema grave.
“Una investigación de la ONG francesa CRIRAD revela que el agua, la tierra y los trozos de ferralla que se encuentran en la zona de explotación de las dos minas de Níger presentan tasas de radioactividad peligrosamente elevadas”
Obviando, porque me parece una perogrullada, que estaríamos repitiendo la inversión y dependencia en un modelo energético perecedero –el uranio también se agota-, y todas las supuestas bondades de las centrales nucleares, me gustaría centrar por un momento el debate nuclear en este eslabón de la cadena productiva. Sin entrar tampoco en detalles geopolíticos, por no ser éste un espacio para estas cuestiones.

Niño nigeriano
Otra cuestión: el agua. Ignoro qué cantidad de agua es necesaria para llevar a cabo la extracción del combustible, pero sí que es mucha, muchísima. En Níger, por ejemplo, que es actualmente el tercer productor mundial, menos del 45% de la población tiene acceso al agua potable y menos del 10% al saneamiento ambiental adecuado. Según CRIRAD, ONG francesa, el agua, la tierra y los trozos de ferralla que se encuentran en la zona de explotación de las dos minas de Níger presentan tasas de radioactividad peligrosamente elevadas.
Río McArthur, mina de alta ley que la empresa Cameco posee en Canadá, tuvo que ser cerrada provisionalmente después de que sufriese una inundación. Posteriormente se reveló que mineros de Río McCarthur habían sido expuestos a niveles de radón superiores a los permitidos durante la inundación de la mina; para la lixiviación in situ es necesario ácido sulfúrico para separar el uranio de la roca pudiendo llegar a influir en el PH del agua.
El estado de Wyoming, EEUU, relajó las normas de aguas subterráneas en las minas de uranio por lixiviación in situ: los requisitos de restablecer las aguas subterráneas al estado previo a la extracción del uranio, aligerando así la carga que implica la costosa restitución de dichas aguas…
En fin, por decirlo con Virilio: “Cada nueva tecnología trae sus propios nuevos accidentes”, y tal vez tendríamos que aspirar a minimizar las consecuencias del impacto tecnológico y de sus “accidentes” implícitos. Y, desde luego, el modelo nuclear no ha demostrado en ningún momento haber superado esta cuestión.