Pero las microalgas tienen más ventajas, la más interesante en la vertiente que nos ocupa tiene que ver con el CO2 (anhídrido carbónico), gas del que sabemos es uno de los responsables del efecto invernadero. Pues bien, las microalgas, además de ser capaces de producir biodiesel, son secuestradoras naturales y por partida doble de CO2 . Doble porque no sólo lo necesitan para crecer, sino que se ha visto que este crecimiento se puede estimular añadiéndoles más CO2.
La investigadora Rosa Trobajo, del IRTA, es la responsable del proyecto que se desarrolla en Sant Carles de la Ràpita (Tarragona) y que se ha iniciado con el aislamiento de las cepas más interesantes del medio marino. Una vez aisladas, se han estudiado las condiciones más favorables para su máximo desarrollo, primero a escala de laboratorio y después en grandes volúmenes. Hecha esta fase inicial, se ha entrado en el proceso de recogida, secado y extracción de los lípidos que contienen (triglicéridos) para ser utilizados para la producción del biodiesel.
Esta investigación del IRTA abre, sin duda, la posibilidad de obtención de combustibles más respetuosos con el medio, que no compiten con los cultivos dedicados a la alimentación, que además colaboran doblemente contra el cambio climático y que se producen utilizando recursos propios y, por lo tanto, reduciendo nuestra dependencia exterior hacia los combustibles fósiles (ahorrando divisas).
Por otro lado, abre nuevas aplicaciones en el campo de la Acuicultura y puede generar el interés de empresas generadoras de CO2 que puedan resolver su problema de emisiones mediante una inversión rentable.
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