Para las personas que han hecho una mínima reflexión sobre estos temas, pero
que perciben como sumamente incómoda o no asumibles las propuestas relacionadas
con implementar cierto grado de austeridad en sus vidas, estos argumentos escépticos
respecto al “Cambio Climático”, citados anteriormente, resultan verdaderamente consoladores, ya que restauran automáticamente la legitimidad que tiene el consumidor
para despacharse a placer e incluso, compulsivamente, en cualquier centro comercial.
Las empresas, como responsables de las campañas mediáticas y del suministro
de los bienes de consumo, saben que lo tienen todo a su favor. Cuentan con un sistema
que solo considera al individuo interesante, en tanto en cuanto, tiene capacidad de
consumo o endeudamiento. También saben que una vez hechos trizas los valores y el
tejido social en el que se integraba y se arropaba el individuo hasta no hace mucho,
tienen a su disposición una masa ingente de individualistas empedernidos que rellenan
el hueco inmenso que ha dejado abierto la ausencia de vida en comunidad, con todos
aquellos artículos que encuentran en cualquier estantería que les recuerdan a esos
slogans que tanto les levanta el ánimo: “Porque tu te lo mereces todo”
Es totalmente cierto que el Eco-Idealismo, ante el boom mediático que provoca
cualquier noticia relacionada con el “Cambio Climático”, utiliza este escenario
sensibilizado para alzar la voz e intentar influir en las conciencias de los ciudadanos
sobre la necesidad de cambiar los hábitos económicos y de vida. Razones no les faltan.
Según La Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN) en el informe
anual de 2007, uno de cada cuatro mamíferos, un tercio de los anfibios, una de cada
ocho aves y el 70% de las plantas están en situación de riesgo de desaparición,
habiéndose documentado ya la extinción total de 785 animales o vegetales. Por no
hablar de la contaminación del aire, aguas y de las talas indiscriminadas de bosque. La
lista sería interminable.
Por si fuera poco, apelando a nuestro egoísmo y capacidad de olvido, algunos
actores económicos oportunistas proponen que la solución a esta problemática, no pasa
por reducir consumos, sino por apostar por energías como la nuclear. ¿Hubiera sido
posible plantear estas cuestiones unos días después del fatídico accidente de Chernobil?
(nota 11)¿Podemos considerar aceptable, responsabilizar a las generaciones venideras de la
gestión de nuestros residuos radiactivos? (nota 12).
La lógica del capital, que ha confundido desde el principio “Progreso” con
“Progreso Económico” ve en el fenómeno “Cambio Climático” una amenaza real,
porque conoce perfectamente la potencia del miedo y la capacidad que tiene este para
provocar cambios en cualquier sentido. Hasta ahora, el marketing del miedo, siempre
había jugado a su favor, pero en este caso el contexto es diferente. Todas las medidas
encaminadas a combatir el cambio climático son regresivas desde el punto de vista del
consumo y por lo tanto, impactan en la rentabilidad económica y la lógica capitalista.
A la humanidad se le presenta una oportunidad única. Necesita utilizar esta crisis
para lanzar una revolución silenciosa y pacífica que nos permita salir de esta situación
que no nos conviene, que nos vuelva a ubicar dentro de la naturaleza y que doblegue un
sistema que no nos hace felices en nuestra opulencia (nota 13) y ansiedad de consumo nunca
saciada y que es, además, sumamente injusta respecto a otros pueblos y las generaciones venideras. Debemos comprender que la legitimidad en el consumo de recursos, que son
comunes y patrimonio de todos, no puede solamente manar de la capacidad económica.
Quizás debamos asimilar que la salud del planeta es condición de posibilidad de la
biodiversidad, de la vida saludable e incluso, de la economía. Pero no de cualquier
economía, sino de una economía sustentada en criterios de necesidad, y no de
maximización del beneficio.
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