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Revista mayo 2008
 Aznalcóllar, X aniversario de una catástrofe anunciada
Edición mayo 2008


La limpieza

Miguel Ferrer, el ex director de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), recuerda la toma de decisiones en los primeros momentos: “Lo primero que decidimos, desde el punto de vista práctico, fue la construcción de muros para evitar que el vertido llegara al río Guadalquivir y a Doñana. Desde el punto de vista científico, lo más urgente era tomar muestras de cómo estaba el lugar antes de que llegara el vertido”.
De forma paralela, se paralizó la actividad minera y se cerró la grieta, para evitar que se escaparan los otros 20 millones de metros cúbicos de lodos que aún había en la balsa. Dos días después del accidente, la riada estaba controlada y la zona de influencia del vertido acotada. Se había evitado la entrada en el Parque Nacional de Doñana y el Estuario del Guadalquivir. “Con la construcción del último muro respiramos aliviados, no sabíamos si íbamos a poder pararlo”, detalla Ferrer.

“Lo que más me impresionó era ver venir el agua y a los peces saltar fuera, porque el agua ácida tenía un pH de 2,5 y los peces preferían morir asfixiados que abrasados”, describe el ex director de la Estación.

La antigua corta (mina a cielo abierto) de Aznalcóllar sirvió de depósito para los lodos recogidos. Los expertos también aconsejaron el procedimiento idóneo para la limpieza: retirada manual de los residuos y uso de maquinaria adaptada al terreno, para evitar la pérdida de los semilleros y la capa fértil del terreno. A petición también de la comunidad científica, se mantuvieron los lodos en algunas zonas para que estas parcelas sirvieran de testigos donde investigar los efectos de la contaminación original.
La Junta de Andalucía prohibió asimismo toda actividad agrícola, pesquera y ganadera en la zona, y las cosechas de los terrenos cultivados fueron retiradas, para garantizar la salud pública.

Una estrategia de comunicación basada en la transparencia y la objetividad fue clave para acabar con la alarma social generada en un primer momento. “Recuerdo que la gente nos paraba por la calle para agradecernos que se estuviera contando la verdad”, declara el ex director de la Estación Biológica de Doñana (CSIC).

Las cifras de la catástrofe

El comité científico advirtió de que los dos millones de metros cúbicos de lodos y los cuatro millones de metros cúbicos de aguas ácidas tenían que ser retirados antes de las lluvias del otoño, que multiplicarían los efectos de la contaminación. Con la suerte de cara, se acometieron las tareas de recogida durante 208 días en los que no llovió en ningún momento, a pesar de que el año anterior había resultado bastante lluvioso (hecho que favoreció la rotura de la balsa por exceso de presión).

Lodo del vertido
Foto: CSIC

El 64% de la superficie afectada correspondía a espacios protegidos del actual Espacio Natural de Doñana. En los primeros días tras el vertido, se llegaron a recoger en los cauces más de 37 toneladas de peces, 170 kilogramos de cangrejo rojo y 40 ejemplares de rana común. La cantidad de peces muertos recogidos sería equiparable al total de bailas contabilizadas en la Lonja del Puerto Pesquero de Huelva en 2003. La superficie contaminada fue equivalente a 6.482 campos de fútbol y el volumen del vertido equiparable a 630,76 veces el de la Giralda.

Aunque mucha de la fauna que se encontraba en el terreno aluvial pudo desplazarse, fue necesario recoger 890 huevos y 14 pollos de aves que en ese momento se encontraban en fase de reproducción o incubación.

La magnitud del accidente supuso un despliegue sin precedentes ante un desastre ambiental. La limpieza y restauración del Guadiamar le costaron a la Junta de Andalucía y al Ministerio de Medio Ambiente 165.396.261 euros. Los investigadores realizaron 15.110 análisis, con 3.128 puntos de muestreo.

Un total de 868 operarios recogieron siete millones metros cúbicos de lodos y tierras contaminadas, ayudados por 500 camiones de limpieza que recorrieron casi 17 millones de kilómetros (lo que equivaldría a que hubieran dado 424,16 veces la vuelta a la Tierra, sobre la línea del Ecuador).

El vertido contenía la mitad de los metales pesados conocidos, así como un tercio de los elementos químicos, como uranio, arsénico, cobre, plomo, cadmio, zinc y talio. Estos elementos con gran movilidad podían introducirse en los acuíferos y en la cadena alimentaria, y estaban compuestos por partículas pequeñas susceptibles de ser inhaladas. Según los expertos, esto confería al vertido una peligrosidad potencial elevada.

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CSIC

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