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Durante la pasada semana del 3 al 14 de diciembre de
2007 ha tenido lugar la decimotercera Conferencia de
Cambio Climático de Naciones Unidas en Bali, Indonesia.
A ella han asistido representantes de 187 países en un
evento de vital trascendencia para garantizar la
continuidad de la lucha coordinada contra el cambio
climático, cuya evidencia científica ha sido ratificada hace
unas semanas con la presentación enValencia del informe
de síntesis del Cuarto Informe de Evaluación del Panel
Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).
Los principales acuerdos adoptados de las negociaciones
de la Cumbre de Bali han sido los siguientes:
La hoja de ruta
Bali ha finalizado con el establecimiento
de un plan de trabajo para, entre otros, definir
compromisos cuantitativos de reducción de emisiones
de gases de efecto invernadero más allá del año 2012, en
el que finaliza el primer periodo de compromiso del
Protocolo de Kioto. Los compromisos, que serán el
resultado de una negociación que no se extenderá más
allá del año 2009, deberán ser medibles, reportables y
verificables (ver documento oficial).
El consenso internacional
La totalidad de los países
participantes de la Conferencia, incluyendo Estados
Unidos, han suscrito el documento final. En el mismo los
países más desarrollados deberán acometer reducciones
con base a sus capacidades y a los objetivos cuantitativos
a definir en el proceso de negociación. Los países menos
desarrollados también deberán acometer acciones de
reducción de emisiones, dentro del marco del desarrollo
sostenible y con apoyo externo en cuanto a transferencia
de tecnología, financiación y capacitación.
El esfuerzo de mitigación
El documento final acordado
establece la urgencia de afrontar el problema del cambio
climático pero no cita explícitamente que las emisiones
de los países desarrollados deban limitarse en el año
2020 a un incremento máximo de entre el 25% y el 40%
de las emisiones del año 1990, conforme a la postura
defendida por la Unión Europea. Con todo, dicho
documento final sí recoge a pie de página la referencia
del informe del IPCC en el cual se establecen los límites
máximos necesarios para limitar la concentración de
CO2 equivalente en la atmósfera a los niveles requeridos
para limitar su efecto sobre el clima.
Concretamente, el documento en el cual se plasma la
hoja de ruta de Bali (“Bali Action Plan”) hace referencia
a la contribución del Grupo de Trabajo III del IPCC al
Cuarto Informe de Evaluación, concretamente a las
páginas 39 y 90 del Resumen Técnico y a la 776 del
capítulo 13 (“Políticas, instrumentos y acuerdos
cooperativos”). En ellas se establecen diferentes
horquillas de reducción de emisiones y las
concentraciones de gases que derivarían teóricamente
de las mismas, plasmándose en la tabla inferior adjunta
según los escenarios a 2020 y 2050. Como puede
comprobarse, dichos escenarios reflejan la capacidad de
limitación de la concentración de gases de efecto
invernadero en la atmósfera según rangos cuantitativos
de reducción de emisiones en países Anexo I y
reducciones de las emisiones respecto de su línea de
base (o tendencia esperable) para países no Anexo I.
Con la referencia a pie de página anteriormente descrita
el acuerdo ha sido dotado en el último momento de
cierta flexibilidad en cuanto al futuro establecimiento de
límites cuantitativos. En cualquier caso, estas magnitudes
implican un esfuerzo reductor a nivel mundial de hasta 8
veces mayor al actualmente vigente en el Protocolo de
Kioto, que establece un 5,2% de reducción sobre la base
de 1990, en promedio en 2008-2012.
Es de señalar que, en la reunión deViena celebrada este
año, las 176 Partes del Protocolo de Kioto de Naciones
Unidas ya reconocieron oficialmente el intervalo 25%-
40% como el necesario para evitar las peores previsiones
marcadas por el IPCC.
Las cifras anteriores son suficientemente autoexplicativas en cuanto a los esfuerzos
necesarios. Por tanto, Bali significa un importante paso hacia delante en el consenso
internacional para la puesta en marcha de medidas de reducción de emisiones que
permitan invertir la tendencia actual y las previsiones de crecimiento.
En este contexto, la energía juega y jugará un papel esencial. Según las proyecciones
de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el escenario actual de evolución
derivaría en emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial de 42
Gigatoneladas de carbono en el año 2030 (ver figura adjunta). Dicho nivel de
emisiones comportaría a su vez un aumento global medio de la temperatura de 6ºC,
triplicando el máximo razonable establecido por el IPCC.
Para poder acanzar un nivel de emisiones que permita limitar la concentración de
gases de efecto invernadero en la atmósfera en 450 partes por millón sería necesario
reducir las emisiones hasta un máximo anual de 23 Gigatoneladas de carbono.
Las opciones tecnológicas en el ámbito de la energía se reflejan en la figura adjunta,
en las cuales cabe destacarse el importante papel de la eficiencia energética, las
energías renovables y la captura y secuestro de carbono.
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