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Revista enero
 El clima tras la conferencia de Bali
Edición enero 2008


Durante la pasada semana del 3 al 14 de diciembre de 2007 ha tenido lugar la decimotercera Conferencia de Cambio Climático de Naciones Unidas en Bali, Indonesia. A ella han asistido representantes de 187 países en un evento de vital trascendencia para garantizar la continuidad de la lucha coordinada contra el cambio
climático, cuya evidencia científica ha sido ratificada hace unas semanas con la presentación enValencia del informe de síntesis del Cuarto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).


Los principales acuerdos adoptados de las negociaciones de la Cumbre de Bali han sido los siguientes:

La hoja de ruta

Bali ha finalizado con el establecimiento de un plan de trabajo para, entre otros, definir
compromisos cuantitativos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero más allá del año 2012, en el que finaliza el primer periodo de compromiso del Protocolo de Kioto. Los compromisos, que serán el resultado de una negociación que no se extenderá más allá del año 2009, deberán ser medibles, reportables y verificables (ver documento oficial).

El consenso internacional

La totalidad de los países participantes de la Conferencia, incluyendo Estados Unidos, han suscrito el documento final. En el mismo los países más desarrollados deberán acometer reducciones con base a sus capacidades y a los objetivos cuantitativos
a definir en el proceso de negociación. Los países menos desarrollados también deberán acometer acciones de reducción de emisiones, dentro del marco del desarrollo sostenible y con apoyo externo en cuanto a transferencia de tecnología, financiación y capacitación.

El esfuerzo de mitigación

El documento final acordado establece la urgencia de afrontar el problema del cambio
climático pero no cita explícitamente que las emisiones de los países desarrollados deban limitarse en el año 2020 a un incremento máximo de entre el 25% y el 40% de las emisiones del año 1990, conforme a la postura defendida por la Unión Europea. Con todo, dicho documento final sí recoge a pie de página la referencia del informe del IPCC en el cual se establecen los límites máximos necesarios para limitar la concentración de
CO2 equivalente en la atmósfera a los niveles requeridos para limitar su efecto sobre el clima.

Concretamente, el documento en el cual se plasma la hoja de ruta de Bali (“Bali Action Plan”) hace referencia a la contribución del Grupo de Trabajo III del IPCC al Cuarto Informe de Evaluación, concretamente a las páginas 39 y 90 del Resumen Técnico y a la 776 del capítulo 13 (“Políticas, instrumentos y acuerdos cooperativos”). En ellas se establecen diferentes horquillas de reducción de emisiones y las concentraciones de gases que derivarían teóricamente de las mismas, plasmándose en la tabla inferior adjunta según los escenarios a 2020 y 2050. Como puede comprobarse, dichos escenarios reflejan la capacidad de limitación de la concentración de gases de efecto
invernadero en la atmósfera según rangos cuantitativos de reducción de emisiones en países Anexo I y reducciones de las emisiones respecto de su línea de
base (o tendencia esperable) para países no Anexo I.

Con la referencia a pie de página anteriormente descrita el acuerdo ha sido dotado en el último momento de cierta flexibilidad en cuanto al futuro establecimiento de límites cuantitativos. En cualquier caso, estas magnitudes implican un esfuerzo reductor a nivel mundial de hasta 8 veces mayor al actualmente vigente en el Protocolo de Kioto, que establece un 5,2% de reducción sobre la base de 1990, en promedio en 2008-2012.

Es de señalar que, en la reunión deViena celebrada este año, las 176 Partes del Protocolo de Kioto de Naciones Unidas ya reconocieron oficialmente el intervalo 25%-
40% como el necesario para evitar las peores previsiones marcadas por el IPCC.

Las cifras anteriores son suficientemente autoexplicativas en cuanto a los esfuerzos
necesarios. Por tanto, Bali significa un importante paso hacia delante en el consenso
internacional para la puesta en marcha de medidas de reducción de emisiones que
permitan invertir la tendencia actual y las previsiones de crecimiento.

En este contexto, la energía juega y jugará un papel esencial. Según las proyecciones
de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el escenario actual de evolución
derivaría en emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial de 42
Gigatoneladas de carbono en el año 2030 (ver figura adjunta). Dicho nivel de emisiones comportaría a su vez un aumento global medio de la temperatura de 6ºC, triplicando el máximo razonable establecido por el IPCC.

Para poder acanzar un nivel de emisiones que permita limitar la concentración de
gases de efecto invernadero en la atmósfera en 450 partes por millón sería necesario
reducir las emisiones hasta un máximo anual de 23 Gigatoneladas de carbono.
Las opciones tecnológicas en el ámbito de la energía se reflejan en la figura adjunta,
en las cuales cabe destacarse el importante papel de la eficiencia energética, las
energías renovables y la captura y secuestro de carbono.


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