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España es un país especialmente vulnerable a los problemas relacionados con el agua. El consumo de agua es creciente y la escasez de precipitaciones no ayuda a aumentar el caudal de los embalses, provocando el llamado 'estrés hídrico'. Las predicciones del Ministerio de Medio Ambiente (MMA) sobre los efectos del cambio climático señalan que las cuencas hidrográficas españolas sufrirán más períodos de sequía, reduciéndose así, en un 25%, el caudal de las cuencas.
Según el Plan Nacional de Regadíos, 878.374 hectáreas de regadío siguen recibiendo riegos muy superiores a sus necesidades, mientras que las inversiones en los Presupuestos Generales en eficiencia y ahorro siguen siendo ínfimas si se comparan con las de embalses, encauzamientos, trasvases y desaladoras.
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| Sequía |
En este sentido, ante la escasez de agua en la cuenca mediterránea, la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, se ha decantado por la desalación. Un procedimiento que consiste en la transformación de aguas del mar en aguas dulces y que se destinarían, en primer lugar, a su uso urbano y turístico, según la Asociación Internacional de Desalación.
Esta iniciativa se erige como una alternativa a los trasvases que, por otra parte, postulaba el derogado Plan Hidrológico Nacional. De este modo, los defensores del uso de las plantas desaladoras aseguran que el consumo energético de las mismas sería inferior al coste la construcción de la infraestructura necesaria para el trasvase.
Sus detractores señalan que este procedimiento es contaminante ya que produce las llamadas 'salmueras', o residuos de agua salada, cuya eliminación se basa en el traslado o evacuación al mar, agrediendo, de este modo, la biodiversidad marina.
Gestores en el 'estrés hídrico'
"La responsabilidad de asegurar la disponibilidad de agua de calidad suficiente corresponde a las administraciones públicas, pero en la búsqueda de soluciones y modelos de gestión intervienen los técnicos, las empresas y las organizaciones sociales de todo orden: usuarios, educadores, profesionales, empresarios, consumidores y ecologistas", explica el presidente de la Expo Zaragoza 2008, Roque Gistau.
Y es que en España “no existe una cultura del agua”, advierte Gistau. Esto es debido al bajo precio con que se paga este bien, provocando así una pérdida de este recurso cuyo coste no cubre los gastos de extracción y tratamiento que se realiza para su consumo, según explican los expertos.
Concretamente, en España es la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS), compuesta por 120 compañías, la suministradora del agua para una población de 31 millones de habitantes distribuidos en 1.500 municipios.
Los miembros del AEAS inciden en que la demanda de agua en España es de las más bajas de Europa. Por esta razón, abogan por una subida del precio del agua y por recuperar la totalidad del coste de las inversiones, hecho que será obligatorio cuando entre en vigor en 2010 la directiva comunitaria sobre el agua.
Actores principales en la gestión de este 'estrés hídrico' son las empresas privadas adjudicatarias del suministro del agua. Ante esta privatización, Nino Trillo Figueroa, de Ecologistas en Acción, asegura que se está perdiendo "la calidad del agua de boca suministrada ya que existe un peor funcionamiento de las depuradoras de aguas residuales".
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