Los cultivos energéticos están, como su propio nombre indica, integrados por una serie de especies vegetales que pueden cultivarse en suelo agrícola y forestal y cuya cosecha, llamada “biomasa”, a diferencia de la de los cultivos agrícolas y forestales tradicionales, se dedica a la
producción de energía.
Existen algunos cultivos agrícolas, como es el caso de los oleaginosos (girasol, soja,
colza, palma etc), azucarados (caña de azúcar, remolacha etc) y amiláceos (cereales) cuyas
materias primas ya se están dedicando indistintamente a la producción de alimento o de energía.
También algunas especies forestales utilizadas tradicionalmente para la producción de madera
pueden ser empleadas como cultivos energéticos; tales son los casos del chopo, del sauce o del
eucalipto, entre otras. No obstante, cuando estas últimas especies se destinan a la producción de
energía se suelen emplear clones específicos que se cultivan en plantaciones mucho más densas
(hasta 20000-25000 árboles por hectárea) y en las que los turnos de rotación (cortas) se efectúan
en periodos mucho más cortos en el tiempo (normalmente 2-4 años) que los madereros.
Finalmente, muchas de las especies que se están desarrollando para aplicaciones
energéticas son distintas a las agrícolas y forestales tradicionales. Constituyen, junto con las
especies forestales ya mencionadas cultivadas en corta rotación, los denominados cultivos
energéticos no convencionales.
Características de los cultivos energéticos
Las especies o, en su caso, variedades, vegetales de interés para su empleo como cultivos
energéticos se suelen caracterizar por un alto grado de rusticidad, superior, por lo general, al de
las especies o variedades agrícolas tradicionales. Esto significa que los cultivos energéticos
soportan pocas plagas y presentan una alta eficiencia en la utilización del agua y de los
nutrientes, todo lo cual en la práctica suele traducirse en unas necesidades de fertilizantes,
pesticidas y de agua netamente inferiores a las de los cultivos tradicionales, con los consiguientes
efectos medioambientales positivos que ello conlleva. De hecho, con respecto al agua, gran parte
de los cultivos energéticos que se están estudiando para implementar en España están adaptados
básicamente a condiciones de secano.
Aplicaciones de los cultivos energéticos
Las biomasas obtenidas de cultivos energéticos tienen sus aplicaciones como combustible sólido en los sectores térmico, principalmente en el sector doméstico, y eléctrico; así como para la
producción de biodiesel y bioetanol, que son biocombustibles líquidos (biocarburantes) utilizados fundamentalmente en el sector del transporte. Para la producción de biocarburantes se
están empleando las materias primas agrícolas convencionales antes mencionadas. El biodiesel
se obtiene de los aceites vegetales extraídos de los cultivos oleaginosos, siendo la colza y el
girasol junto con posiblemente en un futuro su pariente cercana la carinata (Brassica carinata)
los cultivos con mayores posibilidades en España para esta aplicación.
Como materias primas para la producción de bioetanol las mas adecuadas con las tecnologías
actuales son las biomasas azucaradas, como la caña de azúcar o la remolacha, y amiláceas, principalmente los granos de cereales, como el maíz, cebada y trigo.
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| Planta de Pataca |
En España se están
empleando indistintamente trigo o cebada para la producción de bioetanol. La pataca (Helianthus
tuberosus) es un cultivo energético que podría ser de interés para esta aplicación en numerosas
zonas de España.
Para la producción de calor y electricidad los cultivos mas adecuados son los de tipo
lignocelulósico, que, como se ha mencionado, se emplean como combustible sólido en calderas y
otros equipos de combustión.
Algunos ejemplos de cultivos de este tipo mas estudiados en
España son el chopo, para especies leñosas y el sorgo forrajero, brassica (colza y carinata) o el
cardo (Cynara cardunculus,) para las herbáceas.
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