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¿La energía nuclear puede salvar el clima?
Edición mayo 2007

La humanidad no podrá evitar el cambio climático optando por la vía nuclear. Sencillamente, esta tecnología no puede desarrollarse a la escala requerida y en el plazo limitado que resta para salvar nuestro clima. Los fondos dedicados a esta forma de energía sólo irán en detrimento de opciones más eficaces y adecuadas a las economías nacionales y a las necesidades de la población.
Torres de refrigeración en central nuclear

Argumentos generales contra la energía nuclear

Se trata de argumentos mucho más convencionales: por ejemplo, peligros inherentes, riesgos asociados a la eliminación de residuos y al desmantelamiento de centrales, la proliferación nuclear y el terrorismo.

28- El riesgo de accidente nuclear sigue constituyendo un peligro permanente, ya se refiera al funcionamiento de los reactores, el manejo de residuos o al resto de operaciones del ciclo. Los accidentes de esta índole no son una fantasía y sus consecuencias pueden ser verdaderamente amplias en cuanto a escala, como ilustra la situación actual en Belarús y Ucrania unos veinte años después del incidente de Chernóbil. La misma amenaza se cierne igualmente sobre Europa occidental.

29- La cuestión de los residuos nucleares, que serán heredados por las generaciones futuras. Los residuos de larga duración y alta actividad (varios centenares de miles de años) plantean problemas científicos y éticos concretos que, hasta la fecha, siguen sin resolver. En muchos países, este problema por sí solo es suficiente para justificar el rechazo de la energía nuclear.

El cambio climático y la energía nuclear (2ª Parte)

30- El mito del reciclaje de residuos. «Reciclaje» es un término bastante inapropiado para aludir a la separación de productos contenidos en el combustible usado procedente de las centrales nucleares, puesto que el reproceso de este material genera óxidos combinados (MOx) de plutonio y uranio. Al final del proceso, hay más residuos incluso que al principio. En realidad, estos combustibles, que se presentan como «reciclados», no son reciclables. 

31- La cuestión del desmantelamiento y el final del ciclo vital de las instalaciones nucleares. Esta cuestión se encuentra al mismo tiempo vinculada al problema de los residuos nucleares (los derivados de las operaciones de desmantelamiento constituyen una cantidad considerable) y a las cuestiones que rodean a los costes financieros en que se incurre (este factor de coste se difiere hasta el final de la vida útil de la central y a continuación se extiende a lo largo de las décadas venideras. Por tanto, se corre un grave riesgo en ambos casos: el riesgo para la salud de la población y los trabajadores y el riesgo de no poder financiar la operación de desmontaje, que en Francia se somete fundamentalmente al control del Tribunal de Cuentas. En el Reino Unido, el coste de desmantelamiento excede actualmente de 100 000 millones de euros, y eso sólo para veinte instalaciones. Las empresas generadoras, con un mandato orientado hacia la rentabilidad, se sienten tentadas de posponer el cierre y desmontaje del reactor tanto como sea posible, un hecho que sólo eleva el riesgo asociado a las instalaciones de mayor antigüedad.

32- La proliferación nuclear. La amenaza de las bombas producidas con combustible nuclear constituye un elemento permanente en el debate sobre el uso de la energía nuclear en el hemisferio sur. En la última reunión ministerial del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), celebrada en Dubai en febrero de 2006, por ejemplo, la energía fue uno de los temas en el orden del día de los diversos ministros y delegados asistentes. La cuestión de la energía nuclear se sondeó en la mesa, pero el debate se vio interrumpido súbitamente tras un extravagante alegato de Irán a favor de la energía nuclear… civil, por supuesto. El temor a la proliferación es tanto más real ahora que la industria nuclear se ha consolidado en numerosos países con deficientes condiciones de infraestructura, en los que la aplicación de esta tecnología corresponde a las empresas privadas. Incluso Georges Charpak, físico y gran defensor de la energía nuclear, considera con temor la situación presente y ha realizado un llamamiento para que se apliquen controles internacionales sobre los residuos nucleares con el fin de impedir las apropiaciones…

33- Vulnerabilidad respecto al terrorismo y la guerra. Desde el 11 de septiembre de 2001, este factor constituye una amenaza obvia. El hecho de que los reactores nucleares sean vulnerables a los daños infligidos por un avión de pasajeros que caiga del cielo ha pasado a ser de común conocimiento, aunque en Francia, los informes sobre este tema se clasifican como alto secreto. De nuevo un factor más específico de nuestro país es que la central de La Haya y su enorme stock de material físil representa un objetivo de preferencia para los terroristas. De acuerdo con un estudio llevado a cabo por WISE-Paris en 2001, cada uno de los depósitos de desactivación en uso en COGEMA-La Haya contiene 67 veces más cesio que el liberado en el accidente de Chernóbil.

Centrales nucleares en Europa
Centrales nucleares en Europa

34- La Unión Europea se encuentra atascada en el lodo nuclear. El Tratado Euratom es contemporáneo de la creación del Mercado Común. El texto del Tratado sigue en vigor , a pesar de sus obvias deficiencias, como el solapamiento de misiones respecto a la promoción de la energía nuclear y a la investigación y la seguridad nucleares. Euratom ha permitido que la industria nuclear y los países que la apoyan doten a la energía nuclear de un olor de santidad. Lo que es más importante, los fondos de investigación de Euratom y los créditos otorgados con este fin no son competencia del Parlamento Europeo, que es una institución constituida en virtud de tratados posteriores. La representación democrática en Europa no puede expresar una opinión sobre la energía nuclear, un hecho que genera confrontación con el Parlamento Europeo, desde el primer bloqueo del presupuesto en 1993 y, más recientemente, con una votación en una comisión en la que se convino una reducción del 10 % de los fondos asignados a Euratom en el Séptimo Programa Marco. Esta situación resulta paradójica, ya que, al mismo tiempo, la Unión carece de competencia sobre los asuntos energéticos, por ejemplo, en lo que atañe a la ejecución de las políticas de ahorro de energía que resultarían viables y coherentes a escala europea. Las directivas de la UE y los intentos de adoptar políticas sobre energía, incluso del tipo más progresista, siempre se enfrentan a la misma maniobra de bloqueo. Por lo que se refiere al período 2003-2010, en la Directiva sobre energías renovables sólo se mencionan «objetivos nacionales indicativos» respecto al consumo total de electricidad renovable y se citan las medidas que deben adoptarse para alcanzar tales objetivos.

35- La energía nuclear equivale a un incremento de las subvenciones y un mayor agravio comparativo. Además de una financiación de la investigación altamente sesgada en Europa y en Francia, la energía nuclear se beneficia de numerosos subsidios y expedientes que afectan a una proporción significativa de los contratos en el sector, pero que en ocasiones se ocultan entre las abundantes partidas presupuestarias o se constituyen sobre la base de opacas transferencias de gastos para la cuenta nacional. Los mecanismos de promoción de la electrificación rural, por ejemplo, motivados inicialmente por el llamamiento a favor de una mayor equidad entre los ciudadanos, sirven ahora, sencillamente, para subvencionar la calefacción eléctrica en detrimento de los recursos renovables obtenidos en el ámbito local. Las subvenciones nucleares ejercen un efecto aún mayor sobre la competencia entre fuentes de energía. Por ejemplo, de acuerdo con Amory Lovins, el programa para la recuperación de la industria nuclear propuesto por George W. Bush, eleva la cuantía total de los subsidios ofrecidos al sector al importe equivalente de seis reactores nucleares de gran tamaño. El mismo autor señala asimismo que el nivel de subvención otorgado a la energía nuclear en los Estados Unidos es 24 veces superior al asignado a las fuentes renovables.

36- La energía nuclear está vinculada a un nacionalismo estrecho de miras. Algunos de los problemas relacionados con la industria nuclear (eliminación de residuos, seguridad, etc.) sólo pueden resolverse en el marco de un sistema supranacional de perfecto funcionamiento. Tal necesidad es plenamente contradictoria con la evolución presente y anterior de los programas nucleares, que se han asociado siempre a una determinada forma de nacionalismo y de relaciones entre los estados. La Historia ha puesto de relieve que no se puede dar por sentada la permanencia de las naciones, como ha quedado demostrado con toda claridad con el fin del imperio soviético. 

37- El mito del hidrógeno y la «ventanilla única nuclear». La idea es producir hidrógeno utilizando la energía obtenida de los reactores nucleares del futuro; este gas sustituirá entonces al petróleo como combustible de transporte y, de este modo, contribuirá a reducir el ritmo de avance del cambio climático. Sin embargo, en esta evolución se supone que hemos resuelto la mayoría de los problemas técnicos y económicos asociados . Por otra parte, el ritmo de cambio en el ámbito del transporte es demasiado lento para permitir el desarrollo de una sociedad del hidrógeno basada, como la actual, en la propiedad de un vehículo privado. Incluso en las circunstancias más favorables, el cambio a un combustible diferente ejercería un escaso impacto durante varios decenios. Tal escenario se basa asimismo en la noción de que el suministro de energía eléctrica será abundante y disponible de forma casi gratuita, gracias a los hipotéticos reactores de 4ª generación. En realidad, existen pocas esperanzas de establecer el equilibrio económico requerido para contar con un sector de la energía nuclear próspero en 2050, dado el resto de recursos de los que disponemos, renovables o no (hidrocarburos derivados del carbón, biocombustibles, gas y petróleo), incluso en el caso de que las condiciones financieras sean favorables.

Posiciones a favor y en contra de la energía nuclear

Por último, abordamos las cuestiones que atañen a las opiniones de los ciudadanos europeos, así como las posturas adoptadas por los grupos ecologistas respecto al asunto de la energía nuclear y por aquellos científicos que defienden esta industria. No constituyen argumentos irrefutables en sí mismos, pero pueden ayudar a las partes interesadas a formarse una opinión.

Rechazo público a las centrales nucleares

38- Rechazo público. Las encuestas de opinión realizadas a lo largo de los treinta últimos años en Europa han puesto de manifiesto de manera constante que existe una oposición general a la construcción de nuevos reactores y un alto nivel de desconfianza respecto a la industria nuclear. Por otro lado, se observa un apoyo abrumador a la energía solar, mientras que la energía nuclear sólo se acepta, en el mejor de los casos, como solución provisional. Por tanto, resulta difícil afirmar que la recuperación de la industria nuclear podría lograrse con el favor de la población, cuya gran mayoría (más del 80 %) desea que se le consulte cualquier proyecto nuclear futuro. 

39- Las ONG defensoras del medio ambiente se oponen unánimemente a la industria nuclear. Se trata de un sector que se limita a transmitir sus costes (de desmantelamiento y eliminación de residuos) a las generaciones futuras y atribuye a las autoridades públicas y otros organismos la responsabilidad vinculada a sus propios riesgos. Los organismos antes mencionados, junto con la mayoría de los países, no consideran que la energía nuclear sea una de las «tecnologías ecológicamente racionales» a cuyo desarrollo se insta en el Protocolo de Kyoto.

40- Los defensores de la energía nuclear son raros. En cualquier caso, no pasaremos por alto el último punto de nuestra lista, dirigido fundamentalmente a los que simpatizan con la causa medioambiental. En este apartado concreto se alude a la conducta peculiar de los más fervorosos defensores de la energía nuclear. Varios grupos marginales apoyan la recuperación a gran escala de la energía nuclear, basando sus argumentos en los copiados directamente de los ecologistas. Los nombres consignados en la relación de partidarios elaborada por tales grupos hablan por sí mismos, puesto que incluyen diversos profesores y científicos sobradamente conocidos por su postura favorable a los OMG y despectiva respecto a los riesgos que generan los productos químicos para nuestro medio ambiente.
Lo que resulta aún más raro es que, en la Conferencia de Partes en Montreal (COP11), la muy respetable European Nuclear Society y la American Nuclear Society invitaran a un ponente de lo más peculiar que habló en defensa de la energía nuclear… y repudió la ciencia del cambio climático.

 

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David Hammerstein Eurodiputado de Los Verdes


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